Veintiocho años atrás, en el estadio Atahualpa en Quito, Víctor Mendoza, arquero de Barcelona, sintió que se moría.

Recibió un pelotazo en la cabeza que lo dejó inconsciente. Lo llevaron al hospital y al día siguiente ya quería regresar a la cancha; los médicos le dijeron que no. A las pocas semanas volvió, pero en los entrenamientos, en el primer balón que intentó atajar, sintió un dolor agudo que le paralizó las piernas. Entonces ya no se pudo levantar y estuvo 18 meses en silla de ruedas.

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“Fue un rebote, jugábamos contra El Nacional. Yo intenté atajar un “disparo”, pero se me fue y le queda el balón a Kléver Chalá. Él remata y la pelota me pega en la cabeza y me aturdió, me fui, sentí como si por un rato hubiera muerto”, recuerda. Era 1998.

Víctor ‘Espartaco’ Mendoza sufre quebranto de salud y está hospitalizado en Portoviejo

De ese día Víctor tiene recuerdos vagos. Con los años su memoria se ha vuelto frágil. Es que a lo largo de su carrera tuvo muchas lesiones; era muy arriesgado, comenta. Lo daba todo por Barcelona.

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“En otra ocasión me fui al piso a bloquear un balón y ahí me pusieron los pupos en la columna. Fue en Chile, lo recuerdo muy bien. Un partido contra el Colo Colo. Lo bueno es que no fue gol y acá de regreso le metimos dos y pasamos a la siguiente fase”.

De las seis copas al olvido en una casa de 6 metros

Es una mañana calurosa en un barrio sin nombre de Rocafuerte, cantón de Manabí. Bajo el marco de la puerta de una casa beige, pequeña, de paredes corroídas; una casa como cualquier otra, está Víctor Espartaco Mendoza, descansando en una silla.

Respira lento, usa oxígeno. Tiene la piel entre un tono pálida y oscura, las piernas hinchadas, los brazos secos, una herida en el cuello para las diálisis y por momentos dificultades para hablar.

“Buenos días, pase, disculpe nomás el desorden, pero no esperaba visitas”, dice Víctor, el hombre que levantó seis veces la copa nacional con Barcelona, el mismo que hace 28 años sintió que se moría. “Hace mucho calor aquí, disculpe nomás el desorden”, añade.

Víctor atraviesa momentos difíciles. Pasa por varias enfermedades que le dificultan caminar, respirar y mantenerse en pie. Tiene problemas del corazón, los riñones y pulmones.

“Mi enfermedad empezó el año pasado en enero con retención de líquidos, lo raro es que no tengo azúcar (diabetes). Los riñones fallaron por la presión alta, de milagro no me ha dado un paro cardiaco”, comenta.

Estuvo ocho meses en un hospital de Portoviejo. Pasó días complicados, señala. En ocasiones sintió que se moría, pero asegura que saca fuerzas para seguir adelante. “Aquí estamos, hay Víctor para rato”, agrega.

‘Les hago saber a todos que van a tener ‘Espartaco’ para rato. Y ya me voy a poner de corto para ver si regreso a Barcelona a tapar’, el mensaje de Víctor Mendoza desde hospital de Portoviejo

La casa donde vive es pequeña, al menos 6 metros cuadrados. Al entrar se ve lo siguiente: una cama de plaza y media con ropa encima, un pequeño mesón en forma de L con vasos, pastillas, platos y vitaminas. Todo en un mismo espacio.

La vivienda donde habita Víctor Mendoza, ex arquero de Barcelona.

Víctor Mendoza vive allí desde hace unas semanas. Estuvo primero en la casa de un hermano en el centro de Rocafuerte, pero después prefirió irse a esa pequeña vivienda donde pasa el tiempo solo. Hasta allí todos los días le llevan la comida: café, almuerzo y merienda.

“Los médicos dicen que debo tomar poco líquido. A veces no tomo agua, pero sí jugo, una fruta, pero todo tiene agua, todo”, señala, luego estira un poco el brazo y cierra la llave del oxígeno. “Creo que se acabó”, indica.

Un presente de desafíos

Víctor Mendoza, de 68 años, tuvo días mejores antes de las enfermedades. Su carrera duró al menos 18 años. Debutó a principios de los años 80 y se convirtió en un referente del arco de Barcelona, donde logró 6 títulos nacionales (1985, 1987, 1989, 1991, 1995 y 1997). También jugó para Liga de Portoviejo.

Defendió los colores de la selección de Ecuador, participando en torneos como la Copa América 1989. Le decían Espartaco porque su valentía, cuenta, porque no tenía miedo en el arco. La gente le gritaba eso en los estadios.

“Yo me retiré en el 2000, de ahí fui a Estados Unidos, donde viví seis años. Allá me operé y quedé caminando. Allá tengo dos hijas. Ellas vinieron aquí hace poco, en esa parte no me han abandonado, los que no han venido son los otros. Porque en total tuve siete hijos. Y ahí estamos, ahí estamos luchando”, comenta con una voz pausada, lenta; ahorrando el aire en cada palabra.

“Todo se complicó el año pasado, como le dije. Me cayó esa peste, y después aparecieron las otras pestes. Fui por una cosa y salí con un montón de cosas”, agrega.

El partido más difícil: su lucha diaria con la diálisis

Un taxi se parquea frente a su casa. Carlos Alvarado, el conductor que lo lleva tres veces a la semana hasta Portoviejo para que le hagan diálisis, ha llegado a recogerlo. Saluda, se ubica en la entrada de la casa y escucha la conversación.

Víctor 'Espartaco' Mendoza: Que Víctor Jr. no se parezca a mí o pasará más tiempo en las clínicas

“Usted no se preocupe, tengo que hacerme diálisis, pero aún tenemos unos minutos más”, expresa Víctor.

“¿Por qué usa oxígeno?”, pregunto.

“Porque me hace falta. Los pulmones se enfermaron también, se me hace difícil respirar”, señala.

Hace unos días en el hospital le sacaron dos galones de líquido de los pulmones, dice Carlos, el taxista. “Está mal el hombre. No puede ser que una gloria del fútbol ecuatoriano esté en ese estado”, comenta.

Víctor cree que tal vez muchos golpes en su época de futbolista le están pasando factura. Es que era un arquero entregado, no tenía límites, solo pasión. Por eso la hinchada de Barcelona lo recuerda con nostalgia y él también los recuerda.

“La hinchada no tiene precio. La hinchada, ellos son tan fanáticos. Por ejemplo, ahorita que yo necesito el apoyo, yo sé que se van a meter la mano por . Toma Espartaco, van a decir”, señala.

Dice que la semana pasada lo visitaron algunos amigos, exfutbolistas. De ellos tiene gratos recuerdos. “¿Qué jugadores había en ese entonces eran grandes?”, dice y empieza a mencionar a algunos: Jorge Quiñónez, Galo Vásquez, Montanero, Alcívar , Byron Tenorio, Rosero, Avilés, Uquillas. ”Buena gama de jugadores", agrega y empieza a haber silencios en la entrevista, respuestas cortas. Víctor tiene prisa.

El tiempo se acorta y debe acudir a realizar sus diálisis. Se pone de pie con dificultad. Las piernas hinchadas, renegridas, parecen cuartearse. Da pasos cortos y en cada uno hay un quejido largo y lento “Ayyyy, ayyyy”.

“¿Le ayudo?”, pregunta Carlos.

“No, no ahí no más”, le contesta.

Víctor se despide. Dice que no puede fallar las diálisis, que cualquier otro rato está disponible para seguir la conversación.

“Créame que este es el partido más difícil de mi vida. Es mi salud, estoy en penales. Solo depende de mí”, señala y da pasos lentos hacia el taxi.

En un trayecto de apenas 3 metros no para de quejarse: “ayyy, ayy”; se cansa, respira con dificultad. Mete el cuerpo de 1 metro 85 en el asiento del copiloto y cierra la puerta. El taxi arranca. Allí va el arquero de las seis copas, el que era capaz de romper el cuerpo por Barcelona. Allí va Espartaco Mendoza a seguir jugando el partido más difícil de su vida, esta vez, conectado a una máquina de diálisis. (I)

Para ayudarlo

Quienes deseen ayudar a Víctor Mendoza pueden comunicarse al siguiente número: 098-692-8581.