Su primer recuerdo sobre su deseo de ser piloto no está en un aula ni en un aeropuerto. Está en un juguete que guarda con cariño en su habitación. Un avión pequeño que pidió cuando era niño y que hoy, años después, mantiene como referencia de un objetivo que no ha cambiado.

Isaías Restrepo, de 25 años, creció en Guayaquil con la idea de volar, una aspiración que, con el tiempo, dejó de ser una imagen lejana para convertirse en una meta con plazos, costos y decisiones concretas.

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“Desde niño siempre he querido ser piloto. Es un sueño que no se ha ido, al contrario, se ha hecho más fuerte con el pasar de los años”, explicó.

La transición entre imaginarlo y entender lo que implicaba ocurrió durante su etapa colegial, cuando asistió a una casa abierta en segundo de bachillerato y tuvo contacto con un simulador de vuelo. Allí, indicó, empezó a darle dirección a esa idea que ya existía desde antes.

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“Ahí ya supe qué escuela me interesaba, empecé a investigar, a entender costos, ubicación, todo lo que implica. Ya no era solo imaginar, era saber cómo hacerlo”, sostuvo.

El camino hacia la formación de piloto

Al terminar el colegio, su camino no continuó en aulas universitarias de forma inmediata. A los 18 años ingresó a trabajar en un supermercado, actividad que mantiene hasta la actualidad y que se convirtió en el principal medio para financiar su formación.

“Literalmente saqué el pie del colegio y lo puse en el trabajo. Ahí uno entiende responsabilidades, costos, organización. Todo eso es necesario antes de iniciar una carrera como aviación”, manifestó.

El trabajo es el motor del sueño de Isaías Restrepo para ser piloto comercial. Foto: José Beltrán

La formación para piloto comercial, explicó, bordea los $ 45.000 en total y se estructura en varias etapas. La primera corresponde a la licencia de piloto privado, que exige completar al menos 40 horas de vuelo, además de la formación teórica previa. En su caso, logró iniciar ese proceso entre 2023 y 2024, aunque no pudo concluirlo.

Obstáculos económicos y alternativas

“Me inscribí, hice la teoría y avancé algunas horas de vuelo, pero por temas económicos tuve que detenerme. Ahora estoy retomando el plan para completarlo”, señaló.

Hasta el momento, calcula haber alcanzado aproximadamente el 30% al 35% del monto necesario para cubrir toda la carrera. Este avance, indicó, ha sido resultado de varios años de trabajo continuo, aunque reconoce que el proceso no ha sido lineal debido a responsabilidades personales y gastos adicionales.

Además del aspecto económico, mencionó que también ha tenido que reorganizar su planificación académica, evaluando opciones dentro y fuera del país. Comentó que ha considerado alternativas en otros países de la región, donde los costos pueden ser menores, aunque eso implicaría dejar su empleo actual y asumir otros gastos.

“Hay opciones en países como Argentina o Bolivia donde la carrera es más económica, pero también implica salir del país, dejar el trabajo y ver cómo sostenerse allá. Es algo que hay que planificar bien”, indicó.

Reafirmando el objetivo y la perseverancia

El proceso también incluyó decisiones personales sobre su formación. En un momento, optó por estudiar administración de empresas, influenciado por factores externos, aunque posteriormente decidió retomar su objetivo inicial.

“Probé otra carrera, me fue bien, pero me di cuenta de que no era lo que realmente quería. Eso más bien me ayudó a reafirmar mi meta”, sostuvo.

Él transforma su empleo en supermercado en el camino a ser piloto, una manera de solventar sus sueño. Foto: José Beltrán

En paralelo, ha debido manejar opiniones externas sobre su proceso, especialmente relacionadas con los tiempos y las dificultades para alcanzar su objetivo. Frente a eso, explicó que ha mantenido una línea clara sobre lo que busca.

“La presión social existe, pero no es una razón para dejar lo que uno quiere. Cuando uno tiene claro el objetivo, sabe que el camino puede ser más largo, pero sigue siendo el mismo”, manifestó.

Metas a corto y largo plazo

Actualmente, su meta inmediata es concluir la primera licencia de piloto privado, etapa que considera clave para avanzar en el resto de su formación. A mediano plazo, proyecta completar toda la carrera en aproximadamente cinco años, dependiendo de su capacidad de financiamiento.

“Ya no lo veo solo como un sueño. Es una meta concreta. Sé lo que cuesta, sé lo que falta y sé lo que tengo que hacer”, afirmó.

El trabajo como motor del sueño

En el contexto del Día del Trabajador, que se conmemora cada 1 de mayo, Isaías vincula su experiencia laboral con la posibilidad de construir ese objetivo a largo plazo. Para él, el trabajo ha sido el medio para acercarse a una meta que inició en la infancia y que hoy se sostiene en planificación y constancia.

“Trabajar tiene más sentido cuando sabes hacia dónde vas. No es solo cumplir un horario, es avanzar hacia algo que uno quiere lograr”, expresó.

El avión de juguete que conserva desde niño sigue presente como un recordatorio permanente del punto de partida y del proceso que aún continúa. (I)