Nadie imagina que el piso de su sala puede alcanzar los 700 grados Celsius en minutos. Sin embargo, en Guayaquil, la costumbre de viviendas mixtas está creando infraestructuras incapaces de resistir el fuego y llegar a esas temperaturas.
Tras el colapso del edificio Multicomercio, expertos revelan por qué la mezcla de espacios habitacionales, como departamentos, y bodega es técnicamente una sentencia de muerte para el hormigón.
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La discusión no gira solo en torno a materiales combustibles. Expertos señalan que el problema radica en el diseño original del inmueble, la carga térmica que soporta y la ausencia de adaptación cuando cambia su uso.
Jefe del Cuerpo de Bomberos sobre Multicomercio: ‘Había mal almacenamiento y desorden completo’
En el caso del Multicomercio, el jefe del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, Martín Cucalón, señaló que había “mal almacenamiento y desorden completo”.
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En ese espacio, formado por zonas comerciales y cinco torres, se desató un incendio que luego de 36 horas fue declaradado bajo control. Dos de las torres colapsaron y tres quedaron debilitadas, aún con riesgo latente.
El coronel Martín Cucalón, primer jefe del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, expuso que se notó que en la edificación había estructura metálica integrada entre bodegas que estaban “antitécnicamente sobrecargadas de mercaderías”, lo que generó una carga excesiva.
En varios espacios se habían construido altillos, lo que incrementó la cantidad de mercadería almacenada en un área aproximada de 6.000 metros cuadrados y produjo una “carga térmica inmensa”, sobre los 700 u 800 grados, complicando las tareas de extinción.
Cómo el cemento se fractura a los 700 grados
El experto en riesgo e instructor en fuego vivo Julio Roca explicó que la diferencia entre un incendio residencial y uno comercial radica en la carga de fuego.
“La carga de fuego es la medición del nivel de temperatura que puede emanar un incendio dependiendo de lo que hay dentro. No es lo mismo un colchón que una bodega con plásticos, textiles o baterías de litio”, detalló.
Roca advirtió que una vivienda promedio puede alcanzar entre 450 y 500 grados Celsius. En cambio, una bodega con materiales altamente combustibles puede superar los 700 u 800 grados. “A esas temperaturas el metal se cristaliza, pierde capacidad de carga y se fractura. Las estructuras comienzan a fallar y caen”, señaló.
La emergencia en el Multicomercio alcanzó los 700 grados, un nivel extremo para un incendio estructural.
Roca dijo que cuando el fuego alcanza la fase de desarrollo completo no solo arde el material inicial. “El humo se transforma en fuego y comienza a contaminar todo el entorno”, explicó.
En ese punto, la evacuación se vuelve crítica y el ataque de los bomberos cambia de ofensivo a defensivo para evitar colapsos.
En las primeras horas de la emergencia las labores de los bomberos se enfrascaron en romper paredes para lanzar chorros de agua en las zonas afectadas. Luego los uniformados retrocedieron por el escenario riesgoso y usaron carros escalera para seguir el lanzamiento de agua desde varios metros de distancia.
En los edificios mixtos típicos de Guayaquil —local comercial en la planta baja y vivienda arriba— la escalera suele ser la única vía de escape. Pero ¿qué pasa cuando el humo invade esta parte de la estructura?
“El fuego se traslada por radiación, conducción y convección. El humo caliente asciende, se acumula y puede descender nuevamente en forma de fuego negro cuando el incendio llega a su desarrollo total. Ese comportamiento crea el llamado efecto chimenea. El humo y los gases tóxicos suben por escaleras y ductos, invadiendo los pisos superiores. Lo que debería servir como salida se convierte en una trampa”, explicó Roca.
Cuando no existen rociadores automáticos ni compartimentación contra incendios, el fuego avanza con mayor velocidad. En edificios antiguos, que superan los 40 años, muchas veces no hay redes hidráulicas internas ni sistemas modernos de detección.
El edificio Multicomercio fue construido en 1987 con fines comerciales y luego se añadieron las torres usadas como departamentos y oficinas.
El error de sobrecargar casas antiguas
El ingeniero civil Walter Villao apuntó a un problema frecuente no solo en Guayaquil, sino en gran parte del país: edificaciones diseñadas como viviendas que luego se convierten en bodegas o locales comerciales sin recalcular su estructura.
“Uno no puede cambiar el uso de un edificio sin hacer un nuevo cálculo estructural. Si fue concebido como residencial y ahora va a almacenar mercadería, la carga viva cambia completamente”, subrayó.
Villao explicó la diferencia entre la carga muerta y la carga viva —personas, mercancías, almacenamiento—. Cuando una casa pasa de albergar a cuatro personas a contener decenas de sacos, electrodomésticos o baterías, la presión sobre columnas y losas se multiplica, señaló.
Una opción que aplican algunos dueños de viviendas es el reforzamiento de la edificación.
“Pero si el reforzamiento estructural supera el 50 % del costo de reconstrucción, conviene demoler y volver a construir. Sin embargo, en la práctica, muchos propietarios optan por adaptar sin estudio técnico”, agregó.
El ingeniero recordó que en el terremoto de 2016 varias edificaciones colapsaron en Manabí porque fueron diseñadas como residenciales y luego se añadieron pisos o cambiaron a uso comercial sin reforzar.
En un incendio severo, la combinación de sobrecarga y altas temperaturas acelera la falla, añadió. “Las estructuras metálicas y la madera, cuando se someten a grandes temperaturas, pierden la capacidad de respuesta rápidamente”, sentenció.
Villao propuso evaluaciones periódicas: “Cada cinco o diez años debería revisarse estructuralmente un edificio importante. Las estructuras tienen vida útil. Muchos diseñan para 50 o 75 años”.
Es legal un edificio de viviendas y comercios
Desde el enfoque urbano, el decano de Arquitectura de la Universidad de Guayaquil, Ricardo Sandoya, aclaró que la normativa no prohíbe automáticamente la mezcla de usos.
“No se puede responder con un sí o un no. Lo que debe analizarse es la compatibilidad”, explicó.
En zonas mixtas pueden coexistir vivienda y comercio. Sin embargo, Sandoya advirtió que no todos los tipos de bodega resultan compatibles con entornos residenciales.
“Mal haría en una zona residencial permitir bodegas de pirotecnia o almacenamiento altamente peligroso. La normativa debe analizar variables específicas”, sostuvo.
El urbanista también señaló un problema cultural: muchos propietarios asumen que, por ser dueños del inmueble, pueden cambiar su uso sin consultar el plan de uso de suelo.
“El Municipio tiene herramientas de consulta pública, pero el ciudadano muchas veces no revisa si el nuevo uso resulta permitido. Se produce una industrialización silenciosa en barrios residenciales”, afirmó.
Este fenómeno responde en parte a la necesidad económica. Transformar una vivienda en bodega reduce costos de alquiler y maximiza ingresos. Sin embargo, esa decisión aumenta el riesgo para los vecinos.
Sandoya añadió que los municipios no solo deben otorgar permisos iniciales, sino realizar seguimiento. “El permiso no puede ser un trámite automático. Debe incluir inspección real y control posterior”, indicó.
La combinación de tres factores —cambio de uso sin recalcular estructura, alta carga de fuego y ausencia de sistemas de protección— crea un escenario de riesgo acumulativo, agregó.
Los especialistas coinciden en un punto: el uso mixto no resulta peligroso por definición. Se vuelve riesgoso cuando ignora estudios estructurales, compatibilidad urbana y medidas de prevención contra incendios.
Según el Cuerpo de Bomberos, el espacio comercial del edificio afectado contaba con permisos para el funcionamiento de locales; no obstante, en ciertos espacios se notó la presencia de una gran cantidad de mercadería tipo bodega. (I)