Desde el inicio del año, la curva epidemiológica de los gráficos del Ministerio de Salud registra un aumento de casos lo que ha generado que los centros hospitalarios se saturen principalmente en Quito y Guayaquil, así como en otras localidades del país.

Hasta el jueves 1 de abril se registraban 330.388 casos confirmados con prueba PCR y 16.877 fallecidos entre probables y confirmados.

Ante esto los COE cantonales y el nacional emitieron restricciones para el feriado de Semana Santa con las que buscan frenar el contagio de casos, entre las medidas están la restricción vehicular y la declaratoria de estado de excepción en ocho provincias del país, lo que permitiría la declaratoria de un toque de queda.

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Ecuador no es el único país que registra un aumento de casos, otros países de la región y de otros continentes viven la misma situación, sin embargo, allá se los ha llamado una nueva ola de contagios y desde el inicio de la pandemia ya se habrían dado al menos tres, especialmente en Europa. En el país aún las autoridades no la han denominado de esta forma y en una cadena nacional del 30 de marzo, el presidente Lenín Moreno señaló que hubo un retroceso en la lucha contra el COVID-19.

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¿Repunte de casos o nueva ola de contagios?

El pasado domingo, durante la sesión del COE de Guayaquil, el doctor Carlos Farhat, epidemiólogo e integrante de la mesa de salud adscrita a la instancia, señaló que en Guayaquil se podría hablar de un importante repunte de casos y que la definición de segunda ola es de interpretación, además que habría que esperar.

“Si el número sigue aumentando, incrementando y rebasando, desbordando la capacidad de atención, entonces estaríamos definitivamente ante una segunda ola”, indicó.

El epidemiólogo Daniel Simancas, director del Centro de Investigación en Salud Pública y Epidemiología Clínica de la Universidad UTE, explicó que se habla de una ola cuando se ha reducido a cero el número de casos y se reactiva, por lo cual Ecuador aún no la vive, motivado de cierta manera con el poco número de pruebas que se realizan, lo que hace ver una parte de la realidad que ni siquiera es tan cercana.

“Hablar de una segunda ola, hablar de un incremento sostenido de casos es lo más técnico, un pico que lo llaman, un repunte de casos y también un incremento de los muertos, del exceso de fallecidos respecto a los años anteriores y también del incremento de consultas, hospitalizaciones y personas que requieren cuidados intensivos. Cuando aumenta la lista de espera, es decir, un paciente no encuentra dónde hospitalizarse y no encuentra dónde ingresar a cuidados intensivos es llamativo porque nos hace pensar que las estrategias parciales que se toman de prevención no están surtiendo el efecto”, dijo.

En cambio, para la epidemióloga y exasesora externa de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) Catalina Yépez, en Guayaquil al menos sí se vive una segunda ola de contagios. Aclara que si bien otros países, especialmente de Europa, ya hablan de una cuarta ola, en Sudamérica se habla de una segunda ola, aunque en Ecuador el discurso solo se ha quedado en la primera con distintos picos.

Marzo dejó un récord en lo que va del 2021 de 1.687 hospitalizados en Ecuador, incluidos 574 pacientes en cuidados intensivos; al cierre del 2020 la cifra tope fue de 822 asilados

“En mi opinión, de acuerdo con el comportamiento epidemiológico, estamos en una segunda ola, al menos en Guayaquil, y al menos en provincias vecinas como Manabí, Los Ríos, todavía no llega, pero Guayaquil sí... Fundamental lo que está incidiendo es la introducción de nuevas variantes, está incidiendo que toda la población no está inmunizada por la primera vez que se infectó, mientras sigamos acumulando susceptibles, vamos a seguir dándole la oportunidad al virus a seguir infectando y le damos la oportunidad de que se siga replicando hasta encontrar la mejor forma posible para evadir cualquier cerco de nosotros para infectarnos”, refirió.

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Existen indicadores que evidencian la gravedad de la situación, de acuerdo con los expertos, como el aumento de hospitalizaciones y muertes ya que la enfermedad no genera un cuadro grave en todos que ocasiona una derivación a un hospital, sino que los que logran acudir son aquellos diagnosticados, dejando de lado un subregistro de otros casos que tal vez no manifiesten síntomas tan severos.

En este tiempo varios eventos han marcado la movilidad de las personas el 7 de febrero, en la primera vuelta electoral, 15 y 16 de febrero, con el feriado de Carnaval, donde se registraron hechos de desobediencia social. Este último evento incidió principalmente en el aumento de casos de COVID-19, aunque los especialistas mencionan que hay un subregistro en los que se enmarcan las personas que no se pueden realizar pruebas diagnósticas debido a su alto costo.

Ambos especialistas difieren de la incidencia que pudo tener el primer proceso electoral en la situación por la que está pasando el país, debido a que no todos los ciudadanos estuvieron expuestos a las mismas situaciones. Durante ese día se denunció que en varios recintos se presentaron largas filas y aglomeraciones de personas, mientras que en otros los electores no tardaban en completar el proceso.

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“Esto es una fuente de exposición y una situación de riesgo muy alta, hay que capacitar al personal militar”, dijo Yépez.

Por su parte, Simancas considera que este evento no tiene una importancia mayor a la que se le quiere dar debido a que la mayoría de la población utilizó medidas de bioseguridad como la mascarilla. Señala que lo que deriva luego del proceso como alguna reunión familiar o social que se efectúe es lo que propagaría el virus.

De acuerdo con los especialistas, en un escenario ideal, donde se cumplan con medidas y se efectúe una comunicación adecuada de los riesgos, la congestión del sistema hospitalario y con ellos los casos de gravedad podrían estar en descenso entre dos y tres meses. Sin embargo, si es que el 11 de abril no se realiza un estricto distanciamiento físico, uso adecuado de mascarilla y desinfección, el tiempo se extiende hasta junio, julio o agosto.

Con un evento como el 11 de abril de por medio, si no se toma al toro por los cuernos y no se decide que tiene que haber un estricto distanciamiento físico y no mandamos mensajes claros a la población de que tiene que cuidarse, tiene que estar con la mascarilla, entonces lo que va a ser es que vamos a estar a punto de terminar la segunda ola, pero luego vamos a ver el impacto del 11 de abril y no saldríamos de esto sino hasta junio.

Catalina Yépez, epidemióloga

Tenemos una saturación que durará unos dos o tres meses como estamos viendo, si pasa lo mismo en Semana Santa, si pasa lo mismo en las elecciones, tenemos unos dos o tres meses, es decir, veremos una disminución de los casos recién para finales de julio o las primeras semanas de agosto

Daniel Simancas, epidemiólogo

Comportamiento ciudadano

Son varios los factores que han influido que Ecuador experimente en las últimas semanas más casos y el incremento de listas de espera para conseguir una cama de hospital. Uno de ellos es el comportamiento ciudadano tanto de desobediencia como de inobservancia a las recomendaciones dadas en los últimos trece meses.

Este no es un fenómeno que se da en Ecuador, sino que ha afectado en el mundo, donde personas retoman hábitos sociales que tenían sin importarles del riesgo al que se exponen, aunque lo conocen o llegan a pensar que no se podrán contagiar porque ya superaron el virus.

La gente está con fatiga pandémica, no soporta estar encerrado, las restricciones, está reclamando su libertad y está consciente de que el riesgo es morir, lamentablemente no es un riesgo individual, es un riesgo colectivo y cuando los derechos afectan a otro entonces hay vulnerabilidad de derechos cuando uno irrespeta la normativa, eso no se lo entiende, la mayoría de población ha colaborado, pero es tiempo de que tengamos otra estrategia para controlar el virus”, precisó Simancas.

Añade que debido a la dinámica de la enfermedad una persona que se contagió durante un feriado puede diseminar el virus entre diez y catorce días a otras personas y estas a su vez en igual periodo a otras, creando una bola de contagios en personas que se relajaron lo que llevará a la saturación.

Estas decisiones también van motivadas ante una percepción de inacción por parte de las autoridades, ya que varias ideas se repiten de que a pesar del tiempo de restricciones no han podido controlar la pandemia o no acentúan la idea de que el virus aún se encuentra en transmisión comunitaria.

“Llega un momento en que la gente, sobre todo los más jóvenes, la gente que quiere volver a esa normalidad que tenía hasta noviembre, diciembre del 2019, enero del 2020, tiene un gesto de rebeldía que se está viendo en todo el mundo, disfrazada en valentía, y por eso quedan en reuniones, quedan en aglomeraciones, se juntan, creen que no va a pasar nada, creen que ya todo el mundo se ha contagiado”, señaló Yépez.

Falla en la comunicación y planificación de Gobiernos

Otro de los factores que los epidemiólogos identificaron y coinciden es en una falla en la comunicación por parte del Gobierno sobre el riesgo que aún tiene la población con el COVID-19, empeñada por la llegada de dosis y con la percepción de que la pandemia estaba próxima a concluir.

Simancas dijo que el pensamiento en la ciudadanía cambió en comparación con el inicio de la pandemia por un mensaje ambiguo de la autoridad “de que esta pandemia ha terminado, de que hay cómo movilizarse, de que hay que perder el miedo al virus para intentar ganar o reactivar, entre comillas, la economía cuando se sabe que sin salud es muy difícil que se salve la economía”.

En el ciudadano queda una percepción de que las acciones que se han empleado por más de trece meses no han resultado tan efectivas o son improvisadas, ante esto los Gobiernos deben articular estrategias que permitan solventar una baja de percepción de riesgos. Yépez señala que el propio comportamiento del virus ya anticipaba que habría un nuevo aumento de contagios, sin embargo, no hubo una planificación para que su impacto sea menor a través del aumento de camas de hospitalización o de UCI o de la adquisición de medicamentos y más acciones.

“Los códigos de conducta con los que nos manejamos los seres humanos pasan mucho también por lo que vemos, pasa mucho por los ejemplos que observamos, entonces si vemos que los líderes se aglomeran, se juntan, toman decisiones que saben que son peligrosas, si ellos lo hacen por qué no lo voy a hacer yo”, añadió.

Con respecto al proceso de vacunación, los expertos expresaron que este debe intensificarse, pero dejando un mensaje claro en la población de que esta es solo una herramienta que permitirá reducir las hospitalizaciones, ya que la vacuna no prevendrá la enfermedad y que pese a estar vacunado aún se deben cumplir las medidas de bioseguridad.

Incidencia de las variantes en el aumento de casos

Los especialistas señalan que este también es uno de los factores que incrementan los casos en varias zonas, sin embargo, aún no logra tener un papel fundamental para generar la saturación del sistema sanitario como se está viviendo.

El virus no ha cambiado su forma de contagiar, de agravar, es más contagiosa, son más letales las nuevas variantes, pero la forma de contener el virus no ha cambiado, son las mismas medidas de prevención, hay que incrementar las estrategias”, precisó Simancas.

A nivel nacional, la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES) y el Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública (Inspi) se encargan de la vigilancia genómica del virus a través de la identificación de variantes, aunque el trabajo principalmente se ha concentrado en las dos primeras instituciones. A nivel de país se han realizado alrededor de 300 secuencias del virus.

A nivel nacional existen dos variantes que elevan la preocupación como son la variante inglesa B.1.1.7 (de transmisión comunitaria en Quito y Guayaquil) y la de Nueva York B.1.526 (detectada en Guayaquil). Pese a esto, tanto Fernando Espinoza, director de la unidad de investigación de la UEES, como Paúl Cárdenas, investigador del Instituto de Microbiología de la USFQ, señalan que estas no cumplen aún un papel relevante para explicar la situación que se vive en el país y coinciden con los epidemiólogos en que son otros factores que predominan motivados también por la situación económica de las familias.

Con este virus el decir qué pasa la próxima semana, este momento, yo no me atrevería, generalmente he sido muy optimista durante todo este año, pero curiosamente estoy viendo lo que pasa en Chile, el escándalo que está pasando en Brasil, lo que está pasando en Italia... me tiene entonces preocupado de que las variantes pueden molestar más de lo que yo había pensado

Fernando Espinoza, de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo

Las dos variantes tienen la característica de mayor transmisibilidad, la inglesa también se ha comprobado que aumenta la mortalidad.

“Hemos visto que las variantes que están en el sur de Colombia están pasando al Ecuador e inclusive ya llegan a Guayaquil. La movilidad, a pesar de que las fronteras están cerradas, es altísima, no nos damos cuenta de eso, tenemos ya vuelos nacionales, vuelos internacionales, todo el transporte terrestre está funcionando, pero definitivamente lo que tenemos es esta movilidad humana que lleva entonces a que las variantes lleguen a las diferentes ciudades”, precisó Espinoza.

En los últimos 45 días, en las corridas de muestras que han realizado, identificaron que el 20% tenía la variante inglesa, el 10% correspondía a la de Nueva York y las restantes a otras ya identificadas desde el año pasado.

Por su parte, Cárdenas añade que en el caso de las muestras que han secuenciado la variante de Reino Unido se ha detectado entre el 12 y 20% de los casos. Aunque explica que a las variantes del virus SARS-CoV-2 se las ha señalado por las reinfecciones, esto también se puede dar porque las personas han perdido su respuesta inmunitaria tras haberse contagiado entre marzo y abril pasados.

“Justamente en el análisis de vigilancia genómica de los últimos meses que hemos realizado en Quito, pero también en otras provincias del país, hemos visto que ha aumentado el número de casos, pero seguimos encontrando entre el 12% y el 20% de los casos que tienen esta variante nueva que es la de Reino Unido que se ha detectado hasta ahora. Obviamente de aquí a algunas semanas esto puede cambiar y ver que este 12% a 20% aumenta al 30-50% y eso se ha visto justamente en otros países, que explican que estas variantes tienen una importancia relevante en el aumento de casos”, explicó.

Una de las limitantes para esta tarea de vigilancia es la capacidad de secuenciamiento que pueden llegar a tener, además de la dificultad para la obtención de reactivos que permita completar el proceso. De igual manera y pese a que se anunció el año pasado un trabajo articulado con el Ministerio de Salud Pública, la obtención de muestra ha presentado problemas en su logística.

Debido a la situación que enfrenta el país, para estos análisis seleccionan las muestras con un mayor cuidado para poder identificar las variantes.

Hasta el momento el factor de las variantes pienso que juega un papel importante, pero no podemos decir que es un factor determinante aún, la mayoría de casos que nosotros estamos encontrando siguen siendo de las variantes que ya han sido reportadas previamente en el país.

Paúl Cárdenas, de la Universidad San Francisco de Quito

Acciones a tomar y disminuir casos

Antes de conocer las nuevas medidas que dictaron el COE nacional y el presidente Lenín Moreno, los especialistas coincidían en que se debía evitar la movilización de personas ya que esto incide en el aumento de la probabilidad de contagio al generar una mayor interacción entre la ciudadanía. Además de tener una correcta comunicación de los riesgos a los que se enfrenta aún.

La masificación de pruebas fue una acción que consideran fundamental para la detección de casos y la reducción de costos de estas para un mayor acceso de la ciudadanía. Aspecto que aún se reclama desde el inicio de la pandemia, en el último mes en promedio se procesaban 4.400 pruebas a diario.

Yépez indica que se priorice el teletrabajo, así como en lo referente a la vacunación que se incremente a otros sectores como personal de recolección de basura, de mercados, ya que ellos interactúan con los ciudadanos, agentes de tránsito. “Todo ese grupo que de alguna manera no solo que está en riesgo de contagiarse, está en riesgo de contagiar”.

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La especialista señala que se debe continuar con la vigilancia de variantes e hizo un llamado a los candidatos a enviar mensajes de no aglomeración y de cuidados para que sus simpatizantes los respeten.

“El 11 de abril tiene que ser una suma de esfuerzos desde el Estado, la población para que precisamente sea un acto cívico, pero que luego no termine generando una crisis mayor a la que tenemos”, dijo.

Simancas manifestó que el rastreo de contactos también se debe emplear para la identificación de casos, recordó que se ha sugerido tener una zona de aislamiento de síntomas leves o moderados para disminuir la tasa de ataque secundaria, es decir, aislarlos hasta que pase el cuadro.

“Con pruebas, con rastreo, con vacunación, así se reactiva la economía, así se puede dejar en libertad a las personas sin comprometer su estado mental y sin comprometer su riesgo de muerte, no puede uno sacar a la gente y decirle que le pierda el miedo al virus cuando no tiene ninguna cama para hospitalizar y cuidado intensivo, cuando no hay acceso a pruebas de manera gratuita o de bajo costo, entonces la mejor y más costo-efectiva manera de reactivar la economía es generando varias estrategias de salud pública para contener esta pandemia”, indicó.

Los especialista también dijeron que actualmente se están dando diagnósticos erróneos de enfermedades virales considerándolas COVID-19 lo que agrava el cuadro clínico y al no poder ser ingresado para su tratamiento u otra emergencia a un hospital puede incrementar la mortalidad. (I)