Caía la noche del sábado 20 de diciembre. Tomás, un joven de 28 años, fue encontrado sin vida en un sector del suroriente de Quito, luego de que habría sido presuntamente secuestrado, escopolaminado y asesinado tras salir de un bar en La Mariscal.
La escopolamina está catalogada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un alcaloide que actúa bloqueando los efectos del sistema nervioso, produciendo en la persona desorientación, confusión, somnolencia, alteraciones del pensamiento y amnesia (pérdida de memoria temporal).
Esta habría sido la droga utilizada contra el fotógrafo quiteño, quien salió de un concierto de tres horas en el parque El Arbolito, el viernes 19 de diciembre, y nunca regresó a su casa.
Publicidad
Sus familiares lo reconocieron en la morgue, mientras que las unidades investigativas de la Policía Nacional lo encontraron en la vía férrea del sector Monjas, en el sur de Quito.
Un patrón delictivo que se repite en Quito
Sin embargo, este no sería el único caso en la capital. Según la Fiscalía General del Estado, en el primer trimestre de 2025 se registraron 1.569 denuncias por robo a personas, algunas de estas bajo la modalidad de escopolamina o aturdimiento.
Asimismo, desde enero hasta noviembre de 2025, la entidad ha contabilizado 283 casos de secuestro y secuestro extorsivo con denuncias.
Publicidad
En varios de estos casos, las víctimas han expuesto que han sido objeto de intoxicación por el uso de escopolamina como método para inhibirlas, y posteriormente vaciar sus cuentas bancarias y sustraer bienes.
Tommy, como lo llamaban sus seres queridos, fue el único de las tres víctimas del secuestro que no logró resistir.
Publicidad
La Policía Nacional explicó —en el parte informativo— que su deceso habría sido por asfixia, lo que generó un atragantamiento que lo dejó en un estado crítico, sin capacidad de respirar o reaccionar.
Sus amigos, quienes también fueron secuestrados, aparecieron posteriormente sin recordar lo ocurrido y sin los objetos de valor que llevaban consigo aquella trágica noche del viernes 19 de diciembre, cuando acudieron a un evento musical.
El caso continúa bajo investigación y aún se desconoce el paradero de la presunta banda delictiva que opera bajo este método, identificando a jóvenes de entre 18 y 30 años para recorrer la ciudad con ellos en un estado de inconsciencia total, según información de la Policía Nacional.
La escopolamina como aliada del delito
Los alrededores de bares, discotecas y clubes nocturnos de los distritos Eugenio Espejo, La Delicia, Eloy Alfaro, Quitumbe y Manuela Sáenz son los sitios preferidos por individuos que analizan a su próxima víctima y, con rapidez, la inducen a un estado de vulnerabilidad total.
Publicidad
La pregunta que surge es: ¿por qué la escopolamina se ha convertido en el principal aliado de estos grupos criminales?
El especialista en seguridad Stalin Sacoto explicó que la escopolamina se utiliza con fines médicos desde hace más de cuarenta años, pero que son sus efectos los que la convierten en una herramienta atractiva para delinquir.
“Actualmente, en los delitos de secuestro exprés se utiliza con frecuencia la escopolamina porque es un elemento de fácil acceso que permite que la víctima otorgue facilidades para cometer el delito, que finalmente se traduce en robo”, explicó Sacoto.
El experto describió que estos grupos suelen operar con entre tres y cuatro personas, conocidas como 'campaneros’, mientras uno de ellos actúa como la 'carnada’.
“El taxi es uno de los escenarios más recurrentes. Allí se escopolamina a la víctima, que termina entregando sus pertenencias casi de manera involuntaria. Se la observa adormitada, como si estuviera embriagada, pero finalmente accede a lo que los delincuentes le piden, bajo una aparente voluntad y consciencia”, sostuvo.
Portales médicos, como MedlinePlus, señalan que la escopolamina se presenta en tres formas: parche transdérmico, solución inyectable o cápsulas orales, utilizadas para prevenir náuseas por movimiento o reducir secreciones antes de la anestesia, siempre bajo prescripción médica.
“La escopolamina proviene de una serie de plantas; por eso es relativamente fácil de procesar. Quienes la utilizan para delinquir incluso la prueban primero en animales, como perros, para determinar la dosis que luego administran a una persona”, añadió Sacoto.
Conoce el nuevo supermercado que refuerza la oferta comercial en la Amazonía
Marco legal y respuesta del Gobierno
El Código Orgánico Integral Penal (COIP) sanciona con 5-7 años de prisión a quien prive de la libertad a una persona. Esta pena puede agravarse de 10 a 13 años cuando el hecho deriva en robo de pertenencias o tiene características de secuestro extorsivo.
Bajo esta premisa, el ministro del Interior, John Reimberg, ha manifestado su intención de impulsar una reforma al COIP para endurecer las penas. No obstante, para Sacoto, la solución no pasa únicamente por elevar las sanciones.
“No se trata de endurecer las normas, sino de que fiscales y jueces apliquen correctamente las circunstancias agravantes en el momento de acusar y sentenciar, para que se imponga la pena mínima o máxima según corresponda”, expuso el especialista.
Reimberg, por su parte, señaló que estos casos de secuestro extorsivo con escopolamina estarían vinculados a grupos de delincuencia organizada, como Los Lobos, estructuras que —según él— han sido fragmentadas en reiteradas ocasiones en Quito.
“Además de aumentar los operativos, hemos obtenido resultados positivos con la captura de estructuras de Los Lobos en el sur de la ciudad”, manifestó el ministro.
Finalmente, recordó que hace unas dos semanas se detuvo a un presunto implicado que engañaba a mujeres con falsas ofertas laborales, las escopolaminaba y exigía dinero a sus familiares por su liberación. El hecho se registró en los exteriores de un hospital público, en el centro de Quito. (I)























