Sirenas sonaban, obreros removían la tierra, maquinaria sacaba los escombros y el lodo marcaba el camino este viernes, 13 de febrero, en el sector de La Bota, donde un deslizamiento de tierra causó zozobra entre los moradores de esa zona del norte de Quito.

Un perro estaba en la mitad de la vía donde los transeúntes maniobraban para intentar salir del vecindario. Niños jugaban en un parque contiguo, mientras sus madres, hermanas y hermanos limpiaban la vereda con escobas y palas.

El panorama era desolador. Seis viviendas habían soportado la fuerza del clima y la intensa lluvia, que estuvo acompañada por una tormenta eléctrica, durante la madrugada del viernes, 13 de febrero. Un total de 20 personas resultaron afectadas por esta emergencia.

Publicidad

Carcelén, Carapungo, Solca, San Isidro del Inca, Tumbaco y Amaguaña fueron otros sectores donde se reportó la emergencia, pero en La Bota fue donde hubo más complicaciones por el temporal invernal.

“A las dos de la mañana vino una avalancha y nos llevó la casa y todo. La casa de atrás está trizada y de ahí vino donde mí, rompió vidrios, la refri y todo estaba en el suelo nadando. La fuerza del agua derribó hasta la puerta”, contó María Chasig, moradora afectada.

Una puerta de la casa de María Chasig, una de las afectadas por la lluvia y tormenta eléctrica de la madrugada del viernes 13 de febrero, salió de su sitio y terminó llena de lodo, en el sector La Bota, en el norte de Quito. Foto: Alfredo Cárdenas.

La adulta mayor invitó al equipo periodístico a su casa. Desde la entrada, el fango se había impregnado en las gradas, las ventanas tenían claras señales de tierra y mesas, sillas, hasta la puerta de ingreso, reposaban en la terraza, cubiertas de lodo seco.

Publicidad

María no pudo contener las lágrimas. La incertidumbre la agobiaba, pues no tenía recursos para recuperar la refrigeradora, la cocina y los muebles que perdió a causa del desastre natural.

“Yo dije: ‘Ya me muero aquí’. Me salí corriendo, yo vivo con mi esposo y nos tocó salir corriendo hacia la casa de mis hijas. La refri nadaba, las ollas nadaban, el microondas también. Fue terrible”, manifestó.

Publicidad

María Chasig, una de las afectadas por deslave en La Bota. Foto: Alfredo Cárdenas.

Los ciudadanos de la etapa 4, en este barrio escondido por el Comité del Pueblo, no sabían qué pasaría por la noche. El cielo se comenzó a nublar y temían por otra tormenta, pero más allá de eso, tenían miedo de no poder soportarla.

En plena curva de la arteria, una gran capa de vegetación cubría al sector. Desde la altura, se pudo observar la Panamericana Norte, la avenida Simón Bolívar y la entrada a la parroquia de Calderón. Encima de eso, sobre la montaña, está La Bota.

Los daños, el pánico y la frustración no terminaban allí. Luego de una caminata y una gran zanja que se abrió en el filo de la vía, bajo una calle empinada estaba Katherine Triviño, una de las vecinas más afectadas.

“Fue el susto, desesperación. Yo tengo dos hijos, uno de ellos tiene discapacidad, nos tocó salir corriendo prácticamente, dejar todo ahí y perderlo. Todo estuvo lleno de lodo, desechamos todo", inició la mujer.

Publicidad

Ella identificó una fuerte corriente de agua que ingresaba por todas las grietas posibles. Cada cuarto se iba llenando como piscina y la tierra se acumulaba en todos los bienes que adornaban la vivienda.

“Mi esposo salió a ver qué pasaba y prácticamente el agua llegaba a la cintura. Afortunadamente ninguna vida se ha perdido, todo es material como ropa, zapatos, armarios, implementos de aseo y yo perdí informes de mi hijo, de su diagnóstico y mi hijo perdió materiales para seguir estudiando", aseveró Katherine.

Su retoño tiene seis años, posee una deficiencia en sus extremidades y tuvieron que sacarlo en brazos de la casa para evitar daños físicos, obligándolo a reposar con varias cobijas en el inclemente frío capitalino que asustó a más de uno.

“Las autoridades nos han brindado ayuda en el camino. Dentro de la casa uno tiene que hacerlo de forma autónoma. Esta vez nos ayudaron, pero han existido otras que no nos toman ni en cuenta.

El problema es que vienen, hacen los trabajos a medias, dejan ahí y tienen prioridades en otras cosas y no en quienes verdaderamente estamos afectados”, añadió la ciudadana, esta mañana.

Respuesta de las autoridades y plan de prevención

El Cuerpo de Bomberos reportó la emergencia a las 06:30 de este viernes. El capitán Miguel Ángel Llumiquinga, jefe del distrito Eugenio Espejo, brindó detalles sobre la operación y la modalidad de atención que tuvo la entidad.

“Se pudo constatar que hubo un deslizamiento de tierra en el lugar. Seis viviendas llevaron la peor parte y con ello evacuamos a las personas para precautelar la vida y posterior a ello, hacer la limpieza de las viviendas. Sacar el lodo, el material acumulado y ayudar a sacar los enseres fue el objetivo", aseguró el agente de los Bomberos.

El capitán detalló que una de las viviendas poseía una cantidad inmensa de lodo. Los pisos estaban totalmente mojados y los bienes materiales dañados y sucios por completo.

“Tuvimos que retirar a las personas en primera instancia y luego realizamos la evacuación de los objetos que arrastró el deslizamiento“, aseveró Llumiquinga.

Justamente, la mujer con más daños materiales en su domicilio, no quiso hablar. Su desesperación podía más que sus palabras y fuera de micrófonos, exhortaba al Municipio que en realidad hicieran algo para prevenir este tipo de eventos que generan otro duelo, debido a que las cosas perdidas son producto de años de esfuerzo por parte de toda la gente.

María Chasig, una de las afectadas por el deslave, llora mientras cuenta sobre el daño y pérdida de sus enseres de su casa, en el sector La Bota, en el norte de Quito. Foto: Alfredo Cárdenas.

Este incidente se generó en medio de la ejecución de un plan de contingencia para lluvias y variabilidad climática que activó el Municipio de Quito ante la declaratoria de alerta roja por parte del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi).

“Nosotros tenemos identificados 321 barrios con alta susceptibilidad de movimientos en masa, es decir, donde históricamente ha pasado algo, barrios donde por su irregularidad podrían tener algún problema. Frente a esto lo que hemos hecho es volcar las herramientas de trabajo hacia allá“, apuntó Patricia Carillo, directora metropolitana de Gestión de Riesgos.

Limpieza de cunetas, retiro de árboles en riesgo, obras menores de contención o de emergencia son las principales actividades que ha realizado el cabildo desde octubre del 2025, según la funcionaria.

“La prevención es invisible. Se hace evidente porque no pasan cosas. En Guápulo hicimos una declaratoria de emergencia, hemos tenido lluvias y no han existido hechos trágicos. El 22 de enero fue el día más lluvioso y no tuvimos eventos, porque nosotros hacemos un monitoreo constante en las quebradas, hay obras menores y otras mayores que están en camino", continuó Carrillo.

En La Bota, el Cuerpo de Bomberos y obreros del Municipio de la ciudad transportaban grandes tuberías para drenar el agua, tractores gigantes alejaban la tierra de las vías de acceso y las personas no se cansaban de retirar adoquines y artículos que ya no servían a causa del deslave. (I)