Hace más de 20 años, la erosión del río Monjas empezó a causar estragos entre los moradores del sector desde El Condado hasta la Mitad del Mundo.

El daño se hizo palpable cuando se terminó la construcción de la prolongación de la avenida Simón Bolívar, que conecta Carapungo con Pomasqui, el 26 de febrero de 2018.

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Ahora, en pleno 2026, ese tramo está comprometido. Un socavón que se extiende desde la quebrada Carretas hasta la Mitad del Mundo representa una amenaza a causa de la erosión que provoca el río Monjas en este sector del norte de Quito.

Los 120.000 vehículos que transitan diariamente por la avenida Simón Bolívar lo hacen sin temor, pero en las laderas las quebradas claman por ayuda, pues el cauce del río debilita las bases y la tierra desciende poco a poco.

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El frío y la lluvia no colaboran. Durante la tarde de este lunes, 26 de enero, en un recorrido realizado por este Diario, se pudo constatar la magnitud del daño.

Una caverna es lo que se ha formado entre el barrio El Común y Señor del Árbol.

Estas zonas han visto cómo sus moradores se alejan y abandonan sus casas, que se encuentran destruidas a causa de este fenómeno que pudo prevenirse, pero que nunca fue mirado con la importancia del caso.

Zonas en emergencia y alto riesgo

“Ahora estamos en El Común. Esta es una zona declarada en emergencia y parte de los 16 puntos que se registraron en alto riesgo por la erosión hídrica y eólica. Lo que podemos ver es que la situación ahora es más grave; incluso, una casa ya se ha ido.

Casa sobre las laderas de la quebrada de El Común. Sus paredes destruidas y parte del patio caído llevó a que figurara en completo abandono. Foto: Carlos Granja Medranda

Las familias están en riesgo y otra avenida paralela a la Simón Bolívar también está comprometida”, dijo Estefanía Pabón, directora de la fundación Quebradas Vivas.

Una moradora del sector de Carretas, con mucho pesar, explicó que una casa amarilla, que se situaba a sus espaldas, quedó completamente abandonada y destruida por la fuerte erosión que causó el desprendimiento de una parte del patio central. En ese momento, las personas que habitaban el lugar decidieron salir.

“El río Monjas está paralelo a la avenida Simón Bolívar. Empieza en el sector de El Condado y termina más abajo de la Mitad del Mundo.

Nosotros impulsamos una acción de protección para que en quince años no exista una sola gota de contaminación, pero no se han cumplido los parámetros porque no se logran mitigar ni siquiera los niveles de infección en las quebradas”, continuó Pabón.

Pintura explotada, ventanas rotas, escombros y lodo por todo lado, sumado a la peligrosidad que representa pisar ese terreno, era el panorama del domicilio afectado, donde solo se escuchaba el resonar del río.

“Para que se suscite este inconveniente con la erosión vienen, en cadena, más problemas: el relleno de quebradas, las afectaciones en las vías, inundaciones, descargas de aguas domésticas e industriales, vertidos de elementos tóxicos, además de basura, animales muertos y plásticos”, apuntó la ciudadana.

Más de 16.000 predios en peligro

La Esperanza, Balcón del Norte, Parcayacu, Ciudad Bicentenario, La Pampa, Balneario Municipal San Antonio, sector de la urbanización La Antonia.

El Común, Santa Rosa de Pomasqui, conjunto La Alborada, barrio Santo Domingo, AHHYC Señor del Árbol, barrio Santa Clara II – quebrada Oasis, Casa de Campo, puente Marquesa, Común Bajo y sector Puertas del Sol – quebrada Carretas son las zonas comprometidas, donde más de 16.000 predios están en peligro.

“El río Monjas está contaminado, eso es indiscutible, y tiene descargas en diferentes lugares. Esto hace que el caudal siga aumentando y golpee en distintos puntos; por ende, las casas y avenidas se ven involucradas, ya que están muy cerca de las quebradas”, manifestó Pabón.

El panorama es desolador en el barrio Señor del Árbol. Lo que antes fue una cancha, ahora es un botadero de escombros y lodo. En un costado, cada vez más cerca del filo de la quebrada, el río no se detiene.

Parte del socavón formado en la quebrada del río Monjas, en el sector de El Común. Amenaza con llevarse una avenida paralela y llegar hasta la avenida Simón Bolívar. Foto: Carlos Granja Medranda

De una casa —que no era la suya— salió María Elena Chapi, moradora del sector, quien describió el momento que están viviendo y la tristeza que les causa no recibir atención alguna.

“La verdad, no estoy viviendo aquí por el peligro que existe. Mi casa está cuarteada, fisurada, no tengo ni terreno. Tenía un taller de carpintería, pero todo se fue a causa de esto”, exclamó la mujer, con crudeza en su voz, al ver cómo su patrimonio se perdió.

Ella asegura que el Municipio pretendía construir un muro de contención en la zona, pero solamente ingresaron maquinaria, retiraron un poco de tierra y no regresaron más al vecindario.

“Ellos saben. No tenemos dónde vivir. Les pedí que me den la esperanza de tener un terreno en otro lado, pero no. Me dijeron que me daban una casa en Ciudad Bicentenario, pero para pagar, y a estas alturas de la vida, ¿de dónde vamos a pagar? Las fuerzas ya no dan”, mencionó la mujer, de más de 60 años.

La quebrada del barrio Señor del Árbol también compromete a los moradores. La erosión ha complicado el diario vivir en las casa aledañas. Foto: Carlos Granja Medranda

Por su parte, para Estefanía Pabón, la cultura de construcción también significa un duro golpe para estas zonas, pues las personas edifican donde no pueden.

El colectivo que ella impulsa ha definido como Quebopaka a un estudio que debería replicarse en Quito.

“La idea es que donde exista una quebrada debe haber un borde de quebrada preservado, luego un parque lineal y, posteriormente, una zona habitacional. Aquí las construcciones están sobre el borde de la quebrada”, mencionó.

Sin embargo, para Estefanía, las soluciones están latentes; únicamente falta que las autoridades las ejecuten.

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“Es hora de que en temas ambientales se empiecen a activar los planes existentes. También está la cuestión legal y administrativa, debido a que las personas no conocen la normativa, y en procesos de expropiación el Municipio no quiere cubrir el precio justo.

A eso se suma la falta de control de los funcionarios. ¿Cómo podemos avanzar así?”, concluyó la especialista.

Este Diario realizó un acercamiento con el Municipio de Quito, solicitando un espacio de entrevista para conocer su versión de los hechos; no obstante, hasta el cierre de este artículo no se ha recibido respuesta. (I)