Hasta hace tres semanas Aracelly y Juli Jasmina, de 3 y 5 años de edad, vivían en una construcción de madera con ventanas de plástico, junto a su abuelo y primos que se dedican a la crianza de ganado, pesca y otros animales.

Tenían una vida normal para el entorno, es decir, pasaban en casa, jugaban con los niños del barrio y estudiaban.

A los habitantes de la comunidad su trabajo diario les da para vivir y como todos en el sector de Jabonillo salían a laborar en los sembríos desde muy temprano en la mañana hasta que cae la tarde y retornar a sus casas a comer y descansar. Una vida tranquila.

De este barrio, situado en la parroquia San Lucas, ubicado a 49 kilómetros de la capital provincial, hace más de dos años emigraron a Estados Unidos, los padres de las menores -que hoy son noticia en el continente - Diego Vacacela Aguilar y Yolanda Macas Tene, quienes ya trabajan en el país del norte y decidieron pedir a su familia que trasladen a sus hijas hasta la frontera de México con Estados Unidos.

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Menores vivían en el sector de Jabonillo, de la parroquia San Lucas, ubicada a 49 kilómetros de la capital provincial (Loja). Foto: Erdwin Cueva

Aunque se desconoce quién les ayudó y cuánto les costó. La abuela y tío de las menores salieron de su lugar natal hacia México con la finalidad de reunirlas con sus padres.

Aunque el objetivo fue cumplido en medio de un drama y riesgos de vida, se desconoce el paradero de la abuela y tío que las llevaron. En un video de Migración de Estados Unidos se evidenció como pasaron la frontera, aquello se difundió en medios nacionales e internacionales.

Las menores son recordadas por sus vecinos y obviamente en la escuela donde asistía Juli Jazmina, que fue destacada por su responsabilidad.

Kevin es primo de las menores y afirma que las conoció desde que eran muy pequeñas. “Ellas pasaban aquí con sus abuelitos, los papás viven en Estados Unidos (…) ellas se fueron hace pocos días, jugaban con mi hermanito, solo una de ellas estudiaba aquí en San Lucas” narró.

Siza Katherine, vecina del sector, afirmó que ellas vivían primero con los abuelos maternos y luego llegaron a residir con sus abuelos paternos. “Las niñas jugaban junto a la guardería (ubicada junto a su casa). Ya es tiempo de que los papás ya no están aquí. La (hija) más pequeña quedó de teta (con biberón) cuando se fueron”, recordó.

En la escuela de San Lucas se ubica el aula de la mayor de las menores y allí aún conservan los trabajos, deberes y manualidades que elaboraba Juli.

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La menor de 5 años se educaba en un plantel del sector. Foto: Erdwin Cueva

Juli Yasmina cursaba el primer año de educación básica en la escuela Santa Catalina de San Lucas. “Ella asistía los días permitidos (dos a la semana por pandemia) y el resto de días se conectaba (vía Zoom), una niña muy buena estudiante, alegre que compartía con sus compañeros por el lapso de dos horas”, comentó Dolores Cevallos, docente que la vio por última vez hace tres semanas, aproximadamente. Ella recordó que siempre hubo la preocupación de su tío para que la menor reciba clases.

Los casos de menores que son llevados a Estados Unidos son varios en la localidad lojana.

Nosotros nos enteramos cuando los niños ya están en la frontera, cuando ya están en peligro, o ya con sus padres allá, ahí nos damos cuenta de que los niños ya se han ido, nosotros hemos tenido que insistir con los representantes de los menores para que nos avisen porque no vienen o porque no se conectan a clases. Hay niños que en algunos casos ningún representante ha justificado la ausencia de los niños. Hemos insistido en que los alumnos deben seguir estudiando” contó Yolanda Gualpa, rectora religiosa de la Unidad Educativa Santa Catalina, al recordar otros hechos similares de menores migrantes.

Siza Katherine recordó que en el sector algunos vecinos han ido emigrando a Estados Unidos o España, pagando fuertes sumas de dinero a coyoteros, “hasta 20.000 dólares”, afirma.

La extrema pobreza, la falta de atención por parte del Estado y la necesidad de salir adelante son los factores que impulsan, especialmente a jóvenes indígenas a arriesgar sus vidas pagando grandes sumas de dinero a traficantes de personas, para que los puedan llevar ilegalmente a Estados Unidos, narran sus pobladores.

Cancillería condenó hecho y prestó ayuda a niñas

Luego de conocerse lo acontecido con las menores ecuatorianas, la Cancillería de la República, a través de un comunicado, rechazó esta situación y anunció que mediante el Consulado de Ecuador en Houston prestó “todo su contingente” para “precautelar el bienestar” de las menores.

“La Cancillería condena y rechaza este inhumano e irracional accionar de quienes delinquen traficando ilícitamente con migrantes y exhorta a las familias y padres evitar exponerse o exponer a sus hijos a los peligros que conlleva la migración irregular” fue parte de la misiva expresada por parte del organismo estatal en sus redes sociales. (I)