El informe de la psicóloga clínica Ketty Soliz señala que María Elizabeth Páramo sufría de una ‘afección psicológica’, y los reactivos de laboratorio le confirmaron una “depresión y ansiedad moderada”. Habían pasado seis meses desde que ella sobrevivió a una travesía casi mortal que emprendió desde la comunidad de Nar, en el cantón Cañar, hasta Guatemala, donde estuvo secuestrada durante un mes, hasta que su familia pagó el rescate.

Junto con Elizabeth se embarcó Álvaro Carrera, también oriundo de Cañar. A ambos les ofrecieron el viaje soñado a Estados Unidos, por la cantidad de $ 12.000, una aventura que -pese al riesgo- han emprendido unos 345.000 ecuatorianos que más tarde fueron detenidos, expulsados y deportados de ese país desde octubre del 2021 hasta mayo del 2024.

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Estas cifras de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos no incluyen a quienes, como Elizabeth y Álvaro Carrera, no alcanzan a llegar a su destino, porque caen en redes de traficantes que los secuestran, los torturan y obligan a sus familiares a realizar transferencias que superan los $ 10.000 para dejarlos en libertad.

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En sus relatos, todos judicializados, Elizabeth y Álvaro cuentan que partieron de su provincia natal el 22 de septiembre del 2021, luego de entregar un anticipo de viaje de $ 2.000 a Karla González, una cuencana de 26 años que les garantizó que llegarían a Estados Unidos y que ella también viajaría con ambos, aunque finalmente quien la reemplazó fue su padre, Olmedo González. Elizabeth declaró que en un primer momento no quería irse, pero con el pasar de los días y ante las insistencias convenció a su familia para que la apoye económicamente.

“Karla me dijo que íbamos a ir de misioneros. Salimos el 22 a Quito y de ahí esperamos diez días, más o menos, y salimos el 1 de octubre con destino a Managua, Nicaragua. De ahí nos enviaron a una ciudad que se llamaba León. No nos daban de comer, no nos daban nada.

Estuvimos como una semana y media ahí y de nuevo tomamos contacto con Karla. Nos regresaron a Managua y fuimos a un hotel, ahí nos encontramos con el papá de Karla y pactamos con el señor Alan, que ella mismo nos dio los contactos. Hicimos una llamada grupal y salimos a la frontera de Managua con Honduras. Tuvimos que pasar ríos, donde había serpientes, hasta que llegamos a la frontera y nos esperaba un carro.

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Llegamos a Honduras, ahí esperamos dos días, luego nos sacaron en buses hasta llegar a la ciudad de Guatemala, nos llevaron a un hotel, nos empezaron a trasladar cerca de la frontera y ahí ya hicieron que deposite $ 3.000 más. Ya desde ahí sabíamos que ellos no les estaban pagando al coyotero y él nos amenazaba, y cuando llegamos a San Pedro Soloma nos esperaron carros blindados, nos esperaron con metralletas, nos hicieron bajar empujándonos, nos llevaron a un lugar apartado, en una casa donde era de tierra y había tuzas de choclos, nos torturaban, nos hacían tomar la misma orina.

Yo sinceramente regresé psicológica y moralmente mal, acabada, desesperada, llamaba a mi familia a que buscaran el dinero, porque yo ya no podía estar ahí, me sentía demasiado mal. Mi familia en Ecuador hizo lo posible para pagar el rescate, pero no me liberaron enseguida que mi familia pagó el rescate, pasó alrededor de un mes para yo poder salir de ese lugar, donde llegaban borrachos, drogadictos, así, a empujarnos, a lanzar nuestras cosas y tuve que aguantarme un mes para que nos soltara de San Pedro de Soloma (Guatemala).

Gracias a Dios encontré a unas personas que me ayudaron y me dieron ropa de indígena, yo con esa ropa pude salir de ese país y así viajé como cinco días para poder salir de Guatemala y así llegué a El Salvador y mi familia pudo comprar un vuelo y pude retornar a Ecuador. Cuando regresé, me encontraba psicológica y mentalmente acabada, hecho pedazos, tuve que ir hasta un psiquiatra”.

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Elizabeth había trabajado como empleada doméstica de Karla González, mientras que Álvaro Carrera era un taxista que ocasionalmente le brindaba sus servicios de transporte a Karla, para cuya madre trabajaba la mamá de Álvaro, en una hostal en la comunidad de Nar, en Cañar.

Esta provincia encabeza la mayor cantidad de casos de tráfico ilícito de migrantes. En el periodo 2014-junio del 2024 se han presentado 430 denuncias por este delito en Cañar, de un total de 1.355 en el país. Le sigue en denuncias Azuay con 413, Pichincha con 153, Guayas con 77, Chimborazo con 71 y Tungurahua con 66, según los registros de la Fiscalía General del Estado.

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En los dos últimos años, de junio de 2022 a junio de 2024 se concentra el 20,4 % (277) de todas las 1.355 denuncias a nivel nacional. Entre ellas consta la que presentó Álvaro, en la Unidad Judicial Multicompetente Penal de Cañar, en enero del 2022, cuando ya en Ecuador, junto con sus familiares, recuperó el valor para dar su testimonio a las autoridades.

“Karla me contrató para una carrera a La Troncal, me manifestó sobre el viaje a Estados Unidos, que era totalmente seguro, incluso me dio una referencia de que ella ya mandó a otras personas de Nar, de nombre Marco Narváez, y me dio el número telefónico de la otra persona, de apellido Gutama, con la que conjuntamente llevan a la gente.

Me dio el valor de que el viaje cuesta $ 12.500 y que me voy a ir como misionero legal a México, que el hermano del señor Gutama es sacerdote en México y que él le va a facilitar con la visa para llegar allá. Pasan los días y me vuelvo a contactar con el señor Gutama, de Estados Unidos, y él me dice que todo converse con Karla, que ella está hecho cargo de la gente de Cañar, luego me envía unos formularios Karla para yo llenar y me dice que le dé el valor de $ 4.000 como anticipo para que llene los formularios para la visa.

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Me voy en conjunto con mi mamá y le dejamos en la casa de ella, me envía los formularios, los lleno, me da el correo de Karla para que yo envíe allá los datos, pasaron los días y me dice que ya no nos vamos a ir de esa manera, que ya la visa no hay y que vamos a irnos mediante vuelo a Nicaragua.

Salgo de Cañar a Quito y me dice que nos hemos atrasado del viaje y que viene otra persona más, nos lleva de la terminal de Quito una persona que no conozco a un hotel en Quito, ahí estuvimos unos ocho días, Karla me envía los vuelos y volamos hasta Nicaragua.

De Nicaragua igual me contacto con ella porque tuvimos un inconveniente, teníamos que pagar para salir del aeropuerto de Nicaragua el valor de $ 300 por cada persona, el cual yo no contaba, hacemos una llamada grupal con Karla y el coyote Gutama de Estados Unidos, en el cual yo le digo que cómo voy a hacer si yo no tengo dinero, no tuve respuesta y tuve que pedir al señor Ramiro Gavilanes $ 300 para yo poder salir de ahí.

Ya salimos y me comunico con Karla y me dice que nos va a venir a recoger un señor, tampoco sé el nombre de él y nos lleva a León, es una parte de Nicaragua, estuvimos ahí y deposité la cantidad de $ 3.000, para lo cual ella me envió referencias de a qué cuentas tenía yo que enviar. Pasamos allí una semana, me llama nuevamente y me dice que van a venir a recogernos y nos llevan a otra vez a Nicaragua, a Managua, que teníamos que esperar. Llegó el padre de Karla, teníamos que esperarlo a él y de ahí nos llevan ya a la frontera con Honduras.

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En Honduras llegamos a una casa, se hizo de noche y nos dice que tenemos que pasar a caballo por un río y allá nos esperaba ya otro carro para llevarnos a Honduras. De Honduras el viaje no fue tan malo, pasamos en bus, llegamos a Guatemala. Ahí nos pide un depósito de $ 2.000.

Ya en manos del señor Alan, él nos tiene ahí, le llamamos a Karla y nos hace una llamada grupal con el señor Gutama (coyotero) y nos dice que nos escapemos de ahí, que salgamos, pero no conocíamos nada, y nos quedamos ahí y llegó el señor Alan, nos embarcó en una buseta y nos llevó a un lugar apartado, donde gente estuvo armada y dijeron ustedes están secuestrados, y nos dice ‘yo le jugué una trampa, porque me deben dinero de gente anterior que traje juntamente con Karla y la única forma de yo cobrarles es con ustedes’; y dicen que tenemos que pagar cierta cantidad, hacen llamadas grupales, se comunican con mis papás para que ellos hagan el depósito.

Yo le llamo a Karla, pero ya no hubo respuestas, pasábamos encerrados. Decían que el señor Alan y la señora Karla les deben dinero de gente que ayudó a pasar y no le cancelaron, y que teníamos que nosotros pagar $ 10.000, dinero que yo saqué del Jardín Azuayo y logramos juntar. Cuando nos secuestraron nos quitaron los celulares y las llamadas que hacían a mis familiares eran solo de teléfonos de ellos, yo llamaba a Karla mediante los celulares de los señores secuestradores.

Mis papás logran conseguir con mi hermana de Estados Unidos el dinero y a mí me liberan y me llevan hasta la Ciudad de México en la cual yo caigo en migración y me deportan.

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No recuerdo cuántos días pasamos secuestrados, pero fueron alrededor de dos semanas más, regresé a Ecuador el 1 de diciembre de 2021. Cuando estuvimos secuestrados ya no tuve comunicación con Karla, ya no nos dejaban llamar, porque ella ya no nos dio respuesta y lo que más se comunicaron era con mis hermanos para poder sacarme. El perjuicio es más o menos de unos $ 16.000 0 $ 15.000″.

Entre los testimonios judiciales también consta en la declaración de la madre de Álvaro relatando la angustia que vivió mientras su hijo estaba secuestrado. “Todavía me dijo la señorita Karla, ‘señora Mariana, enséñale unas oraciones a Álvaro, porque vamos a pasar como monaguillos de México para allá’.

Le preguntaba todos los días a Karla. Me comuniqué una sola vez con mi hijo y me dijo: ‘Mami, estamos bien mal aquí en Guatemala, botados en un granero, no tenemos comida, no tenemos agua’. Después solo se comunicaba con mi hija, no me querían contar, yo no soportaba el sufrimiento que tenía con mi hijo en viaje”.

La hermana de Álvaro recibió la llamada de los secuestradores. “Nos dijeron que tenemos que entregar la suma de $ 10.000 por el rescate de mi hermano, nos llamaban pasando un día, me decían que si no entregaba la plata me iban a mandar un dedo. Una noche hacemos una llamada grupal entre la familia de Elizabeth, yo, Karla, el compañero de Karla que era el otro coyote, Jonathan, y el secuestrador Alan. En esa llamada Karla dice que es mentira que están secuestrados y Alan se puso bravísimo, le dijo ‘no mientas más, dile la verdad, dile que ellos están secuestrados, tú no tienes ninguna cosa aquí, vos no mandas aquí, aquí mando yo’, esa noche hubo mucha pelea. Pasaron los días, alcanzamos a conseguir el dinero, lo depositamos y sacamos a mi hermano. Él viajó hasta México con el mismo secuestrador, y cayó preso, ahí estuvo algunos días y volvió al Ecuador”. (I)