Maricela, Adriana y Consuelo son tres mujeres que no fueron madres de vientre. El amor maternal nació en ellas por una decisión de responsabilidad, entrega y mucho afecto. Son tres madres de corazón que entregaron parte de su amor a través de la adopción, el cuidado de sus sobrinos como si fueran hijos propios y la crianza de mascotas como si se tratasen de un niño.

Ellas, este domingo 8 de mayo, celebran el Día de la Madre junto con sus familias, junto con esos hijos que decidieron que las acompañen en su día a día para vivir la maternidad.

Maricela Miranda: Es una bendición tener a Ronald. Es lo mejor que me ha pasado en la vida

Para Maricela Miranda, su mayor felicidad es haber adoptado a Ronald Xavier, que sufre discapacidad intelectual. Junto con ellos José Luis Yajamín, esposo de Maricela. Carlos Granja Medranda / EL UNIVERSO Foto: Carlos Granja Medranda

Ronald Xavier tiene 20 años, 19 de los cuales ha pasado junto con Maricela Miranda, quien es su madre adoptiva. Ella tiene 49 años. Es médica.

El joven tiene discapacidad intelectual. Padece una enfermedad genética, labio leporino. Su colon es como el de dos personas. Tiene problemas cardiacos, renales, de hígado. Además tiene convulsiones por epilepsia, por lo que debe ser hospitalizado continuamente.

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Cuando tiene dolor –a veces– se autoagrede, por eso usa un casco de color azul en la cabeza.

De niño había sido abandonado en una guardería, donde permaneció un tiempo, luego llegó a la fundación Campamento Cristiano Esperanza cuando tenía un año y diez meses. Ella trabaja allí y ya estaba cuando el pequeño llegó.

En la fundación empezó a cuidarlo junto con una compañera debido a lo delicado de su salud. Y sintió una conexión y especial apego. Esa organización mantiene una casa hogar para personas abandonadas o retiradas de su familia por maltrato. En otros lugares lo habían rechazado.

Dormía sobre el pecho de Maricela, pues había que estar pendiente de su respiración debido a que se asfixiaba.

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Ella contó que decidió adoptarlo, pero la espera fue larga. “Traté de hacer los documentos para la adopción del niño, pero no se podía específicamente por la parte judicial (...), eso se demoró nueve años”, dijo.

Se refiere al hecho de que la justicia debe actuar cuando un niño es abandonado y se debe comprobar que no tiene familia que lo pueda reclamar o que pueda ser reintegrado.

Maricela trata de que Ronald pueda ser feliz pese a sus complicaciones médicas.

A pesar de las dificultades, ella asegura que si volviera a nacer y pudiese decidir, escogería nuevamente estar con Ronald. “Es una bendición tenerle. Es lo mejor que me ha pasado en la vida”, agregó.

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Desde octubre la salud se ha quebrantado más. Para cuidarlo se necesita de dos y hasta tres personas.

Al joven le gusta bailar, tocar los tambores, sacar cubos, subir, bajar gradas. Para dormir se lo conecta a una máquina de oxígeno.

No tiene una hora específica para levantarse. Cuando lo hace se le da su medicina, come papillas de bebé. Luego recibe terapias físicas y ocupacionales de parte de una cuidadora. A las 17:00 otra persona lo cuida con actividades lúdicas.

Maricela está pendiente de su cuidado, tratando de que nada le falte. Su esposo, José Luis Yajamín, con quien se casó hace un año, se ha sumado a los cuidados del muchacho. (I)

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Consuelo Cepeda: La dedicación, horas de entrega e inversión de amor que uno da hacia ellos, se transforma en un bálsamo de amor que llena de paz y copa los espacios que dejan pérdidas fuertes

Consuelo Cepeda muestra un portarretraro de los hijos de su sobrino Gabriel. Foto: El Universo

Consuelo Cepeda es una abogada guayaquileña que tiene su propio despacho jurídico y reside en un departamento de uno de los edificios del centro de Guayaquil.

Ella junto con su esposo, Sócrates Vera (+), trataron como a un hijo a Gabriel, el vástago de su hermana Julie. Él fue el hijo que Dios no les dio, sostuvo. Ambos estuvieron colaborando como complemento a la labor inalcanzable de su madre.

“Él tiene a una inmejorable madre a lo que yo no le puedo hacer sombra, a él no le faltó su madre... mi hermana tuvo que bregar por él”, recordó.

En cada uno de sus episodios de vida, Consuelo junto con su esposo lo acompañaron para aportar en su crecimiento a la par de su madre. “Él tiene su madre a la que no le resto un espacio porque es una madre 10/10. Creo que parte de la bondad y generosidad que debemos tener, si se quiere, las madres que nos sentimos complementadas en esta función de madre o que Dios nos permite asistir a un hijo como complemento de madre es reconocer que para serlo no es necesario que carezca de su madre, a veces las responsabilidades son tan fuertes que se necesita apoyo. Me siento feliz siendo un apoyo, no una sustituta”, comentó la abogada.

Debido al trabajo de la madre, en ocasiones, Consuelo dijo que colaboraba esperando la llegada del bus del colegio, lo hacía almorzar, que se duchara en su hogar y luego que cumpliera con sus tareas escolares en su oficina.

Con su sobrino pudo vivir todas las satisfacciones que hubiera esperado de un hijo: su primer día de clases, sus malas notas en las libretas, llevarlo de vacaciones, sus problemas, la preparación de su matrimonio. “Él para nosotros fue el ser que nos dio todo eso que uno desea en un hijo, todo”, comentó.

Él, incluso, en su departamento tenía su propio cuarto donde solía quedarse.

Luego, Gabriel tuvo a su primera hija, Bianca, que también fue acogida como si fuera su nieta. Ahora dispone de ese mismo dormitorio que ocupaba Gabriel para cuando la niña se queda a dormir. Ella, que ahora tiene 7 años, nació con una hipotonía, por lo que la mantiene con baja fortaleza muscular que implica necesaria ayuda en sus actividades básicas y continuas terapias. El segundo hijo de su sobrino, Rafael, de 4 años, también padece de la misma condición.

Conforme a las posibilidades, ella trata de poder ayudar en sus actividades y compartir con ellos. Por ejemplo, cuando los padres no pueden asistir a alguna de las actividades de Bianca, actualmente, Consuelo junto con su abuela Julie suelen acompañarla a ciertas terapias e incluso a otros actos académicos. “Es una brillante estudiante”, resaltó ella mientras enseñaba videos de su desenvolvimiento explicando un viaje familiar.

Ahora, Gabriel reside en el mismo edificio donde vive Consuelo. Bianca suele compartir los viernes de “pijamadas” en el departamento de su tía abuela y los sábados la lleva, con su hermana Julie, a ciertas terapias, a pasear a la juguetería o probar uno de sus platos favoritos de comida. Asimismo, cuando se lo requiere, ella o una colaboradora de ella se ocupan de los cuidados de Bianca o Rafael.

“La dedicación, horas de entrega e inversión de amor que uno da hacia ellos se transforma en un bálsamo de amor que llena de paz y copa los espacios que dejan pérdidas fuertes como la partida de un esposo. Creo que es la oportunidad que Dios nos dio de compensar y de tener todo ese amor que le solicitábamos al pedirle un hijo en la oportunidad de que el generoso corazón de mi hermana nos permitiera compartir el amor de su hijo. Es un corazón muy generoso, porque nunca nos puso límites en el amor, siempre nos permitió ser felices, hacerlo feliz”, señaló Cepeda. (I)

Adriana Cervantes: Ser madre es una decisión de vida, de amor, de responsabilidad; las mujeres tenemos eso de querer proteger, cuidar

Adriana Cervantes tiene 45 años y no ha sido madre biológica, ella decidió criar a Snoopy (foto) y Pecas como si se trataran de sus hijos. Foto: El Universo

La guayaquileña Adriana Cervantes tiene 45 años. Es psicóloga clínica y trabaja en una empresa de consumos masivos. Este domingo ella celebrará el Día de la Madre porque tiene dos bebés: Snoopy, de 5 años, y Pecas, de 8 meses.

Ella comentó que alguna vez estuvo embarazada, pero tuvo complicaciones y lo perdió, luego ya no volvió a quedar embarazada. Su apego por sus mascotas fue desde que tenía 11 años, sin embargo, con sus dos perritos de raza Tshi Tzu, ella ha tenido momentos y sentimientos que se asemejan a una maternidad biológica.

“No he sido una madre de sangre, pero llega una etapa en la vida en que tú decides a quién depositar ese amor incondicional. Ese amor sin reparo, un amor que protege, que busca cuidar, incluso que no piensas en ti, sino en ellos. Se puede haber adoptado a un niño o a una mascota. Tengo una tía abuela que decidió adoptar a sus once sobrinos”, indicó.

La mujer recordó que ha vivido momentos de tensión por enfermedad con sus hijos perrunos y los ha sentido tal cual como si fueran parte de su familia. Por ejemplo, con Snoopy tuvo que acudir de emergencia por una gastroenteritis.

“He trasnochado en las clínicas veterinarias, los he acompañado a que les pongan sus sueros, tantas anécdotas, pero siempre con mucho amor. Hay personas que dicen si es solo un perro, pero no, ellos son parte de la familia, solo les falta hablar, te acompañan, te cuidan, te quieren”, indicó.

Ella dijo que a sus dos perritos los lleva de viaje y también comparten momentos con sus padres, dos adultos mayores que sí ven a las mascotas como sus nietos ya que pueden llevarlos porque son pequeños.

La mujer comentó que ellos tienen sus propias maletas de viaje, y que al ver que se las empiezan a alistar, corren de un lado al otro de felicidad. “Allí les empaco sus juguetes, como peluches, pelotas de tenis, pepas, toallas, plato, colchas, pañales; ellos son superlimpios”, comentó.

La guayaquileña manifestó que esta relación con sus perritos la mantiene feliz y maravillada. “Ellos parecen casi personas, tienen una capacidad de darte amor; cuando tú te sientes mal, ellos se te acercan y te calman alguna emoción fuerte que puedas tener. No puedo estar sin ellos, conexión particular”, explicó. (I)