El sonido de los cuchillos y la tensión en cada movimiento marcaron la jornada en Playita Mía, en Manta, donde la precisión quirúrgica definió al ganador del Concurso de Eviscerado del Festival Mundial del Atún 2026.
En segundos, cada participante abrió, limpió y fileteó el atún bajo la mirada del jurado.
Publicidad
Un error bastaba para perder. En ese escenario, José Mero ejecutó cortes limpios y exactos que lo llevaron al primer lugar este viernes, 1 de mayo.
Su desempeño combinó velocidad y control. No dejó residuos, no dañó la carne y mantuvo la integridad del filete. Esa precisión resultó decisiva en una competencia donde el margen de error es mínimo. El premio fue $ 300.
Publicidad
Sector atunero ecuatoriano proyecta cerrar el año con $ 2.000 millones en exportaciones
Velocidad y precisión: la clave del campeonato
El concurso premió dos factores: la mano más rápida y la calidad del corte.
Los jueces evaluaron que el filete salga limpio, sin desgarros ni pérdidas. En ese equilibrio, Mero marcó la diferencia frente a otros competidores.
La rapidez, sin embargo, no lo es todo. La técnica define al ganador. Un corte mal ejecutado reduce el valor del pescado y afecta toda la cadena productiva. Por eso, el dominio del cuchillo requiere años de práctica.
Carlos Ponce, eviscerador con 25 años de experiencia, lo resume con claridad. “Es como una profesión que no se estudia”, señala.
Además, advierte que el objetivo no es solo cortar rápido, ya que no se puede desmigajar el filete.
El concurso se desarrolló en Playita Mía, en la parroquia Los Esteros. Allí trabajan decenas de evisceradores que sostienen una actividad clave para la economía local.
El evento forma parte del Festival Mundial del Atún, que reconoce el trabajo técnico de quienes operan en la base de la industria.
La jornada, organizada por el Municipio de Manta, reunió a trabajadores que, a diario, transforman el pescado en producto listo para el mercado.
El oficio: técnica, fuerza y conocimiento
El eviscerado exige resistencia física, precisión y conocimiento de cada especie.
No todos los peces presentan el mismo nivel de dificultad, señaló Daniel Vélez, con más de cinco décadas de experiencia.
“Hay pescado que viene duro; la piel es muy dura”, indicó. “El wahoo, por ejemplo, tenemos que pelarlo. Es más complicado”, agrega.
Vélez revela que para filetear hay que tener conocimiento; si no, no se puede hacer.
El eviscerado no solo representa habilidad técnica; también es una fuente de ingresos para decenas de familias. Los trabajadores cobran por pieza, peso o volumen, según el tipo de pescado.
Vélez detalló que su labor diaria depende del flujo de clientes. “De esto vivo”, afirmó.
En Manta, más de cuarenta personas integran una asociación que realiza este trabajo. (I)