Viernes, 17:00, los últimos rayos solares atenuados por la nubosidad se reflejan en el agua acumulada que supera el nivel de las calles y aceras en las cinco etapas de El Recreo, en el noreste de Durán, sector que había amanecido anegado por “la lluvia de un mes que cayó en un solo día”, por “el aguaje que se presenta esta semana en el Litoral ecuatoriano”, por “la falta de dragado del río Guayas”, según justifica el alcalde Dalton Narváez.

Hace siete horas que dejó de llover, pero en las casas de El Recreo siguen escurriendo el agua, que no tiene a dónde ir porque “la gente bota basura y tapa los canales de desfogue”, porque “el nivel del río Guayas, debido a la marea alta y los sedimentos, está 70 cm más alto que los canales naturales de desfogue y forma un tapón”, agrega Narváez, quien ha dispuesto redoblar la limpieza de las zanjas que bordean este populoso sector, rodeado de cooperativas que han nacido de las invasiones de tierra, donde no hay servicios básicos.

Se acerca la noche y solo queda esperar a que el agua baje y que no vuelva a llover en El Recreo y sus alrededores, identificados en un estudio del Centro Internacional del Pacífico para la Reducción de Riesgos de Desastres de la Espol como las zonas más bajas en la topografía de Durán y por ende con probabilidades más altas de inundaciones. Contrario a lo que esperan los vecinos del lugar, vuelve a llover.

Cuando empezamos el proyecto Resiliencia Climática para Durán analizamos las inundaciones, islas de calor y deslizamientos en los cerros. Durán es el ejemplo perfecto de una ciudad que está expuesta a todos estos eventos climáticos”, dice la profesora e investigadora de la Espol Mercy Borbor.

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La academia, en este caso la Espol, colabora desde 2018 con este estudio en Durán y ha proporcionado información a la anterior y a la actual administración municipal sobre cuáles son las zonas vulnerables, pero también cuáles son las soluciones adoptadas en otras ciudades costeras que se podrían ejecutar aquí.

Las zonas bajas

El cuadrante norte, especialmente hacia el este, donde se asientan El Recreo, 5 de Junio, Oramas González, Gregorio 2, San Genaro, sector de las 288 hectáreas y otros sitios aledaños, han sido identificados en el estudio de la Espol como las zonas con mayor impacto debido a la suma de factores naturales y antrópicos (acción del hombre).

El principal factor, dice la doctora Borbor, es que esta es una zona baja que antes de ser rellenada por la acción humana era un gran humedal. Otro aspecto que incide en las inundaciones es el tipo de suelo, que es arcilloso. “Eso forma una masa compacta que se satura rápido y no permite la infiltración de agua al subsuelo”. También está la alta impermeabilidad, una vez más, por factor humano.

En El Recreo, así como en otras ciudadelas de Durán, sus habitantes poco a poco han ido pavimentando los parterres que dividen las peatonales y el agua no se filtra de forma natural, sino que debe escurrir hacia un sistema de alcantarillado que no fue diseñado para aguantar todo lo que recibe.

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Este plan habitacional, creado a mediados de los 90, eran casas de una sola planta y dos habitaciones, recuerda la directora del proyecto Resiliencia Climática para Durán. Pero ahora, son pocas las casas originales que quedan, al no tener mucho terreno, el crecimiento fue hacia arriba. “El crecimiento poblacional pasó de viviendas unifamiliares a edificaciones de tres pisos”.

Y en las zonas aledañas la situación es peor, las denominadas ‘invasiones’ -que no son parte de la planificación urbana municipal- ni siquiera tienen alcantarillado.

¿Qué soluciones planteadas en otras ciudades costeras se podrían replicar en Durán?

El proyecto de la Espol plantea tres tipos de soluciones:

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El primero es favorecer el drenaje de las zonas de viviendas hacia canales abiertos y zonas destinadas para que se acumule el agua (cuencas de inundación), por ejemplo, alrededor de los canales se pueden crear zonas convertidas en parques lineales, cuencas de inundación en parques y zonas destinadas a ecosistemas de manglar o vegetación que ayude a capturar agua en las riberas de esteros o canales naturales como El Matanza, San Enrique, 5 de Junio y San Camilo.

Ejemplo de jardines dedicados a captar agua que se han aplicado en ciudades ribereñas de Estados Unidos.

El segundo planteamiento, cuenta Borbor, es construir jardines de lluvia en toda la ciudad donde sea posible, avenidas, parterres, peatonales, para capturar agua durante las lluvias e infiltrarlas en dichos espacios. “Cada jardín de lluvia puede almacenar entre 7.000 y 10.000 galones de agua, dependiendo del diseño”.

Estas soluciones se pueden planificar, diseñar y construir en diferentes sitios de la ciudad y pueden establecerse lineamientos y normativas para promover su implementación. Son de costo aceptable y muy eficaces para reducir el agua de escorrentía en sistemas urbanos, pero necesitan un diseño técnico adecuado y un bajo mantenimiento. Además, reducen la erosión, sedimentación y finalmente ayudan a mejorar la calidad del agua antes de llegar al estuario del Guayas.

Y por último se plantean soluciones de captura de lluvia en las viviendas, que a la vez que reduce la cantidad de agua que se escurre por las calles y alcantarillas, permite que los habitantes, especialmente en las zonas que no hay servicio de agua por tubería, puedan disponer de agua de lluvia para lavado y uso en baños y jardines. “Tanques azules de 40 galones pueden colocarse en las caídas de los techos. Estas iniciativas pueden ser apoyadas por empresas privadas y programas de adaptación al cambio climático en ciudades”.

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Soluciones con base en la naturaleza que propone la Espol para reducir la vulnerabilidad en zonas de riesgo en Durán.

Pero para todo eso se necesita financiamiento y el Municipio de Durán atraviesa una dificultad. Debe pagar un préstamo de más de $ 32 millones que no era reembolsable, pero que se convirtió en tal cuando la administración anterior no cumplió con el proyecto para el “mejoramiento y optimización del sistema de conducción de agua potable”, lo que investiga la Fiscalía luego de un informe de la Contraloría.

Sea como sea, advierte Borbor, “tenemos que prepararnos para convivir con un clima cada vez más extremo, por lo que es importante el desarrollo de Sistemas de Alerta Temprano, que nos ayudan a entender las inundaciones y a prepararnos en diferentes aspectos cuando estas ocurran”. (I)