Habitantes del recinto San Luis, perteneciente a la parroquia Gonzalo Días de Pineda, cantón Chaco, provincia de Napo, viven en medio de la incertidumbre y desesperanza. Temen por sus vidas, la erosión regresiva del río Quijos amenaza con llegar hasta el poblado donde habitan aproximadamente unas 50 familias.

Hasta el momento el fenómeno natural ha dejado varios damnificados, alrededor de cuatro campesinos han perdido sus cultivos y parte de sus fincas. Dos familias que vivían cerca del recinto San Luis fueron las primeras desplazadas por efectos de la naturaleza.

Un socavón llegó a 20 metros de sus viviendas y tuvieron que salir de sus casas.

Elisa Avilés, quien vive 20 años en el poblado, recordó que llegó cuando tenía 7 años. Dijo que a raíz del socavón de la cascada San Rafael la vida cambió para los habitantes del sector, pero que nunca imaginaron que algo que pasaba a kilómetros de distancia ahora esté a tan solo 250 metros.

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Aquella tranquilidad que disfrutaban junto a la montaña y sus ríos, de repente se convirtió en una pesadilla en el poblado ubicado en las faldas del volcán Reventador.

La erosión regresiva del río Quijos destruye varias fincas del sector San Luís. Campesinos pierden plantaciones. Foto: Víctor Gómez

Es un tema muy pero muy complicado, no sabemos ni cómo reaccionar, porque no hemos tenido la socialización debida de las autoridades. Yo como presidenta de la escuelita estoy sumamente preocupada por los niños”, comentó Avilés.

En San Luis funciona la escuela fiscal mixta 12 de Febrero, tienen servicio de alcantarillado, energía eléctrica y agua potable, pero este sistema fue el primer afectado. La erosión del río se llevó los tanques reservorios de agua potable, ahora improvisaron una manguera para tomar agua de una fuente natural de la montaña, pero no alcanza para abastecer a toda la población.

“Nosotros vivimos aquí, a dónde vamos a irnos a vivir, no tenemos dónde, por eso todavía permanecemos aquí. Tenemos nuestras vaquitas, nuestros chanchitos, nuestras gallinitas, hasta ahora no nos han dicho qué va a pasar con nosotros. No se ha hecho un plan de contingencia, tenemos miedo de seguir viviendo aquí, pero no tenemos a dónde ir”, afirmó Avilés.

Marleni Cuaspud, una campesina que vive en San Luis desde hace 15 años, solo se aferra a la fe y deja a la voluntad de Dios lo que pueda pasar. Sus padres le regalaron una hectárea de terreno para que trabaje, pero el socavón se le ha llevado la mitad y la tierra no para de derrumbarse, comentó.

Ya me da desobligo trabajar porque temo que se siga derrumbando y pierda mi trabajo. Ya se me ha llevado maracuyá, piñas, guineo, limones, y más árboles frutales que tenía”, refirió Cuaspud, y agregó que cada ocho días ve perder cinco metros de terreno.

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José Chicharon, quien sobrevivió a la erupción del vocal Reventador del 5 marzo de 1987, recordó que en aquel tiempo perdió dos viviendas y varias cabezas de ganado, piscinas, galpones de gallinas. Cuando la furia del volcán se calmó, dijo, volvió a rehacer su vida en el sector.

Ahora, el socavón del río volvió a quitarle varias hectáreas de su finca y solo le queda un pequeño comedor que tiene en medio de las piedras y escombros removidos por la construcción de las variantes de la vía y la reubicación del SOTE, OCP y el poliducto.

Entre lágrimas el hombre señaló que no quiere abandonar su finca. Si resistió a la erupción del volcán Reventador, cree que podrá reponerse frente a la erosión del río que está cerca de su vivienda.

“Yo qué puedo decir, solo es la voluntad de Diosito. Sí me duele por tantos años que yo trabajé, acabé mi vida, irme dejando con tanto esfuerzo los trabajos que usted ve, ya estoy viejo y paso enfermo”, sostuvo Chicharon, quien con 73 años padece de diabetes y problemas de la próstata.

El recinto San Luis, antes denominado Piedra Fina, incrementó su población con la llegada de los chinos para construir el proyecto Coca Codo Sinclair.

“Llegó Sinohidro, ellos comenzaron a contratar personal de todo lado, y la gente comenzó a hacer casas, a quedarse aquí, la mitad de personas son gente que vino por trabajo, la mitad somos hijos de nuestros padres fundadores”, explicó Elisa Avilés.

Tanto ella como Marleni Cuaspud coincidieron en que su situación de riesgo es desconocida por las instancias llamadas a actuar. Manifestaron que inicialmente les dijeron que serían indemnizados para que salgan del poblado, luego que solo los reubicarían, pero en un albergue.

Con esto último dijeron no estar de acuerdo. Pidieron una reubicación a un lugar donde se les garantice una vivienda para cada familia.

El recinto San Luis lleva ese nombre en honor a Luis Pérez, campesino que donó parte de su finca para que se levante el centro poblado, hoy amenazado por la naturaleza. (I)