En algunos mercados de la Sierra ecuatoriana se pide corvina, se paga por corvina, pero se recibe tiburón, incluso en peligro de extinción. Un análisis genético de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) revela la estafa alimentaria en ciudades de esta región.

La investigación liderada por el Laboratorio de Biotecnología Vegetal de la USFQ determinó, mediante análisis genéticos, que el 47,4 % del pescado vendido en algunas ciudades de la Sierra como corvina es en realidad carne de tiburón. En Ambato, la sustitución alcanzó un pico del 78 %.

El estudio, publicado el 17 de febrero de 2026 en Frontiers in Marine Science, analizó un número determinado de muestras en Quito, Ambato, Cuenca e Ibarra. También lo hizo en Manta y Guayaquil, pero allí si vendían lo que anunciaban.

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Quienes realizaron el estudio señalan que identificaron tres problemas principales: un sistema de sustitución que engaña al consumidor, la distorsión de precios y la comercialización oculta de especies vulnerables pues entre los tiburones que se encontraron en los mercados está el martillo, especie protegida en alto riesgo de extinción.

¿Cómo se destapó el fraude?

Para realizar el estudio los investigadores compraron pescado en mercados de las ciudades mencionadas y pidieron corvina. Luego aplicaron pruebas de ADN para identificar la especie real.

María Lourdes Torres, directora del laboratorio y líder del estudio, explicó que el análisis genético identificó cuatro especies de tiburón: zorro pelágico, sedoso, martillo liso y azul.

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El tiburón zorro fue el más frecuente, representando el 52,17 % de las muestras. Sin embargo, el hallazgo del tiburón martillo, cuya captura y comercio están prohibidos en Ecuador, encendió las alarmas.

Torres señaló que, aunque las cifras de esta especie no son las más altas del estudio, su sola presencia en mercados es un síntoma de un sistema de monitoreo deficiente. “Si el Estado establece regulaciones, debe haber un sistema que garantice que se cumplan. Lo que encontramos demuestra un problema grave de trazabilidad”, sentenció.

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La Cachuda Roja (Sphyrna lewini) y Cachuda Blanca (Sphyrna zygaena) más conocidas como tiburones martillo, por su peculiar cabeza, se encuentran en estado crítico de conservación.

En Ecuador existe un Acuerdo Ministerial que prohíbe el transporte y la comercialización de la especie. Además el comercio internacional está regulado por CITES. En países como Ecuador, la captura incidental obliga a la liberación inmediata, ya sea viva o muerta.

Torres señala que la pesca incidental podría estar siendo utilizada para “tapar” la comercialización dirigida de tiburones.

“Lo triste sería que, sabiendo que esto pasa, las autoridades no tomen medidas. Necesitamos regulaciones claras y normas implementadas para evitar que se sigan pescando especies que no deberían estar en el mercado”, añadió.

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Comentó además que la diferencia geográfica entre Costa y Sierra podría estar vinculada a que en una zona se venda tiburón como corvina y en otra no.

“En la costa hay más cercanía con la pesca y el consumidor reconoce mejor lo que compra. En la Sierra, al no ver el animal completo y comprarlo ya fileteado, es mucho más fácil engañar al consumidor vendiéndole tiburón como corvina”, explicó.

Finalmente resaltó que el estudio es principalmente descriptivo, el muestreo se limita a pocos mercados en determinadas ciudades del Ecuador por lo que no se deben hacer generalizaciones. “Lo que si es un llamado de atención y quizás próximamente podamos extender el estudio para tener más datos y poder establecer estadísticas”, expresó.

Una especie en peligro de extinción en la mesa

Para el biólogo e investigador Alex Hearn la ausencia de una definición técnica de “pesca incidental” y la falta de control en la cadena de intermediarios están permitiendo que especies en peligro de extinción terminen en los mercados de la Sierra bajo nombres falsos.

“Esto desvirtúa el argumento de seguridad alimentaria. La gente cree comprar otra especie, pero no es así”, explica.

Fotografía cedida por la Dirección del Parque Nacional Galápagos que muestra una cría de tiburón martillo, una de la especies halladas en mercados de la Sierra. EFE/ Parque Nacional Galápagos Foto: Parque Nacional Galápagos

Para Hearn, el hecho de que especies como el tiburón zorro o el martillo lleguen a los mercados de la Sierra es un síntoma de que la normativa se queda en el papel.

“Tenemos un problema de implementación. Una especie totalmente protegida, como el tiburón martillo, no solo se está desembarcando, sino que logra cruzar todo el país hasta la Sierra sin ser detectada”, explicó.

El investigador señaló que el tiburón zorro, aunque está en peligro de extinción, paradójicamente es uno de los más desembarcados en el país, lo que evidencia una desconexión entre el estado de conservación global y las políticas de captura locales.

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El biólogo aclaró que los tiburones no son aptos para la explotación masiva. “Crecen lento y se reproducen lento. Solo el 9 % de las pesquerías de tiburón a nivel global son sostenibles; un 9 % en un examen es un fracaso absoluto”, indicó

Uno de los puntos más críticos es la pérdida de control tras el desembarque, indicó Hearn. Sostiene que el monitoreo estatal se desvanece una vez que el producto sale del puerto.

“Alguien se está lucrando de esto. El tiburón se desembarca como tal, pero ¿en qué momento del trayecto a la Sierra se convierte en corvina? Ese es el tramo donde perdemos el rastro y donde falla el control de los intermediarios”, expresó.

Justamente, en 2025, la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) ratificó la suspensión del comercio internacional de todas las especies de tiburones desde Ecuador debido a graves fallas en la trazabilidad y el control estatal.

La medida se originó por la incapacidad de las autoridades para demostrar que las capturas, bajo la figura de “pesca incidental”, no eran en realidad pesca dirigida a especies protegidas.

Con los resultados del estudio, Hearn valida la preocupación de la CITES y asegura que falta control. “Tengo amigos pescadores en Galápagos que usan sistemas de trazabilidad con códigos QR. No se trata de controlar a cada pescador individual, sino de fiscalizar a los comerciantes y exigir etiquetas claras para que el consumidor sepa, por el olor o la textura, que no le están vendiendo gato por liebre”, agrega

¿Por qué es peligroso para la salud?

Según el investigador, más allá del engaño económico, existe un componente sanitario. Los tiburones son depredadores tope y acumulan mercurio y otros metales pesados.

Hearn advierte que el consumo frecuente puede afectar especialmente a mujeres embarazadas y niños que constituyen los grupos más vulnerables.

El científico aclara que el tiburón no es tóxico, pero algunos estudios han demostrado niveles elevados de mercurio en ciertas especies.

El problema, insiste, es la falta de información ya que los consumidores creen comer un pescado seguro.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomiendan que las mujeres embarazadas consuman entre tres y cuatro raciones de pescado a la semana, siempre que se trate de especies con bajo o medio contenido en mercurio y procurando alternar pescados blancos y azules.

Los peces depredadores, de gran tamaño y vida larga, presentan niveles más elevados de mercurio. Durante el embarazo, su consumo debe evitarse por completo. En este grupo se encuentran el pez espada o emperador, el atún rojo, el tiburón, entre otros, señala la AESAN.

La “viveza criolla”: $ 1 vs. $ 4

La sustitución no es inocente. La corvina tiene mayor valor comercial, mientras que la carne de tiburón suele venderse a menor precio. El consumidor paga como si comprara un pescado premium.

Mientras que una libra de corvina puede oscilar entre los $ 3,50 y $ 4, la libra de tiburón se compra por apenas $ 0,80 o $1, de acuerdo con comerciantes de pescado consultados para esta nota.

En la playa de Tarqui en Manta es una de las zonas donde se desembarca el tiburón Foto: Jorge Guzman

Jhon Vera, presidente de la Asociación de Comerciantes de Tiburón “5 de Marzo” en Manta, defiende la legalidad en la venta de esta especie, aunque reconoce que en el trayecto hacia la Sierra, la “astucia” de los intermediarios transforma el producto para inflar los precios.

Para Vera, el comercio de tiburón en Ecuador es uno de los más vigilados del mundo. Asegura que el producto llega al puerto bajo estrictas normas de trazabilidad para evitar el “aleteo” (pesca exclusiva por las aletas).

“Somos el único país donde esta especie tiene partida de nacimiento y de defunción. Para que llegue legalmente, el tiburón debe estar completo con sus aletas pegadas al cuerpo. Un inspector revisa la bitácora y entrega el certificado de monitoreo”, explica Vera.

El dirigente explica que la confusión entre especies no siempre es accidental. Mientras la libra de corvina oscila entre $ 3,50 y $ 4, la libra de tiburón entero se compra en puerto a $ 0,80 o $ 1. Una vez faenado, su valor sube, pero sigue siendo mucho más económico que la corvina.

Vera admite que el fraude ocurre en los mercados minoristas. “Nosotros lo vendemos como tiburón. El problema es el comerciante que lo filetea, lo pone al vacío y, por ganar más, lo vende como corvina sin hueso”, expresa.

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Otro de los autores del estudio, Juan José Guadalupe, resalta que uno de los hallazgos que más sorprendió al grupo fue la detección del tiburón martillo, no reportado en estudios anteriores.

“Mientras no existan sistemas efectivos de trazabilidad y control, el engaño seguirá oculto en los mercados”, señaló. (I)