La arena se llena desde temprano y obliga a ubicarse entre sillas y parasoles, mientras familias enteras se reparten a lo largo de la playa en General Villamil Playas en este feriado por el Día del Trabajador este viernes, 1 de mayo.
El día transcurre entre entradas constantes al mar, comida compartida y juegos que se arman en distintos puntos de la orilla.
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A pocos metros del agua, un balón pasa de un lado a otro y levanta arena en cada caída, con varios intentando sostener el juego entre saltos y risas. Cerca, grupos corren directamente hacia el mar y se lanzan sin dudar, mientras quienes regresan con los pies mojados se sientan a descansar unos minutos antes de volver.
Las carpas y parasoles ocupan gran parte de la playa. En el mar, el sol intenso acompaña a los bañistas.
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Disfrute familiar en el feriado
Bajo un parasol, Verónica Castro, guayaquileña de 48 años, observa a su familia distribuida entre el agua y la arena. Hay quienes conversan, quienes siguen dentro del mar y quienes se acercan a buscar comida antes de regresar a la orilla. “Muy contentos, la verdad. Un tiempo muy bonito, la comida muy rica. Es un momento para compartir en familia”, dice, mientras sigue con la mirada a los suyos.
Para ella, este feriado tiene un significado claro: “Un momento de descanso, un momento de compartir en familia”, repite, mientras recoge una funda y acomoda lo que han traído. Alrededor, más familias se reúnen después de semanas de trabajo y aprovechan estos días para salir de la ciudad.
Relax y presupuesto en la playa
Un poco más adelante, la familia Obando ocupa su lugar. No hay mesas, así que todo se sostiene en las manos o sobre las piernas. Los bollos de pescado se abren y se reparten, mientras varios comen sentados en sillas bajas o directamente en la arena.
Paola Obando, mujer 25 años residente en Playas, camina con varios helados y los entrega a los niños que regresan del agua. “Mi familia ha venido de Esmeraldas, de Quito y de Machala, porque yo tengo casa aquí”, cuenta.
Son dieciséis en total, aunque en ese momento no están todos en la playa. Mientras una parte come, el resto sigue en el agua o caminando por la orilla. Entre conversaciones, ya organizan lo que harán más tarde. El plan es reunirse todos para subirse a la banana, una actividad que consiste en un inflable arrastrado por una lancha y en el que varias personas se sujetan mientras recorren el mar.
La comida sigue circulando entre los grupos. Además del bollo, varios mencionan ceviche de concha y de pescado como parte del almuerzo que compartirán más tarde. Los niños vuelven con helados en la mano, mientras los adultos alternan entre comer, conversar y entrar nuevamente al agua.
En el mar, la gente entra y sale sin parar. Hay quienes corren y se lanzan, quienes avanzan despacio y se quedan conversando con el agua a la cintura.
Daniel Zúñiga, de 42 años, sale del agua y se seca con una toalla antes de regresar con su familia. “Aquí vengo a relajarme, a sacar el estrés, pasar en familia”, comenta. Decidió venir en los primeros días del feriado y solo estará por unas horas.
Sobre el gasto, da una referencia personal. “Yo siempre traigo unos $200 por emergencia, pero ahí se gasta menos", explica, mientras se acomoda para volver a sentarse. Su visita es breve, pero suficiente para cumplir con la idea de desconectarse por unas horas.
Servicios y afluencia de turistas
Más atrás, los parqueaderos están casi llenos. Los vehículos ocupan los sitios disponibles y siguen llegando más, buscando dónde ubicarse. En la arena, quienes alquilan carpas continúan atendiendo a los visitantes que buscan sombra.
Wilson Yagual organiza una de las estructuras y explica que la llegada de turistas ha ido en aumento con el paso de las horas. “Están llegando poco a poco, gracias a Dios”, dice. Señala que existe un límite para la instalación. “Son tres carpas y diez parasoles. No podemos poner más porque todos tienen que trabajar", añade.
Con el paso del tiempo, el sol se siente con más fuerza y deja ver los rostros enrojecidos de quienes llevan varias horas en la playa. Varias personas regresan a la sombra con bebidas o helados, mientras otras vuelven al mar sin detenerse, y los niños continúan corriendo entre la arena y el agua.
A lo largo de la playa, cada grupo mantiene su propio plan. Hay quienes se quedan sentados conversando, quienes no salen del agua, quienes siguen con el balón y quienes terminan de comer antes de volver al mar. Para muchos, estos días representan una pausa frente a la rutina diaria. “Momentos que a veces no se pueden hacer en los días cotidianos”, dice Castro, mientras reúne a su familia. (I)