Frente a la tumba de Julia Flores y Luis Molina, la música no dejaba de sonar. Una tras otra salían de un parlante las canciones de Julio Jaramillo, porque esas eran las que les gustaban a ambos.
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El cementerio general de Manta, el más grande de la ciudad, estaba lleno este sábado.


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Frente a la tumba de Julia Flores y Luis Molina, la música no dejaba de sonar. Una tras otra salían de un parlante las canciones de Julio Jaramillo, porque esas eran las que les gustaban a ambos.