En el 2021, la producción de maíz en el Ecuador fue de 1′699.347 toneladas, producidas en 291.710 hectáreas, con un rendimiento promedio de 5,83 toneladas por hectárea, según cifras oficiales, números en los que no coinciden productores e industriales que manejan, cada uno, diferentes cantidades.

Por ejemplo, la industria de la proteína animal estimó que la producción el año pasado fue de solo 1′350.000 t. Este sector utiliza el maíz como materia prima y proyecta este año un descenso en la producción de al menos 200.000 toneladas, es decir, que solo llegaría a 1′150.000 toneladas, según sus cifras.

Esto, según Jorge Josse, director ejecutivo de la Asociación de Productores de Alimentos Balanceados (Aprobal), agravaría aún más el déficit que históricamente tiene el sector productor para abastecer la demanda nacional que es de 1′600.000 toneladas, que incluye 1′500.000 toneladas para la industria de la proteína animal y 80.000 toneladas más de diferentes sectores alimentarios.

“Esto significa que si el déficit del año pasado fue de 230.000 toneladas, este año será considerablemente mayor”, menciona preocupado Josse, que también maneja una cifra diferente sobre el déficit que según el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) se ubica en solo 132.108 t, según lo consensuado en la mesa técnica del 30 de noviembre de 2021 entre los actores de la cadena (productores, productores de proteína animal y empresas de balanceados), explicó la cartera de Estado.

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Sin embargo, Aprobal no es la única inquieta por la situación, otros gremios de la cadena como la Asociación de Productores de Alimentos Balanceados (Afaba), la Asociación de Porcicultores del Ecuador (ASPE) y a Corporación Nacional de Avicultores del Ecuador (Conave) señalaron que los bajos rendimientos de la cosecha de maíz se deben a la falta de fertilización adecuada y la presencia de la mancha de asfalto.

A esto se suma, según Josse, que luego de superada la pandemia ha habido una reactivación de la economía y el consumo de proteína animal, especialmente pollo, huevos y cerdo, ha crecido por sobre el 4 % en relación con el 2020.

El industrial reveló que anualmente se alimenta a 275 millones de broilers (pollos de engorde), 1,3 millones de pavos, 3,1 millones de reproductoras (gallinas madres), 2,4 millones de cerdos de engorde tecnificados, 110.000 cerdas madres, 600.000 vacas lecheras y 12′200.000 gallinas ponedoras.

Con el maíz, la industria de proteína animal alimenta a 3,1 millones de reproductoras (gallinas madres), y 12'200.000 gallinas ponedoras, entre otros animales como cerdos y vacas. Foto: Cortesía de la la Asociación de Productores de Alimentos Balanceados (Aprobal)

Para esta parte de la cadena la solución para aliviar el déficit de producción es la importación de maíz. Una opción que los productores maiceros no comparten, por lo menos hasta que termine la cosecha.

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Henry Peña, presidente de la Corporación de Maiceros Ecuador Productivo, indicó que se siembra desde el 20 de diciembre de cada año y se empieza a cosechar en la última semana de abril, lo que dura hasta agosto o septiembre de cada año, aunque en este año prevé que la cosecha termine en julio próximo.

También maneja sus cifras, al indicar que su sector, que incluye a unos 800.000 agricultores, produce cerca de 1′400.000 toneladas, que según el dirigente cubre la demanda nacional, aunque reconoció que este año habrá un déficit de producción. En cambio, según el MAG existen solo 82.000 productores a nivel nacional que se concentran en las provincias de Manabí, Los Ríos, El Oro, Santa Elena, Guayas y Loja.

En tanto, Peña responsabiliza a la baja producción a la calidad de las semillas, que lamentó no ha respondido a las expectativas del clima y de los agricultores, el elevado costo de los fertilizantes e insumos y la falta de créditos para el sector.

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“Todos estos factores van a evidenciar de que no vamos a llegar, tal vez, a lo que llegamos siempre, a estar cubierta la demanda nacional”, manifestó Peña, quien, sin embargo, indicó que tienen que esperar a que la industria absorba toda la cosecha nacional para que el MAG, a través de un Comité Técnico en un Consejo Consultivo, permita la importación.

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“En ese momento se analiza y se ve si es que amerita o no una importación, por eso es el Comité Técnico, el Comité recomienda al ministro..., pero en esto hay un desacuerdo con la industria porque ellos siempre quieren tener más maíz de la cuenta”, sostuvo el dirigente, quien calculó que la industria consume 100.000 toneladas al mes, esto equivale a 1′200.000 toneladas al año, 300.000 toneladas menos de las que dice consumir ese sector.

“Estamos todavía en cosecha, mientras no se evacue el último grano no hay la posibilidad de que importen, no podemos importar por adelantado, no sabemos cuánto es que necesita la industria. El nuevo ministro ya debe estar sentándose con la cadena a ver qué hace y qué no hace”, reiteró el presidente de la Corporación de Maiceros, quien reveló que en las últimas semanas se conoció, a través de redes sociales, de una supuesta nueva importación.

Al respecto, indicó que según sus averiguaciones se trata de un remanente del producto que el MAG autorizó importar en diciembre del año pasado y que no llegó a tiempo por los problemas logísticos globales. “Me imagino que debe ser eso, yo no me he enterado de que ha habido una importación de maíz”, reconoció Peña.

Josse, por su parte, confirmó que en octubre y noviembre del año pasado el sector industrial notificó al MAG la necesidad urgente de cubrir el déficit de 225.934 toneladas que se iba a presentar hasta abril de 2022.

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“El MAG inicialmente autorizó la importación de 150.000 toneladas. Posteriormente, en vista de que eran insuficientes, solicitamos un cupo adicional de 20.000 toneladas, especialmente para cubrir las necesidades de abril por el atraso que se presentaría en la cosecha”, sostuvo el representante de los industriales, quien aclaró que la cosecha, que ya se ha iniciado, está siendo absorbida normalmente por la industria y así continuará siendo en los próximos meses y que estas importaciones no han afectado ni van a afectar en lo más mínimo la absorción de la cosecha nacional.

Sin embargo, desde el MAG se confirmó que se administró un volumen total de importaciones de 151.786,17 t de maíz amarillo duro, para cubrir el déficit de diciembre de 2021, enero, febrero y marzo del 2022, según lo estipula el Acuerdo Ministerial 134, el maíz debió ser nacionalizado máximo a finales de marzo pasado. Los principales países de los que Ecuador importa maíz duro son: Argentina (89 %) y Estados Unidos (11 %).

El nuevo titular del MAG, Bernardo Manzano, confirmó a Diario EL UNIVERSO que no ha autorizado nuevas importaciones de maíz.

“Mi filosofía es que primero se compra la producción nacional y luego hay que hacer las importaciones si hacen falta, normalmente faltan entre 100 y 200.000 toneladas. Este año puede ser un poquito más por los costos de los productos, se ha producido menos, por problemas de lluvia, pero en todo caso primero hay que completar eso y de ahí el tema de las importaciones porque igual la industria necesita para el balanceado, son industrias importantes que también hay que satisfacer”, explicó Manzano, quien aseguró que hay que saber los tiempos de importar para que no moleste al precio ni a la producción nacional.

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Mientras, Josse insistió en que la industria necesita comprar todo el maíz nacional y una cantidad adicional a eso para no sufrir una afectación en la producción de alimentos balanceados y que impacte a la producción de proteína animal.

Los precios que la industria está pagando actualmente por el quintal de maíz seco y limpio, bodega vendedor, son de alrededor de $ 19, el 22 % superiores al precio mínimo de sustentación, que para este año es de $ 15,57. “Los productores particulares, así como los gremios de productores están invitados a contactarnos para llegar a acuerdos comerciales”, sostuvo Josse.

En tanto, el MAG proyecta para el nuevo ciclo del 2022 una cosecha de 1′678.255 t, tan solo 21.000 t menos que en el 2021; de las cuales alrededor de 1′139.285,01 t deben ser absorbidos por parte de las industrias y productores de proteína animal. (I)