El acuerdo de comercio recíproco firmado con Estados Unidos se percibe como una señal para cumplir compromisos para mejorar su inserción comercial, aprovechar oportunidades de inversión y sentar las bases para futuros avances en competitividad y comercio exterior. “Hay que ver más allá de lo que simplemente está escrito o interpretado”, indica Alejandro Martínez, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Productores y Exportadores de Flores del Ecuador (Expoflores).
¿Qué análisis tiene Expoflores del acuerdo de comercio recíproco entre Ecuador y Estados Unidos?
El acuerdo recíproco básicamente no es ninguna otra cosa que ponerse de acuerdo sobre ciertos temas referentes a las cosas que la Administración, tanto el Gobierno americano como el ecuatoriano, pueden ejecutar; es decir, no requiere de cambios legales, normativos, sino simplemente gestiones simples.
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Ahora, Ecuador como tal, independientemente del acuerdo, no es que ha sido un referente adecuado en normativa de comercio.
¿Qué significa que Ecuador no es un referente adecuado en normativa de comercio?
Siempre ha tendido a montar este tipo de pararancelarios en muchísimos aspectos que tienen que ver sobre todo con la importación, punto uno.
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Y dos, generalmente Ecuador no tiene una buena trayectoria respecto a cumplir ciertos compromisos, sobre todo referente al comercio...
Tenemos que entender que este acuerdo no es un tema de calificar la calidad del acuerdo. Es un tema de calificar que estamos dando un primer paso hacia un diálogo constructivo sobre el comercio con una de las economías más fuertes del mundo, pero sobre todo con una economía de mayor consumo en el mundo. Esta dinámica la tenemos que entender sí o sí.
Estados Unidos también tiene su agenda. ¿Qué líneas considera que manejan?
La mayor parte de la agenda del Gobierno de Estados Unidos tiene dos líneas. La primera tiene que ver con esta sobreintención de fomentar de una u otra manera producción nacional, producción que dejó de hacer hace 30 años o que está dejando de hacer por la acumulación de problemas en estos 30 años. Eso es un factor importante.
Estados Unidos ha firmado muchísimos acuerdos comerciales pero, en general, hoy en día 30 o 35 años después en algunos casos, ha visto que estos acuerdos comerciales no necesariamente cubrían todos los aspectos necesarios para poder generar un equilibrio al comercio. ¿Cuál es el problema de no generar un equilibrio al comercio? Muchos.
¿Ecuador cede con este acuerdo?
Cede cosas que no necesariamente son malas, restricciones a generar competitividad, porque esto es a la larga, si tenemos cupos o aranceles con limitaciones de entrada a Ecuador, lo que hemos generado a lo largo de estos años es que esa industria nacional se vuelva en cierta medida cómoda y no adecuadamente competitiva.
¿Qué significa que en cierta medida se vuelva cómoda y no competitiva?
Nos hemos dedicado en política pública a enfocarnos en otras cosas, cuando tenían que haberse enfocado en competitividad.
Han escuchado de muchos de estos sectores que se ven afectados y su respuesta es que van a quebrar. No es cierto; no es que van a quebrar, porque no han quebrado tampoco, pero a la larga, si quieres entender un poco más afinado, el problema de fondo se llama competitividad. No hay factores de competitividad.
Ahora, casi todo ese desgravamen, esa apertura de cupos que refiere Estados Unidos dentro del acuerdo es prolongado. Estamos hablando de cuatro años en muchos casos.
¿Y qué gana Ecuador?
Ecuador gana una especie de garantía, porque la Administración Trump va a seguir con esto sí o sí...
Si el Congreso americano en los últimos ocho años no ha abierto la discusión sobre comercio, acuerdos comerciales, una serie de elementos, y políticamente no se ve que va a haber todavía esa acción, esa voluntad, entonces tiene que usar otro tipo de medidas que te dejen de una a otra manera manejar o administrar comercio.
Entonces, nos guste, no nos guste, nos parezca, no nos parezca, la normativa que va a manejar el comercio en los próximos años va a ser esto. Son normativas de corto plazo y básicamente son administración ejecutiva.
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Con ese panorama, ¿qué hace el acuerdo?
A lo que está incluido en el acuerdo, le garantiza que no le afectarán las decisiones de administración ejecutiva respecto al comercio. Está colocándose en una buena posición, adecuada a la realidad de la normativa comercial que sí o sí va a pasar los próximos cinco, seis años.
Ahora, esto no se queda ahí. Si uno solamente se enfoca en el acuerdo, básicamente está perdiendo su tiempo; tiene que ir más allá... Es una buena oportunidad de dar un buen mensaje, de que por un lado quieren corregir algo que es incorrecto, y por otro lado queremos demostrar, no solamente a Estados Unidos, sino al mundo, que estamos comprometidos a cumplir compromisos. Entonces, esto abre las puertas para un siguiente paso.
¿Qué paso?
Si es que no has dialogado 20 años y más bien has tenido una especie de conflicto en el área comercial, las cosas no se van a arreglar de la noche a la mañana, pero tienes que empezar por un paso; esto es un gran paso. De aquí sí hay todavía espacio para seguir abriendo, ampliando estos acuerdos recíprocos en general.
¿Cómo queda su sector?
En el caso de las flores, se les incluye como excepcionales dentro de esto, lo cual es bueno. Es un trabajo que se ha hecho, muy arduo. Gran parte de este resultado es que los mismos productores americanos de flores sí hicieron el llamado a la complementariedad de la flor ecuatoriana. Entonces, entra en una categoría que en este caso, bajo la normativa administrativa, sí cabe dentro de lo que estamos tratando.
¿Los pone en mejor posición frente a Colombia, que compite con Ecuador en ese mercado?
En teoría, hacia el mercado americano, Colombia mantuviese el arancel cero por acuerdo comercial, pero tendría que acogerse a las sobretasas, sean estas 10 %, 15 %. Entonces, sería la primera vez que el Ecuador en términos de producto flor alcance mejor acceso preferencial al mercado americano.
Eso, sin duda, va a ser una motivación bastante buena el momento que esto suceda; pero, como digo, hay factores que este rato se están moviendo, que no creo, por ahora, que le dé tanta viabilidad a que el sector se vuelva a crecer de golpe, sino que va a crecer con mucha cautela.
Hay que ver qué pasa en las elecciones en Colombia también. Si es que gana uno de los candidatos que de una u otra manera tiene ese diálogo con Estados Unidos, Colombia va a volcarse a dialogar con Estados Unidos y tratar de retomar una agenda correcta como la de Ecuador. No va a ser pronto; eso le va a tomar un año, año y medio, pero lo va a hacer. Entonces, son factores que están cambiando constantemente.
Los sectores con preocupación, ¿qué opciones tienen?
Enfocarse en cuáles son esos factores que le generan menos y más competitividad, y con ello impulsarlos adecuadamente.
Creo que la función del Gobierno este rato es aprovechar de esto, en la buena intención de ir corrigiendo ya no solamente problemas de comercio, sino problemas internos de competitividad que efectivamente los ha tenido el país.
El mensaje es que es momento de despertarse, de aprovechar una muy buena oportunidad, porque la presión está en todas partes ahora, en los importadores, está en nosotros los exportadores, en el Gobierno, en el Estado ecuatoriano. Entonces, es un buen momento de resolver cosas que de una u otra manera no se han resuelto en 30 a 40 años. Hay que ver mucho más allá de lo que simplemente está escrito o interpretado.
Los sectores que se consideran afectados pueden señalar que es fácil decirlo porque el florícola sí está dentro del acuerdo...
Mucha gente está viendo esto como un acuerdo comercial tradicional, y no lo es. Lo recientemente firmado es un acuerdo que tiene implicaciones de corto plazo y mediano plazo. Sería lo máximo, pero es una señal, es una palabra. Es decir, como Ecuador estamos dando un mensaje de que estamos dispuestos a cumplir, a corregir las mismas trabas que Ecuador ha impuesto en términos de comercio, que las debería resolver con o sin acuerdo, por si acaso.
En términos globales, Ecuador debería haber resuelto esto hace 30 años y no mantener esta “pseudoprotección” a la industria nacional, porque la consecuencia de esa pseudoprotección lo que ha generado es que la política pública se desvíe a otras cosas, en lugar de haberse enfocado en competitividad, que como país necesito para los sectores importantes que generan empleo, pagan impuestos, etc. (I)