Los pobladores del sector de Puerto Santa Ana y de la parroquia Cumandá, en el límite entre las provincias de Pastaza y Morona Santiago, en la Amazonía, tienen inconvenientes porque el motor de la tarabita por la que cruzaban de una orilla a otra, sobre el río Pastaza, se dañó desde el año anterior.

El sábado 23 de enero Fernando Chávez, habitante de Puyo, se sorprendió cuando por turismo se trasladó a Puerto Santa Ana y observó que en la tarabita cruzaban algunas personas, pero esta era empujada por dos jóvenes subidos en los cables. Ante ello sacó su celular y grabó el episodio que le pareció inverosímil.

Aseveró que las malas condiciones de las vías de comunicación para llegar, sobre todo, a las comunidades más alejadas de la Amazonía, especialmente en la provincia de Pastaza, obligan a atravesar en unidades de transporte por ríos, algunos correntosos.

Chávez lamentó que no haya atención de las autoridades para que las comunidades tengan vías en buen estado. Por esa razón la ciudadanía se ve obligada a utilizar medios como la tarabita, a pesar del estado en el que se encuentra.

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No obstante, aquello supone un riesgo considerando que la ruta de la tarabita es de unos 100 metros de largo por 40 metros de alto hasta el lecho del río.

Diego Escobar, periodista de la revista digital El Yucazo, sostuvo que lo que sucede con la tarabita es el olvido histórico en el que han vivido las provincias de Pastaza y Morona Santiago.

Refirió que las imágenes llenan de vergüenza, pues las personas deben cruzar a diario el río Pastaza, uno de los más grandes del país, sin las seguridades del caso.

Para el comunicador social no hay interés de las autoridades en mejorar las vías de comunicación en la región, donde comunidades como Agua Santa 1 y Agua Santa 2, se dedican a la siembra de pitahaya, papa china, plátano, caña, entre otras frutas.

Esos productos, a su vez, son trasladados en la tarabita.

Escobar agregó que cuando se daña la tarabita otra opción de los comuneros es cruzar en canoa por el río caudaloso.

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Medio más directo

Guidmon Tamayo, alcalde de Mera, recordó que la tarabita tiene unos 60 años de funcionamiento y que ha servido para la conectividad entre las provincias de Pastaza y Morona Santiago, en la parte más cercana de su cantón con Palora.

Este, mencionó, ha sido el medio más directo de comercialización en la zona.

Contó que anteriormente había una gabarra en Puerto Santa Ana, pero que con la construcción del puente en Tashapi se la retiró. Posteriormente y hasta la actualidad la tarabita quedó como un medio de movilización rápido porque por ahí a Palora se llega en 20 a 30 minutos, mientras por el puente la ruta toma dos horas.

Tamayo refirió que al ser la conectividad y vialidad competencias netamente del gobierno provincial la tarabita ha sido manejada por esa instancia. Por eso, remarcó, insistirá en que se arregle el motor que demandaría aproximadamente $ 600 de inversión.

El Municipio afirmó estar presto a articular acciones para ello.

El alcalde indicó que con la prohibición de movilización por la pandemia, en marzo pasado, la Comisaría Nacional retiró la canastilla de la tarabita porque los comuneros no cumplían la disposición. Cuando la medida se levantó el motor sufrió ciertos desperfectos como consecuencia de la para.

Tamayo aseguró que conociendo el peligro que supone la manipulación manual de la tarabita se prohibió su uso y el cabildo ejecuta controles.

Sin embargo, señaló, los comuneros aprovechan cuando no hay la vigilancia para usarla. “Se les permitió tener dos canoas como alternativa de conectividad, pero tratan de hacerlo por el cable (tarabita) como antiguamente se hacía de manera manual”, manifestó el alcalde de Mera.

Conectividad compleja en comunas amazónicas

Guidmon Tamayo, alcalde de Mera, mencionó que entre las alternativas para la conectividad rápida con Palora en algún momento se pensó en poner una nueva gabarra con el fin de facilitar la movilización hacia los centros de comercialización en menor tiempo, que es por Mera.

No obstante, aquello no prosperó. El Municipio aseguró que está dispuesto a colaborar para el arreglo del motor. (I)