El agua dulce aún es abundante en Ecuador, pero el nulo o mal manejo de las aguas residuales y de la riqueza hídrica hace que se contamine o desperdicie.

Esta realidad contrasta con lo que ocurre en Estados Unidos donde el recurso empezó a cotizar en la bolsa de valores con el fin de regular su precio al alza en California debido a la escasez.

Ahora los inversionistas pueden apostar sobre la falta o abundancia del agua en un futuro cercano, parecido a lo que sucede con el petróleo, con la diferencia de que este cotiza en un mercado real.

80 % del agua disponible en Ecuador se va en regar solo una tercera parte de los cultivos del país

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El marco legal blinda al Ecuador de llegar a esta situación ya que establece que el agua es un patrimonio nacional de uso público y prohíbe toda forma de privatización, dice Tarsicio Granizo, exministro del Ambiente y director del Fondo Mundial para la Naturaleza en el país.

Granizo señala que la distribución no equitativa del líquido si es un problema. “Hay zonas de Manabí, Loja, Pichincha y Azuay donde es escaza y en otras es abundante”.

Ecuador posee una de las mayores ofertas hídricas del continente con más de 26.000 m³ por habitante al año, extrae apenas el 7% de sus recursos acuáticos y tiene un bajo valor agregado por agua extraída de $ 8,76/m3, solo más caro que en Guyana ($ 1,93/m3) y Chile
($ 6,41/m3) en Sudamérica.

Pero “hay serios problemas de contaminación” se reconoce en el Examen Nacional Voluntario Ecuador 2020 que mide los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El 80% de la basura generada en el país va a los botaderos a cielo abierto, donde las condiciones para el reciclaje son difíciles de manejar, añade el informe. Esto genera lixiviados, dice Granizo, que se filtran por la tierra y contaminan las aguas subterráneas.

Los sembríos llegan a las riberas del río Daule que provee del líquido a varias provincias del país. Foto: Cortesía Jaime Camacho

El Código Orgánico de Organización Territorial establece que los gobiernos autónomos descentralizados municipales son los encargados de dotar de forma exclusiva del servicio público de agua potable, depuración de las residuales y saneamiento ambiental, entre otras competencias.

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La minería también contamina los ríos, agrega Granizo: “Está pendiente un mapa de exclusión minera que debería incluir las zonas de recarga hídrica como los páramos, importantes en la producción”.

Pablo Lloret, director ejecutivo de la Fundación Futuro Latinoamericano, asegura que no hay una gestión integral del recurso como determina la Constitución. “Hay que considerarla en todos sus ciclos, desde sus fuentes hasta la disposición final. El grueso de la inversión estatal se ha centrado en la parte media, en infraestructura, y no hay esfuerzos para conservar las fuentes y no se destina para la descontaminación luego del uso”.

Más del 90% de los Municipios no trata sus aguas servidas, dice Giovani Ginatta, secretario técnico de Fondagua, que trabaja en la conservación de la cuenca del río Daule que abastece a una tercera parte de la población nacional.

Este manejo, afirma Lloret, deja impactos ecológicos con los trasvases de cuencas que desvían aguas que desembocaban en el Atlántico para abastecer a Quito, y este flujo ahora desfoga en el Pacífico.

Hay menor acceso al agua segura

En el Examen Nacional Voluntario Ecuador 2020 solo se destaca en el apartado del objetivo de desarrollo sostenible seis: Agua Limpia y Saneamiento, los indicadores en los que hay avances al 2019 como el porcentaje de hogares que usan servicios de saneamiento básico y que disponen de instalación para lavarse las manos con agua y jabón. Pero no se mencionan las cifras más actualizadas del acceso a agua segura y de calidad (sin la bacteria Escherichia coli) en las que hay retrocesos.

El acceso a riego avanza lento. La superficie regada con los sistemas públicos y comunitarios fue de 760.473 hectáreas en 2016 y subió a 761.997 ha en 2019.

Sin embargo, detalla el documento de la Secretaría Técnica de Planificación, solo el 50,5 % de la población cuenta al mismo tiempo con agua segura, saneamiento básico e insumos para el lavado de manos.

Aunque el acceso al agua ha mejorado, añade el informe, persisten importantes brechas para ello. En las áreas urbanas, la obtención de estos recursos depende de los ingresos y de la oferta existente, mientras que en las zonas rurales, de los recursos del entorno. (I)