Desde hace 20 años, el artesano Guido Márquez plasma diversos paisajes y sitios icónicos de Ecuador en sus artículos naturales y reciclados.
Con pinceles de diferentes tamaños y con una variedad de colores, él, desde su local, se ha convertido en una especie de guía turístico. Su taller está en el Centro Municipal Artesanal.
Su especialidad es pintar a mano elementos miniaturas de la cotidianidad y que muchas veces pasan desapercibidos.
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En pequeñas copas de vidrio pinta iglesias de Cuenca que miden tres centímetros de ancho por cinco de largo. Y en semillas de un árbol conocido en la Amazonía como Corazón de mono está un minipaisaje.
Asegura que le gusta pintar en colores vivos, porque eso representa la variedad y la vida que hay en Ecuador. Aunque geográficamente es un territorio pequeño en comparación con países vecinos, hay tanto por ver, dice. Y a muchos “la vida no nos alcanzará”.
Por eso, agrega, parte de su labor es mostrar a los turistas extranjeros y reeducar a los nacionales sobre los lugares que tal vez nunca lleguen a conocer, pero que son posible apreciar con sus trabajos.
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Una muestra de esto es un huevo de avestruz que exhibe en la parte superior de una vitrina, donde pintó la variedad de flora y fauna que existe en la selva ecuatoriana.
Por las decenas de elementos que tiene esta obra, él la compara con la novela Cumandá, del escritor ambateño Juan León Mera. Pero también hay otros objetos más pequeños como pedazos de lata reciclados, en los que –después de limpiarlos– pintó un diablo Huma.
Cada trabajo de Guido Márquez es único, sostiene. Y aunque puede tener el mismo motivo, siempre tendrá un detalle que lo diferencia porque todo lo realiza a pulso, sin plantillas.
Al ser un trabajo netamente manual adquiere más valor al del precio en dólares marcado en las etiquetas. Y en cada trabajo se queda algo de su espíritu como autor, agrega.
Él mira con agrado que las artesanías con diseños nativos ya dejaron de ser un artículo apreciado mayoritariamente por los extranjeros. Cuenta que desde hace unos diez años los ecuatorianos empezaron a interesarse en estos artículos y detalles, que son parte de la identidad y de la historia de los pueblos.
“Hay una vuelta a las raíces por lo que se ve en revistas, documentales; se rescata el valor que estaba descuidado”, dice.
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Los precios de sus productos van desde $ 2,50 en adelante. También realiza trabajos exclusivos y personalizados como una imagen de la Reserva Geobotánica Pululahua, que impactó a una turista extranjera. Ella le pidió que lo traslade a un recuerdo que llevó a su país.
El taller de Guido Márquez está en la planta baja en el Centro Municipal Artesanal, ubicado en el Centro Histórico de Cuenca, frente a la plaza de San Francisco. Aquí no funciona un local de ventas, sino una galería activa donde más de 80 artesanos trabajan en vivo y en directo en textil, joyería, paja toquilla, madera, instrumentos musicales, entre otros. (F)
Cuando uno hace un trabajo una parte de uno se va ahí, lo siente, lo vive, lo aprecia. Los colores son diversos, si usted recorre Ecuador, no le va a alcanzar la vida para cubrir la oferta intercultural”. Guido Márquez, artesano




















