Fue una reunión de ecuatorianos integrados en diversos grupos. En el grupo cercano charlaban de “curitas”. Aprecié la cercanía con el clero, pues hablaban de los “curitas”. Las realidades comentadas eran varias. Juzgaban a los sacerdotes desde todos los gustos. Unos los alababan a secas; otros reprochaban con nombre y apellido a los que identificaban como aficionados a la plata. “Se hacen ricos con las limosnas”. Me pregunté: ¿A cuántos conocen? ¿Conocen toda la realidad? En el cesto de las limosnas confluyen los centavos de los parroquianos. En algunos templos citadinos cae equivocadamente algún billete de $ 5 y rara vez de $ 10.

Hace pocos días, hablando en el seminario San Pedro de Portoviejo, comenté: El que hoy acepta “hacerse cura” por plata es tonto de remate. Ser cura no es una profesión. El dinero le es necesario para servir; poco sirve a su persona.

En ese grupo vecino comentaban que hay “curitas de modales libres”, insinuando que algunos tienen dividido el corazón… ¿No sería mejor su matrimonio? Extendí el oído y puse más atención.

Me llamó la atención el acierto con el que alguien se refirió a Abel, el hijo de Adán, quien ofreció a Dios su mejor oveja. Veía en la ofrenda de Abel una semejanza con el celibato. Me llamó la atención el acierto en comparar la ofrenda libre de la mejor oveja.

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Considerando demasiado complejo el tema, para dilucidarse a la ligera, me pidieron que me integrara en ese grupo. Les conté que en una conversación escandalicé a algunos, porque afirmé que no ha de llamarse al sacerdocio ministerial a un varón al que no le atraigan las mujeres, porque a Dios no se ofrecen los huesos, los restos, sino lo más valioso.

Ofrecer a Dios el sacrificio de esta mejor oveja es imposible, sin una doble ayuda: la ayuda del Señor, que invita a ofrecerle este amor, para servir a todos; y la ayuda de los servidos por el consagrado. Condenan con mayor ligereza los exigentes en ser servidos y tardos en ayudar.

El tema política no podía faltar. Se confundían política como búsqueda del bien común (todos tenemos que buscarla) y política como búsqueda de ese bien común desde un enfoque partidista y desde el poder. (El clero no puede empeñarse en política partidista).

Los clérigos y los demás creyentes podemos discrepar, discrepamos, frente a enfoques partidistas. Debemos ser pensantes y libres; no ovejas. Debemos coincidir: 1º En las pocas verdades (10), tomadas de la Biblia y declaradas como dogmas de fe. (Una principal: Cristo Hijo de Dios, que asumió nuestra humanidad).

2º En los valores humanos íntimamente conexos con verdades de fe, como fraternidad, verdad, libertad, responsabilidad, justicia.

Es realidad dolorosa la débil atención de unos pocos clérigos a la libertad, a la justicia. Como si fueran solterones, no participan en gozos y esperanzas de la comunidad. Son también realidad –no publicitada– los muchos clérigos empeñados en callados servicios diarios. Conocí, entre otros contemporáneos, al obispo argentino Enrique Angelelli, asesinado por defender a los pobres, y al valiente obispo cubano Pedro Meurice. (O)