En el marco del debate legislativo sobre el proyecto de Ley de Cultura presentado por el Ejecutivo y alimentado por los procesos de socialización, la discusión mediática se ha centrado en pocos artículos.

Sobre el tema se ha consultado a políticos, representantes de asociaciones comerciales y funcionarios públicos, quienes con plena validez han expuesto a la ciudadanía su punto de vista.

Sin embargo, pocas voces de gestores culturales y artistas, desde la academia e instituciones tanto artísticas como culturales, se han expresado, cuestión que es fundamental para un análisis integral del proyecto.

Es muy relevante el poder del arte dentro de la cultura y por qué debe convertirse esta ley en el eje transversal de las políticas de Estado. Si el valor de la cultura es vital en procesos de desarrollo humano, ¿cómo pueden contribuir, de forma exitosa, los elementos artístico-culturales a confrontar los retos del futuro?

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La utilización del arte dentro de la cultura como elemento participativo en el proceso de desarrollo económico y social es generalmente un tema casi ignorado en la sociedad ecuatoriana. En una “economía del conocimiento”, el arte dentro de la cultura es un recurso inagotable, imprescindible y abundante para generar conocimiento.

La importancia de la aprobación de la ley radica en muchos factores, siendo uno de los más significativos que el sector artístico-cultural cuente con un cuerpo legal que respalde sus actividades de creación, emprendimiento, promoción, difusión y circulación de bienes y servicios y sus derechos culturales.

El desarrollo sostenible de una sociedad depende ahora de la capacidad de creación e innovación y de cómo se aplican estas nuevas ideas a la utilización de las nuevas tecnologías de comunicación.

El desarrollo cultural sustentable intenta equilibrar los principios de desarrollo económico, de justicia social y de responsabilidad, mediante el restablecimiento de los valores sociales e individuales sobre la actual cultura de consumo. No cabe duda de que las satisfacciones materiales contribuyen significativamente al desarrollo individual y al comunitario; sin embargo, estas no son suficientes ni garantizan el bienestar social mental y espiritual de las sociedades.

De ahí que la calidad de vida de una sociedad está profundamente ligada con las políticas culturales y su capacidad para desarrollar un sentido de pertenencia, capital social y de respeto ante la diversidad de actores y culturas.

El arte dentro de la cultura también promueve el desarrollo de ciertas herramientas que son indispensables para el crecimiento económico, en este sentido posee un valor instrumental, tal como la educación artística.

La participación activa de la comunidad en programas o eventos de difusión artístico-cultural es un componente esencial de una sociedad próspera y sustentable. A través del arte podemos desarrollar valores culturales como la identidad y la cohesión social. De ahí la importancia de la participación de todos los sectores e instituciones con aportes concretos. (O)

* Doctora en Ciencias del Arte, especialidad Gestión Cultural