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Oleajes causaron daños en áreas costeras de Esmeraldas y Manabí

Afectados trataban ayer de rescatar los bienes que tenían en sus locales, así como la madera de estos.

LOS ARENALES, Manabí. La fuerza del oleaje dañó parte del malecón de este sector pesquero de Crucita, en Portoviejo. Foto: redaccion

El oleaje y aguaje de los últimos tres días (del domingo hasta ayer martes) afectaron a localidades costeras del país y dejaron daños materiales en zonas de Manabí y Esmeraldas.

En la parroquia Crucita de Portoviejo, Manabí, Esteban Calderón buscaba ayer parte de los palos, tablones y cañas que le quedaron luego de que la cabaña se desplomara la madrugada de ayer, tras el golpe y la fuerza de las olas. Él contó que en esta infraestructura invirtió $ 3.000 para realizar sus labores de faena de sardinas en la playa de Los Arenales.

Según Calderón, unas 15 cabañas habrían sido afectadas por el aguaje, que provocó que parte del malecón cayera.

Liseth Delgado no salía ayer de su asombro, ya que ella percibió, desde la tarde del lunes último, cómo la fuerza del mar comenzó a mermar parte del malecón. La madrugada de ayer vio, en cambio, cómo quedó afectada la cabaña de su mamá, donde faenaban las sardinas y las pinchaguas.

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“Mi mamá lloraba de la desesperación y de la impotencia porque (el oleaje) se llevó todo”, expresó Delgado.

Familias como la de Dolores Moreira evacuaron semanas atrás por precaución, pero hay quienes se resisten a dejar sus viviendas, que quedaron a pocos metros del abismo.

Orfa Cabezas, de la zonal 4 de Gestión de Riesgos, dijo que solo tuvo reporte de afectaciones en Los Arenales.

En cambio, en la provincia de Esmeraldas, el cantón más afectado fue Muisne, al sur. Ahí se reportaron daños y un balance preliminar de más de diez damnificados en la isla Portete, parroquia Bolívar.

Según moradores de esta localidad, tres locales de comida fueron destruidos por la fuerza del mar y otras cinco edificaciones quedaron afectadas. Ayer, otros moradores derribaron sus cabañas para tratar de salvar la madera y los bienes que tenían en estas construcciones.

El oleaje y aguaje también se sintieron en Atacames y Súa. En la primera localidad algunos bañistas se metieron al mar, pese a la colocación de banderas rojas y a las advertencias de peligro que les hacían por megáfono los rescatistas. (I)

Redacción
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