La importancia que tienen las empresas familiares en el desarrollo económico de un país y cómo hacer que en América Latina se optimicen con un debido gobierno corporativo fueron algunos de los temas que Juan Corona, director general del Instituto de la Empresa Familiar de España, expuso en el primer Foro de Familias Empresarias que organizó la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES), la semana pasada y que compartió con EL UNIVERSO.

¿En un país pueden desaparecer las empresas familiares?
Me cuesta mucho imaginar un país sin empresas familiares porque lo más normal es que entre el 80 % y el 90 % de estas sean familiares (...) diría que hay que conseguir que sean más grandes, porque crean más empleo, riquezas y prosperidad. La Unión Europea (UE) va a aprobar una resolución en septiembre para los 28 países miembros en la que recomienda que adopten en sus normas legales las medidas posibles para reforzar y preservar a las empresas familiares.

¿Qué diferencias hay entre las empresas familiares en España y en Ecuador?
Hay similitudes y diferencias. Las similitudes son que tanto la economía ecuatoriana como la española, la alemana, la inglesa y otras, básicamente, descansan en empresas familiares, unos más y otros menos (...) y la diferencia es que hay más conciencia de empresa familiar en Europa que en toda Hispanoamérica, donde todavía no hay la conciencia de que la empresa familiar requiere de un tratamiento especial.

¿Cuál es el problema en América Latina?
Acá la idea es que la familia y la empresa están mezcladas y, por lo tanto, las decisiones familiares afectan a la empresa y lo que se hace en la empresa debe depender de los objetivos de la familia. En Europa, la empresa familiar es gobernada por una familia, pero es una empresa y no tenemos que mezclar las cuestiones familiares con las empresariales.

¿Qué decisiones se deben tomar en una empresa para ser exitosa?
Profesionalizar la empresa, elegir a directivos no familiares de máximo nivel, es un poco de lo que se ejercita en Europa en los últimos 25 años, hay que hacer un esfuerzo para que no tengan que desaparecer en la segunda o tercera generación. (I)