Cuando Lin Han sonríe sus ojos rasgados se esconden más. “Uno tiene mujel, tiene hijo, familia, tiene negocio, tiene suelte”, dice para asegurar que el nombre de su restaurante, El Trébol Rojo, ha sido su amuleto desde hace seis años en que montó su negocio en la calle Colón, a la altura de Rumichaca, en el centro de Guayaquil.