Durante varios años, la ecuatoriana Ivette Martínez (@mona.viaja) conoció ciudades desde las alturas. Empezó a viajar desde los 19 años como tripulante de cabina en una aerolínea, acostumbrada a aterrizar en distintos destinos para volver poco después a la rutina de los vuelos. Pero a los 26 años decidió renunciar. La idea inicial era irse a Australia por una temporada; terminó quedándose ocho años mientras acumulaba rutas, países y una relación cada vez más distante con la vida fija.
“Siempre he sido muy inquieta. La aventura empezó desde que salí del colegio. Empecé a trabajar muy joven en una aerolínea con la idea de recorrer el mundo. Eso fue hace 15 años. Aunque tenía un trabajo muy hermoso, no estaba viviendo mi sueño”, cuenta Ivette sobre el comienzo de su vida lejos de Ecuador.
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Primera parada: Australia
En este país, la viajera esmeraldeña encontró las oportunidades para ir construyendo y haciendo realidad su lista de 102 cosas por hacer (antes de morir). “Quería conocer otra cultura, perfeccionar el inglés, estudiar, y Australia me daba la oportunidad de hacer todo junto, porque la visa de estudiante te permite trabajar. Ahí estudié Hotelería y Turismo y, una vez que me gradué, apliqué a visas de trabajo. Ahí empecé a viajar”, refiere.
Durante ocho años (tres de ellos estudiando y el resto trabajando y viajando) este país se convirtió en su hogar. “Cuando era estudiante viajaba a Asia durante mis vacaciones entre semestres; ahí empezaba a atreverme a viajar sola. Para hacer tu primer viaje sola, con mochila, hay que tener mucho valor”. En esas excursiones recorrió Indonesia, Tailandia, Vietnam, Camboya, India, Japón y China.
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“El primer país al que me atreví a viajar sola, de hecho, fue México, donde estoy ahora. Fue una locura; me dije: ‘Tengo que atreverme a viajar sola’, porque nadie podía ir conmigo y no puedo quedarme con las ganas de vivir mi sueño”, recuerda sobre su visita a la península de Yucatán.
Bitácora digital
Su afición por tomar fotos y grabar videos encontró una vitrina con público curioso por descubrir destinos nuevos con ella como protagonista. “Yo documentaba mi viaje y lo compartía en redes por diversión, en fotos y videos (...). Me lo tomé más en serio cuando comencé este viaje en Gitana (la casa rodante), por Centroamérica, con más tiempo, más experiencia y una idea más clara de lo que quiero transmitir”, agrega.
‘Van life’
Este estilo de vida basado en la libertad, la aventura y el minimalismo con un cámper, furgoneta o autocaravana como hogar permanente o temporal es el que practica y le permite viajar para cumplir su ruta soñada, que tiene como destino final (en esta primera etapa) la península de Alaska.
“Mi mayor reto ha sido atreverme a vivir en una casita sobre ruedas sin saber mecánica; ese ha sido mi desafío durante el camino”, dice, bromeando sobre su periplo.
Martínez relata que después de viajar como mochilera por Asia, y al pasar la época de pandemia, rentó en Australia su primera van. “Ahí es cuando me enamoro de este estilo de vida. Yo, a los dos días de la van rentada, sabía que esto lo quería hacer por el resto de mi vida. Devuelvo esa van y me compro un yip chiquito y lo empiezo a camperizar. Le pongo una carpa en el techo, le acomodo unos cajones atrás, coloco una segunda batería, una refrigeradora. Y así empiezo a viajar”.
Su tiempo en Australia terminaba; sin embargo, aún no estaba lista para retornar a Ecuador. Su destino: emprender una nueva aventura en otros territorios.
“Empecé a investigar sobre viajes por carretera en América del Sur, en América Central y del Norte, y ahí me encuentro con este mundo de la van life en Latinoamérica y todas las personas que están recorriendo la ruta panamericana. Me encuentro con mucha inspiración, mujeres, familias, parejas, personas que están haciéndolo en carros, en motos, caminando. Y esta vez, quería la comodidad de llevar mi casita a todas partes”.
Gitana: casa rodante
Es el nombre de su van de 9 metros de largo, una Chevrolet Express del 2000 con las comodidades que le permiten transitar tranquila en carretera y que compró en Panamá con placas americanas.
“Es casi tan larga como un bus. Tiene un sillón, tengo un espacio de comedor, tengo una cocina completa, refri, congelador, tengo ducha, un baño completo, una cama doble, tengo sistema eléctrico y de agua potable”, describe al auto con el que ha explorado ocho países.
Escala de amor: Mar
“Yo empecé este viaje sola y planeaba terminarlo sola, y en la frontera entre Nicaragua y Honduras encontré a Mar. Yo soy una amante de los animales y llevaba siempre comida de perritos, para los que me topaba en el camino”, señala.
Mientras hacía sus trámites de aduana, Mar empezó a seguirla y, aunque Ivette trató de continuar con su ruta, media hora después retornó por ella. “No me la podía sacar de la cabeza. Ella estaba muy enferma, no tenía vacunas y no tenía permisos para sacarla del país. Su tratamiento tomaba 4 meses. Contacté a una fundación de rescate en Honduras, se quedaron con Mar y yo continué el viaje a El Salvador, Guatemala, Belice y después regresé por ella. Ya estaba sana, le saqué sus documentos y podía cruzar frontera”, precisa sobre su perrita de 3 patitas, una discapacidad congénita.
El viaje con Mar requiere mayor planificación. Cada país le exige documentación de entrada y salida –distintos– para mascotas.
Parada final: Alaska
Las auroras boreales son el fin de la ruta Panamericana (que comprende aproximadamente 30.000 kilómetros de carreteras). “La Panamericana va desde Alaska hasta Ushuaia. Este es el final de Gitana y continuamos solo Mar y yo. Por tamaño y costos, es una locura llevarla a América del Sur”.
Estancia en México
Recorrer pueblitos mágicos, probar comida tradicional y conocer a los lugareños le han permitido ver otra cara de este país que la ha acogido desde hace dos meses como visitante.
“He aprendido a no planificar. Cuando estaba llegando a la frontera con Estados Unidos, me tuve que quedar por un problema mecánico y Migración me dio más tiempo. Entonces, estoy sin prisa”.
Rutas pendientes
Martínez, quien vivió en Quito hasta los 26 años, agenda a Ecuador en sus futuras travesías, en las que también menciona a África y la Antártida. (I)