Las videoconferencias se han convertido en parte de la rutina diaria para millones de personas desde que llegó el COVID-19. Si bien esta vía de comunicación ha facilitado el mantenerse en contacto con colegas del trabajo durante la pandemia, también ha hecho que varias personas se sientan agotadas después de un día lleno de reuniones virtuales.

Aunque hay varios factores que pueden propiciar este cansancio, denominado fatiga de Zoom por la popular aplicación de videollamadas, una nueva investigación publicada en el Journal of Applied Psychology sugiere que la cámara puede ser parcialmente culpable.

“Siempre existe la suposición de que, si tiene la cámara encendida durante las reuniones, estará más involucrado”, dice Allison Gabriel, autora principal del estudio y profesora de la Universidad de Arizona.

“Pero también hay mucha presión de autopresentación asociada con estar frente a la cámara”, afirma. Tener experiencia profesional y verse listo, o mantener a los niños fuera de la habitación serían algunas de las circunstancias que provocan tensión.

Publicidad

Gabriel realizó un experimento de cuatro semanas en asociación con BroadPath, una empresa de servicios de atención médica con sede en Tucson, Arizona. El estudio involucró a 103 participantes, todos empleados de BroadPath, y más de 1.400 observaciones. Gabriel y sus colegas descubrieron que, de hecho, es más agotador tener la cámara encendida durante una reunión virtual.

“Cuando las personas tenían cámaras encendidas o se les decía que las mantuvieran encendidas, informaban más fatiga que sus compañeros que no usaban cámaras”, dice Gabriel. “Y esa fatiga se correlacionó con menos voz y menos participación durante las reuniones”.

“Entonces, en realidad, aquellos que tenían cámaras estaban potencialmente participando menos que aquellos que no usaban cámaras. Esto contradice la sabiduría convencional de que las cámaras deben estar encendidas para que las personas participen en reuniones virtuales”, señala.

Mujeres y empleados nuevos, los más afectados

Gabriel también descubrió que estos efectos eran más fuertes para las mujeres y para los empleados más nuevos en la organización, probablemente debido a presiones adicionales de autopresentación.

“Los empleados que tienden a ser más vulnerables en términos de su posición social en el lugar de trabajo, como las mujeres y los empleados más nuevos, tienen una mayor sensación de fatiga cuando deben mantener las cámaras encendidas durante las reuniones”, dice Gabriel.

“Las mujeres a menudo sienten la presión de ser perfectas sin esfuerzo o tienen una mayor probabilidad de interrupciones en el cuidado infantil, y los empleados más nuevos sienten que deben estar frente a la cámara y participar para mostrar productividad”, asegura la investigadora.

Esperar que los empleados enciendan las cámaras durante las reuniones de Zoom no es la mejor manera de hacerlo, sugiere Gabriel. Más bien, dice que los empleados deben tener la autonomía para elegir si usar o no su cámara. Y otros no deberían hacer suposiciones sobre la distracción o la productividad si alguien elige no hacerlo.

“Al final del día, queremos que los empleados se sientan autónomos y apoyados en el trabajo para estar en su mejor momento. Tener autonomía sobre el uso de la cámara es otro paso en esa dirección“, concluye Gabriel. (I)