Astrónomos que utilizan el Telescopio Espacial Hubble de la NASA han documentado un fenómeno sin precedentes: la inversión en el sentido de rotación de un cometa, un hallazgo que ofrece nuevas pistas sobre la evolución física de estos cuerpos en el sistema solar.
El objeto en cuestión es el cometa 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, un pequeño cometa que orbita el Sol cada 5,4 años y que, según los científicos, probablemente se originó en el Cinturón de Kuiper antes de ser redirigido hacia el interior del sistema solar por la gravedad de Júpiter.
Tras su paso cercano al Sol en 2017, los investigadores detectaron un comportamiento inusual. Observaciones del Observatorio Swift Neil Gehrels mostraron que el cometa había reducido drásticamente su velocidad de rotación: en apenas dos meses, pasó a girar tres veces más lento.
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Sin embargo, el análisis posterior con el Hubble reveló algo aún más sorprendente. Para diciembre de ese mismo año, el cometa había acelerado nuevamente su giro, pero en sentido casi opuesto, con un período de rotación de unas 14 horas, frente a las 46–60 horas registradas previamente.
La explicación, según los científicos, apunta a los chorros de gas que emergen de la superficie del cometa. Estos flujos, generados cuando el hielo se sublima por el calor solar, actúan como pequeños propulsores. Si se distribuyen de manera desigual, pueden alterar significativamente la rotación del objeto.
“Es como empujar un carrusel”, explicó David Jewitt, autor principal del estudio y profesor de la Universidad de California en Los Ángeles. “Si gira en una dirección y luego empujas en sentido contrario, puedes frenarlo y hacerlo girar en sentido contrario”.
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Las observaciones también permitieron estimar el tamaño del núcleo del cometa en aproximadamente un kilómetro de diámetro, unas tres veces la altura de la Torre Eiffel. Este tamaño relativamente pequeño lo hace especialmente susceptible a cambios bruscos en su rotación.
El estudio, publicado en la revista The Astronomical Journal, subraya que este tipo de comportamiento nunca había sido observado directamente en un cometa.
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Además del cambio en su rotación, los científicos detectaron una disminución significativa en la actividad del cometa. Comparado con su paso por el perihelio en 2001, la producción de gas en 2017 se redujo aproximadamente diez veces.
Este descenso sugiere que la superficie del cometa podría estar cambiando rápidamente, ya sea por el agotamiento de materiales volátiles o por la acumulación de capas de polvo que limitan la liberación de gas.
A diferencia de otros procesos que toman siglos, los cambios observados en el 41P se desarrollan en escalas de tiempo humanas, lo que brinda una oportunidad única para estudiar la evolución de estos cuerpos en tiempo real.
Los modelos actuales advierten que, si continúa acelerando su rotación, el cometa podría volverse estructuralmente inestable. En ese escenario, las fuerzas centrífugas podrían superar su débil gravedad, provocando su fragmentación o incluso su desintegración.
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Los científicos estiman que el cometa ha permanecido en su órbita actual durante unos 1.500 años. (I)





