Para quienes arrancan el año con la idea de vivir solos, la primera decisión no es buscar departamento ni revisar precios. Es sentarse a entender cuánto cuesta la vida propia y si ese número se puede sostener sin ayuda externa.

Katherine Véliz, licenciada en Negocios Internacionales, coach de finanzas y directora financiera de BurgerLab, negocio de hamburguesas smash, lo resume en un concepto simple y pintoresco: el número mágico. Ese número es el costo mensual de existir. Incluye arriendo, alimentación, servicios básicos, transporte, internet y gastos personales. Es una cifra individual que se obtiene revisando los últimos meses de gastos reales. Una vez que ese número está claro, el siguiente paso es medirlo frente al ingreso.

No existe un sueldo mínimo universal para mudarse solo. Lo que sí existe es una regla, el arriendo no debería superar el 35 % del ingreso mensual. Si ese porcentaje se sobrepasa, el resto del presupuesto queda flojo y la independencia resulta frágil.

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Vivir solo implica asumir pagos, fechas y responsabilidades que antes no eran visibles. Foto: Shutterstock

Antes de pensar en fechas, Véliz plantea una condición previa: poder cubrir todos los gastos personales aun viviendo con los padres. Si eso no sucede, mudarse solo implica trasladar el problema, no resolverlo. El tercer paso es el colchón o fondo de emergencia. No es un lujo, es una base. Se calcula multiplicando el número mágico por tres. Si vivir cuesta $ 600 al mes, el fondo debería llegar a $ 1.800.

Ese dinero no es para invertir ni gastar, sirve para sostener la vida durante tres meses si algo falla en el periodo fuera. Construirlo puede tomar dos, cuatro o seis meses según el nivel de ajuste que cada persona esté dispuesta a hacer.

En esta etapa, el orden pesa más que la velocidad. Reducir gastos innecesarios, revisar suscripciones, controlar salidas y limitar el delivery permite redirigir dinero hacia ese fondo. No se trata de eliminar la vida social, sino de decidir cuánto se puede gastar sin desarmar el plan.

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No cometas estos errores

Uno de los errores más comunes aparece cuando se confunde independencia con libertad sin límites. Tarjetas de crédito usadas para amoblar la casa, compras impulsivas y la presión por tener todo suelen desajustar el presupuesto en los primeros meses.

Véliz insiste en que se puede tener todo, pero no al mismo tiempo. Otro desliz frecuente es no presupuestar los pequeños gastos repetidos: comida a domicilio, cafés diarios, suscripciones que no se usan. El problema no es el gasto en sí, sino no saber cuánto representa al mes.

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Desde la experiencia inmobiliaria, Kathy Franco, asesora en bienes raíces con más de diez años en el sector, señala que muchos jóvenes llegan al mercado sin cumplir requisitos básicos.

Firmar un contrato de arriendo sin leerlo completo puede generar problemas a mediano plazo. Foto: Shutterstock

Para alquilar hoy se exigen ingreso fijo, estabilidad laboral y documentación completa. El mercado evalúa historial crediticio y solvencia, incluso para arrendamientos pequeños. Cuando el plan financiero está listo y el fondo de emergencia armado, recién ahí tiene sentido mirar opciones.

Franco recomienda empezar por espacios manejables, como departamentos pequeños, y evaluar el sector, la constructora y el tipo de construcción antes de firmar. El precio no es el único factor: servicios, mantenimiento y ubicación influyen en el gasto mensual.

Para quienes proyectan compra a largo plazo, el orden previo es clave. Ahorro constante, deudas controladas y claridad sobre ingresos permiten acceder a mejores condiciones cuando llegue el momento de aplicar a un crédito.

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Todo es un plan

Para Véliz, el autocontrol suele fallar cuando aparecen los imprevistos o la presión de llegar a fin de mes. Por eso insiste en que la independencia se sostiene cuando existen reglas claras: fechas de pago, gastos delimitados y decisiones tomadas antes de que aparezca la tentación de desordenarse.

Al independizarse, todo queda a nombre propio. Desde ese momento, cada atraso o incumplimiento empieza a afectar el score crediticio. Ese registro condiciona el acceso a futuros arriendos, préstamos o créditos de vivienda.

Desde el ámbito inmobiliario, Franco observa que muchas personas firman contratos sin comprenderlos del todo. Alquilar o comprar de esa manera se termina convirtiendo en una carga para el joven primerizo. Saber con antelación permite que la independencia se construya con orden, margen de ajuste y permanencia en el tiempo. (I)

Antes de mudarse, revisar gastos y ahorros permite tomar decisiones sin improvisar. Foto: Shutterstock