Mi bella amiga, de repente es como si se hubiera parado el mundo, me dicen que te has ido para siempre, yo me pregunto: ¿cómo que para siempre? Amigas como tú permanecerán en mí eternamente, nunca, escúchame bien, tú no me vas a dejar sin tu amistad ni tus sabios consejos, vives en mi corazón y así será eternamente.

Sé que no podré volver a verte con mis ojos físicos, pero con los del alma, a cada instante, salgo a la terraza y te veo bañándote en la “poza” que forman las rocas del mar, estás junto a tu compañero eterno, Bruce, con Yoqui, María Josefa, Gino, Carlos Vera y conmigo, (yo mirando sin meterme al mar), te veo cantando en el karaoke, y por supuesto siempre llegando con algo en las manos, saludando llena de alegría a nuestros colaboradores con besos y abrazos, llegas tú y llega la alegría, la música, el baile, las risas, los abrazos sinceros, los zapatos fuera, y ni pensar en modas, todo fluye de la manera más honesta y sincera... ¿cómo describirte, amiga bella? Como periodista, incorruptible diciendo siempre lo que tengas que decir, sin compromisos con nadie, siempre educadamente, pero con la verdad por delante.

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¿Y como amiga? Eso es otra cosa, la primera vez que te vi fue para pedirte que me ayudaras a difundir el nacimiento de la fundación María Gracia, de inmediato pusiste tu hombro a disposición y nos ayudaste decididamente, hiciste todo lo que estuvo a tu alcance para que nuestra misión se conociera y la ciudadanía nos apoyara, desde ahí nunca más nos dejaste solos, nos hicimos grandes amigas, en los peores momentos siempre aparecías con un “¿en qué puedo ayudar? Aquí estoy”.

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Una de las cosas que marcó mi vida y que te hacen inolvidable fue cuando te dije que me sentía deprimida, agotada, que no podía más, que el hecho de haber ayudado a salvar la vida de más de 19.000 niños me habían dejado sin aliento y que estaba considerando cerrar la fundación, me miraste profundamente, me miraste hasta el alma y me dijiste: “te entiendo perfectamente, tómate las vacaciones que no tomaste nunca, llora la partida de María Gracia, ella está en el cielo, siéntete en paz, pero no puedes cerrar la fundación, si bien es cierto tú la diriges y eres su fundadora, tienes que pensar que han hecho tanto que ya es un patrimonio de la ciudad, Pepita, no tienes derecho a acabar con tan bella obra, busquemos ayuda y sigamos adelante, recuerda que tú vives milagros y que van a seguir ocurriendo, la fundación va a seguir y yo haré cualquier cosa para ayudar a que salga adelante”, estábamos tomando un café, te miré también profundamente y respiré, “tienes razón, Tania querida, la fundación no cerrará” y aquí estamos, haré el reto que querías hacer y le pondré tu nombre, ya voy a trabajar en eso, el hecho de que no estés físicamente no quiere decir que dejarás de empujar y estar presente, haré silencios, miraré al cielo y te preguntaré cuál es el camino y como siempre me darás una sabia respuesta.

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Siempre sonrío cuando te recuerdo diciéndome: “Chica Nube Luz”, tu ojos sonreían ante mi desconcierto, me decías: “Pepita, por favor, deja de creer que todo el mundo es bueno, deja de defender lo indefendible, al menos duda ante lo evidente, y sobre todo deja de pensar que conoces a la gente, sufrirás menos”, cada que alguien me engaña te recuerdo y como siempre es tarde, ya caí, pero créeme que ahora voy a tratar de cambiar, ya (aparentemente) no está mi defensora.

Tania de mi vida eterna, guerrera, amiga, viajera, periodista, consejera, solidaria, alegre, excelente cocinera, fantástica anfitriona, y sobre todo, ser humano ejemplar, por favor, dile a mi hija María Gracia que estoy cumpliendo la misión que me dejó, que ahora serán equipo, y que junto a todos los amigos y familiares que se nos adelantaron en el viaje seguirán ayudándonos a cumplir las metas que nos propongamos.

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Gracias Tania de mi alma, gracias por cruzarte en mi camino y miles de gracias por no soltarme la mano, gracias por existir en la eternidad. Por las noches miraré al cielo y me fijaré en la estrella que sienta “parpadear”, desplegaré mis alas y subiré a platicar contigo, para luego bajar con la paz que sueles darme.

Te amo amiga de la eternidad .

De: Pepita (Nube Luz)

“No existe ni el tiempo ni el espacio si vivimos desde el alma”