¿Hablar abiertamente sobre dinero? Para algunas personas eso sigue siendo un tabú. Muchas veces ocultamos la información sobre cuánto ganamos, qué propiedades tenemos o con qué seguros contamos por vergüenza o por miedo a la envidia. Pero justamente en el círculo de personas de confianza ese modo de proceder es equivocado.

“Muchos no hablan de las finanzas ni siquiera con su pareja y no saben cuánto gana el otro”, dice Annabel Oelmann, directiva de una asociación de consumidores. La razón de esto muchas veces es el miedo. “Por ejemplo, el miedo a la envidia de los demás o el miedo a parecer poco exitoso”, precisa. Pero también el miedo a reconocer que la situación financiera en la familia no es tan buena puede inhibir.

Sin embargo, es recomendable hablar de temas como patrimonio y deudas en el círculo más íntimo de familiares y amigos. “Por ejemplo, es importante que los padres hablen de dinero con sus hijos, siempre de acuerdo a la edad”, señala Monika Müller, asesora financiera. Por ejemplo, es adecuado decirles qué tan elevado es el ingreso y qué se puede permitir la familia económicamente y qué no. “Después de todo, se trata de capacitar a los hijos para que el día de mañana sepan manejarse con el dinero”, añade.

También por interés propio, los adultos deberían hablar de finanzas con sus personas de más confianza. Además de la pareja y los hijos, también pueden ser los propios padres, los hermanos o el mejor amigo. “Así se ayudan unos a otros, analizan juntos las ventajas y desventajas y las opciones si se trata, por ejemplo, de invertir una cierta cantidad de dinero”, puntualiza Oelmann.

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Archivador con los documentos más importantes

La carpeta para casos de emergencia siempre a mano: los confidentes cercanos deben saber dónde encontrar los documentos importantes. Foto: Christin Klose

Además de sobre las finanzas, también debería hablarse de los seguros y contratos. Ya que si a uno le pasa algo, es una ventaja que familiares y amigos sepan acerca de las pólizas y los compromisos vigentes. Para esto puede ser útil contar con un “archivador para casos de emergencia”, en el que se encuentren las principales informaciones y copias de documentos, recomienda Müller, y subraya que esto es algo que todos deberíamos hacer lo antes posible.

En este archivador habría que poner, por ejemplo, datos de las cuentas bancarias y los depósitos existentes, copias de contratos de alquiler y telecomunicaciones, así como todas las pólizas. “Para que, en el peor de los casos, todo transcurra sin problemas, uno debería darle también un poder bancario a una persona de confianza y poner una copia de ello en el archivador”, dice la experta.

Las actualizaciones son esenciales

Tampoco debería faltar en ese archivador un testamento vital. En él, cada uno puede dejar por sentada su voluntad en cuestiones de tratamientos médicos y cuidados para el caso de que uno ya no pueda expresarse por sí mismo.

En el caso de que uno quiera que determinada persona se ocupe de las cuestiones más importantes, debería haber además un poder preventivo en dicho archivador. Quien no lo haga, corre el riesgo de que la Justicia nombre a una persona externa y extraña a la familia, dice Oelmann.

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Armar un archivador así lleva tiempo y trabajo al principio. “Muchos lo van dejando para más adelante”, dice Müller. Pero creer que más adelante habrá tiempo para organizar las cosas es un error, acota. Después de todo, no es posible planificar el propio destino.

Oelmann destaca que difícil es solo el comienzo, pero que una vez que uno tiene reunidos todos los documentos, es más fácil hacer modificaciones luego en el futuro, en caso de ser necesario.

Es esencial efectuar actualizaciones regularmente, dado que los contratos cambian una y otra vez y también se suman otros nuevos.

Pero el archivador no sustituye la comunicación: “Al menos una vez al año, quizá más frecuentemente, uno debería hablar sobre las cuestiones personales de dinero con sus seres queridos”, recomienda Müller. Pero, ¿cómo empezar si hasta ahora regía el principio de que “de dinero no se habla”? “Simplemente hay que animarse”, aconseja Oelmann. Si uno da el primer paso se da cuenta de que no es tan difícil.