Todos tenemos historias sobre nuestros vecinos. Algunos son recuerdos entrañables. Otros son inolvidables por el mal momento que nos hicieron pasar.

Leamos a Diego, quien cuenta de su vecino propietario de 12 vehículos que parquea afuera de su casa y de las casas de otros. “Cuando saca un carro, deja otro ocupando doble espacio, para evitar que ocupen el puesto”.

En otro barrio, Alexa no sabe qué hacer con sus vecinos, que acumulan cosas inservibles. “Por tal motivo vienen ratas, y algunas han ingresado a mi departamento”.

Son fragmentos de cartas reales, que tratan uno de los temas más comunes en nuestra sección El Especialista. Si usted ya está indignado, quizás vivió algo semejante.

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Tal vez por eso necesitamos de leyes que regulen nuestra convivencia, porque “somos vecinos, no amigos”, tal como distingue el abogado y conflictólogo Jacobo Quintero-Touma. “No podemos elegir al vecino. Debemos aceptarlo”.

Sí, hay valores aplicables en la buena vecindad. Solidaridad. Amabilidad. Pero la vecindad es una relación de convivencia relativa, define el abogado, sin la profundidad de la amistad, y con la cordialidad es suficiente.

Uno de los motivos para que la vecindad no sea pacífica es no separar lo laboral del resto de las áreas de la vida. “Todos tenemos problemas en el trabajo, y no todos sabemos dejarlos allí”. Otra causa de división puede ser el presidente de la comunidad, ciudadela o edificio, cuando olvida que es un administrador y trata de imponer su visión del mundo.

“Necesitamos darle vida a la organización barrial. Antes había presidentes de barrio, personas que manejaban la guardianía, los servicios públicos, y conducían reuniones periódicas”.

Abogado y conflictólogo Jacobo Quintero-Touma

Los barrios, piensa Quintero-Touma, son microcosmos de la vida de la ciudad. En los últimos tres meses, la violencia ha crecido en la urbe y eso se nota en los vecindarios. Varía la forma, “pero el índice de agresividad será el mismo”.

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¿De dónde vendrá el cambio? No de la infraestructura. “Nos falta trabajar en formación ciudadana”, expresa el abogado. “Un buen ciudadano es un buen vecino, peatón, conductor, administrador de los desechos de su negocio, casa y mascotas, sabe expresar su descontento. En otros países hay cátedras de ciudadanía en el colegio. Eso ha desaparecido de nuestro pénsum”.

Segundo punto. “Necesitamos darle vida a la organización barrial. Antes había presidentes de barrio, personas que manejaban la guardianía, los servicios públicos, y conducían reuniones periódicas. Eso se ha perdido, y lo tenemos aún en las ciudadelas, pero no como debería ser”.

“Cuando la gente participa de la creación de estas normas de convivencia, las cumple, porque no siente que sean imposiciones verticales en las que no se los escuchó”.

Abogado y conflictólogo Jacobo Quintero-Touma

La estructura permitiría que el líder barrial presente al municipio los requerimientos y problemáticas de su barrio y socialice las obras que benefician a su sector. La asamblea o mesa barrial puede elegir a sus representantes. “Y que esos representantes digan a los vecinos cuál sería el comportamiento correcto”, y puedan hacer resolución de conflictos.

Las tendencias globales en administración pública son de cercanía con el ciudadano. “Cuando la gente participa de la creación de estas normas de convivencia, las cumple, porque no siente que sean imposiciones verticales en las que no se los escuchó”.

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Las ciudades, resume Quintero-Touma, no se construyen con edificaciones, sino en la conciencia de sus habitantes, que controlan el volumen porque piensan en la vecina de la tercera edad, en el vecino estudiante. “Esto se genera conociendo la realidad del otro y sabiendo que detrás hay un ayuntamiento que está apoyando. Es la única forma de que crezcamos como ciudad”.

El ruido excesivo es una de las mayores causas de denuncias por mala vecindad. Imagen: Shutterstock. Foto: El Universo

Reflejo del orden interior

Para Verónica De Ycaza, terapeuta holística, los desacuerdos pueden agravarse por fallas en la comunicación, como cuando no escuchamos al otro (y solo estamos pensando en nuestro próximo argumento para ganar esa discusión) o no asumimos nuestra propia responsabilidad en la disputa.

“Generalmente, cuando reaccionamos en conflicto es porque no asumimos la responsabilidad de que, en alguna forma, la manera en que me expresé, en que comuniqué mis ideas o mi actitud, provocó este rechazo y reacción del otro, quien por A, B o C motivo se sintió atacado ya sea en un dignidad personal o en su poder personal, puesto que vivimos en una sociedad que nutre mucho más el ego que una visión compasiva”, explica. “Pero si la otra persona está negada, a pesar de tu amabilidad o buena voluntad, a reaccionar positivamente, en ese momento no te está escuchando. Y cuando el otro no escucha, no hay manera de llegar a acuerdos”.

“Cuando Jesús habla de ‘poner la otra mejilla’ no se trata de sumisión y dejar que el otro te agreda. Lo que quiso expresar es que cada vez que alguien ‘se baje de nivel’ y actúe conflictivamente, uno no lo haga también”.

Verónica De Ycaza, terapeuta holística

En esa situación, afirma, es importante no caer en el mismo estado emocional conflictivo que quizás el otro esté manifestando. Y más bien esforzarse por cuidar nuestra dignidad y la de los demás, sin ceder al insulto o la agresión. Cuando el otro haya terminado de exponer sus argumentos, si es propio, decir algo muy puntual y constructivo. O si no, retirarse diciendo: “Cuando esté usted tranquilo, podremos conversar. En este momento sé que no me va a escuchar”.

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Y precisa: “cuando Jesús habla de ‘poner la otra mejilla’ no se trata de sumisión y dejar que el otro te agreda. Lo que quiso expresar es que cada vez que alguien ‘se baje de nivel’ y actúe conflictivamente, uno no lo haga también, sino que se mantenga siendo uno mismo y actúe con la inteligencia necesaria para en algún momento curar ese conflicto, o elegir, retirarse. Se trata de no perderse en el conflicto del otro”.

Una buena dinámica social se cultiva también primero en el propio hogar donde, por ejemplo, se debe procurar que todos sus miembros, además de sentirse amados, trabajen equitativamente en equipo para mantener el orden y la limpieza. “Darse la mano en tareas compartidas que beneficiarán a todos y entonces abandonar esa sensación continua de que se vive en un estado donde ‘debo’ o ‘tengo’ (que hacer algo) porque eso quita el gozo, el contento”.

Desde la Alcaldía

Las denuncias vecinales o de barrio que más registra el Municipio de Guayaquil son por contravenciones por ruido, inadecuada tenencia de mascotas, mala disposición de basura o por construcciones.

“Los guayaquileños siempre hemos demostrado mucha empatía con nuestros semejantes, especialmente con nuestro entorno”.

Josué Sánchez, vicealcalde de Guayaquil

El departamento de denuncias de la Dirección de Justicia y Vigilancia se encarga de darle una solución viable conforme a las normas vigentes, señala el vicealcalde Josué Sánchez, quien considera que en términos generales “los guayaquileños siempre hemos demostrado mucha empatía con nuestros semejantes, especialmente con nuestro entorno”.

Sánchez tiene claro que Guayaquil es una ciudad de gente amable, ya que suele observar muestras de solidaridad y la calidez entre los vecinos. “Esa calidez ciudadana ha llevado a que muchos barrios de nuestra ciudad sean ejemplo de organización”. Como ejemplo menciona los concursos ‘Mejoremos nuestra cuadra’ y ‘Mejoremos nuestro parque’, que premian con dinero a las familias que con unidad pueden conseguir la meta de tener un mejor barrio o parque.

Guayaquil, 6 de febrero del 2020. El barrio Fortaleza, de Puerto Lucía, ganó el primer lugar del concurso "Mejoremos nuestra cuadra", organizado por el Municipio de Guayaquil el año anterior. Foto: Francisco Verni P.

Esta autoridad señala a la Constitución de la República y el Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (Cootad) como parte del marco legal que regula la armonía ciudadana. Pero aclara: “las normas de convivencia no se encuentran reguladas por leyes, son normas que han existido y que siempre existirán”.

Sin embargo, los conflictos pueden ocurrir. Como una vía para resolverlos, el Municipio capacita a jueces de paz urbanos para intervenir en los conglomerados y poblaciones. Este trabajo es posible gracias a la Empresa Pública Municipal Desarrollo, Acción Social y Educación (DASE), a través del Centro Municipal de Mediación Comunitaria Más Paz.

Un comunicado explica que la formación de jueces de paz se inscribe en la política municipal de trabajar por la seguridad ciudadana, procurando formar a líderes barriales para resolver los conflictos que no incurren en el ámbito penal y que afectan a los barrios, poniendo en riesgo la armonía entre vecinos. Entre esos tenemos la resolución de conflictos individuales, comunitarios y vecinales como deudas, problemas de inquilinato, ruido, basura y otras situaciones que afecten la sana convivencia de vecinos.

Ese trabajo en los vecindarios ayuda a la Judicatura a descongestionar sus servicios, ya que el juez de paz puede resolver conflictos de mediana complejidad, evitando que lleguen a una instancia judicial.

En la primera etapa, el programa ha llegado a 26 sectores de Guayaquil y a 16 sectores aledaños, capacitando durante 3 meses a 150 personas de manera intensiva, con un seguimiento semanal posterior. “Hace un mes, realizamos la certificación de 63 jueces y 260 promotores de paz… Con esta capacitación se contribuyó a la seguridad ciudadana, procurando una mejor convivencia entre vecinos, evitando el deterioro del tejido social y logrando un entorno de paz y armonía en los barrios”, indica ese comunicado sobre esas capacitaciones que en 30 horas analizan casos reales en materia comunitaria, perfeccionando la mediación e instruyendo en la redacción y elaboración de actas.

Estos líderes barriales pueden resolver disputas de mediana complejidad, evitando que lleguen a una instancia judicial. Para ello analizan las situaciones bajo pautas de buena convivencia, sin necesidad de ser expertos en leyes. Informes sobre los jueces de paz: 259-4800, extensión 3469.

Leyes del vecino

Hay ocasiones en que acudir a las autoridades será inevitable. ¿Cómo regulan las leyes la convivencia pacífica entre vecinos? Los problemas surgen más por irrespeto a las normas que por falta de leyes, asegura la abogada Katia Murrieta Wong.

La Constitución de Ecuador y la Ley Orgánica de la Salud nos garantizan el derecho a vivir en un ambiente sano. Las personas naturales y jurídicas están obligadas a cumplir las normas, y se puede denunciar al infractor ante el comisario de salud, en forma verbal o escrita. La multa para el ciudadano podría ser de un salario unificado.

El ruido entra en estas infracciones. Cuenta como contaminación, pues produce efectos negativos: aumento de la presión arterial, gastritis, colesterol o glucemia, estrés, insomnio, fatiga, pérdida de atención o de oído, afecciones cardiovasculares, conductas agresivas, baja productividad, accidentes laborales, pérdida de valor de los inmuebles, ciudades o barrios inhóspitos, retraso escolar, económico y social, entre otros.

“Señalamos estas consecuencias tóxicas para que quienes nos leen conozcan que el ruido no es algo banal, que afecta a todos y que quien reclama lo hace porque su salud y bienestar están en riesgo, así como los de quienes lo rodean”, señala la abogada.

El Código Civil determina la responsabilidad de los dueños de animales que pueden causar daño, o por algún objeto que cae o se arroja desde lo alto de un edificio. “Cualquiera puede pedir la remoción de un paraje que amenace daño”, añade Murrieta. “Quien tema que la ruina de un edificio vecino le cause perjuicio, puede demandar ante un juez la refacción o demolición; y, si el querellado no lo hiciere, se lo derribará o se reparará a su costa. Si practicada la citación, cayere el edificio, se indemnizará a los vecinos”.

La ley de propiedad horizontal y su reglamento establecen normas para la convivencia de los condóminos y son de cumplimiento obligatorio para todos. “En el caso de los propietarios de solares vacíos o edificados que forman parte de una ciudadela o urbanización, estas regulaciones deben constar en un reglamento aprobado por la Asociación de Propietarios, las cuales son dotadas de personería jurídica por el MIES”.

Equilibre la balanza

La violencia que observamos en las noticias y a la que nos exponemos a diario influye en cómo nos sentimos emocionalmente y en cómo reaccionamos a nuestros problemas personales. Sin embargo, de acuerdo con Verónica De Ycaza, usted puede equilibrar esa balanza.

“En este momento uno no puede estar desinformado de lo que está pasando, pero en mi caso, si veo una situación muy fea, oro por esas personas”, expresa. “Es esencial tener un ratito de paz para invocar la paz. Se puede hacer con oración, o simplemente con intención o con una buena acción como regando una planta, dando de comer a un animal o atendiendo a una persona que veamos que necesita de apoyo. Aprendí que contra el mal no se lucha, sino que se enciende una luz y luego se pone atención en que esta luz crezca”, agrega.

El aprender a practicar cada día una pequeña acción en bienestar del otro es una semilla que permanecerá en la vida de una persona y beneficiará su casa y vecindario. (I)