Investigadores de salud en Estados Unidos han identificado un aumento en pacientes que rechazan transfusiones de sangre provenientes de donantes vacunados contra el COVID-19, una decisión que ha provocado retrasos en tratamientos y complicaciones médicas.

Un estudio realizado por el Vanderbilt University Medical Center documentó 15 casos en los que pacientes o familiares rechazaron transfusiones porque solicitaban sangre de donantes no vacunados. La mayoría de los casos correspondía a niños o adolescentes.

Según los investigadores, la negativa provocó que un paciente entrara en estado de shock, otro desarrollara anemia y que en otros casos se pospusieran cirugías.

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Durante un período de dos años, los investigadores observaron un aumento en solicitudes de donaciones dirigidas, un procedimiento en el que los pacientes pueden elegir a un donante específico. En estos casos, los pacientes buscaban sangre de personas no vacunadas al considerar que era más segura, aunque las preocupaciones sobre la seguridad no fueron especificadas.

Los autores del estudio señalaron que, aunque el número total de solicitudes fue reducido, las demoras en las transfusiones pueden derivar en complicaciones como insuficiencia orgánica, accidente cerebrovascular o muerte. En el caso de niños, los retrasos también pueden provocar daño neurológico o afectar el desarrollo.

El análisis identificó al menos cuatro casos en los que los pacientes presentaron problemas médicos después de esperar sangre de donantes no vacunados. Entre ellos se registró un paciente que entró en shock por niveles bajos de hemoglobina, proteína presente en los glóbulos rojos encargada de transportar oxígeno desde los pulmones hacia los tejidos. En otros dos casos se retrasaron procedimientos quirúrgicos.

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“Pese a que se presentan como ‘más seguras’, las donaciones dirigidas pueden aumentar el riesgo”, indicaron los autores en la revista científica Transfusion.

Los investigadores señalaron que, desde el inicio de la pandemia de COVID-19, médicos en distintos puntos del país han recibido más solicitudes de sangre de donantes no vacunados. Algunas de estas peticiones se relacionan con la creencia de que las vacunas contra el COVID-19 pueden transferir componentes del ARN mensajero a través de la sangre.

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También circula la idea de que recibir sangre de un donante vacunado podría provocar efectos adversos asociados con la vacuna, como la miocarditis, una inflamación del músculo cardíaco.

Estas percepciones se producen en un contexto en el que el secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., ha expresado dudas sobre la seguridad de las vacunas contra el COVID-19 y ha afirmado que se trata de “la vacuna más letal jamás fabricada”.

Sin embargo, los investigadores indicaron que no existe evidencia científica que demuestre que la vacunación contra el COVID-19 u otras enfermedades altere la sangre de manera significativa. Además, los centros de donación no registran el estado de vacunación de los donantes.

Ante esta situación, algunos pacientes que buscan sangre de personas no vacunadas recurren a familiares o conocidos para realizar donaciones dirigidas. Este tipo de donación depende de factores como el tipo de sangre, la edad del donante y la presencia de enfermedades como VIH, hepatitis B o C, cáncer o trastornos sanguíneos.

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Los investigadores también señalaron que estas solicitudes pueden obligar a hospitales a modificar procesos de selección que se utilizan para garantizar la seguridad de las donaciones.

De acuerdo con la American Red Cross, cerca del 60 % de la población estadounidense cumple los requisitos para donar sangre, pero solo el 3 % lo hace. La organización declaró una escasez grave en enero de 2026 después de que el suministro nacional de sangre cayera un 35 % en un mes. (I)