El apéndice es un tubo con forma de gusano unido al intestino grueso del cuerpo humano.

Es un órgano al que se le atribuye muy poca importancia, pues no tiene una función clara, y es susceptible a una infección conocida como apendicitis, que puede ocasionar grandes complicaciones al cuerpo humano, incluso pudiendo llevar a la muerte si no es detectada a tiempo, por lo que es extraído cuando se detecta que alguien tiene esta dolorosa afección.

Es decir, el apéndice es visto como poco útil, y además, puede ocasionar bastantes problemas, al punto de ser extirpado en algunos casos. Entonces, si ocasiona más inconvenientes que beneficios, ¿por qué lo tenemos en nuestro cuerpo?

De hecho, el famoso naturalista Charles Darwin teorizó en su época que el apéndice era un órgano vestigial de los antepasados que comían hojas, lo que potencialmente les ayudaba a digerir los alimentos, según un artículo publicado en la página web de la revista científica Science.

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A medida que estos antepasados evolucionaron para depender de una dieta a base de frutas, que era más fácil de digerir, Darwin especuló que el apéndice ya no cumplía una función, percibiéndolo así como un resto evolutivo en el tracto digestivo.

Además, de acuerdo a un informe publicado en la revista Case Reports in a Surgery, una de cada 100.000 personas nace sin apéndice.

Sin embargo, investigaciones realizadas en los últimos años indican que este denostado órgano tiene una función útil.

En 2007, un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke descubrió que el apéndice puede servir como un depósito de bacterias intestinales útiles, del tipo que ayuda al cuerpo a digerir los alimentos, informaron en el Journal of Theoretical Biology.

Cuando las enfermedades eliminan los microbios buenos y malos del intestino, las bacterias buenas pueden emerger del apéndice para ayudar a restaurar el intestino a un estado saludable.

Además, el apéndice posee una alta concentración de tejido linfoide. Este tejido genera glóbulos blancos conocidos como linfocitos, que ayudan a montar las respuestas del sistema inmunológico a los gérmenes invasores, lo que sugiere que el apéndice puede ayudar a producir, dirigir y entrenar estas células inmunes, informa un reporte de ese hallazgo del portal de divulgación científica Live Science.

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Pero ¿qué pasaría si ninguna persona tuviera un apéndice?

De acuerdo a William Parker, profesor asociado de cirugía en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, si el apéndice desapareciera en una sociedad moderna después de la Revolución industrial, la gente tendría antibióticos para ayudarlos a sobrevivir. Sin embargo, sin un apéndice, las personas no tendrían el depósito de bacterias útiles del apéndice para ayudarles a recuperarse de infecciones dañinas. Menciona que si eso sucediera, “es posible que necesitemos realizar trasplantes fecales a las personas”.

Un transplante fecal es un procedimiento que transfiere las heces de personas sanas al intestino de pacientes con problemas intestinales, a través de un tubo o cápsula, para que lleve bacterias saludables a las entrañas invadidas por microbios dañinos.

Aunque una ventaja potencial de la desaparición del apéndice sería también la erradicación del apendicitis, que, a nivel mundial, presenta más de 10 millones de casos cada año, y hasta 50.000 personas mueren anualmente debido a este problema, según los investigadores.

La apendicectomía, o extirpación quirúrgica del apéndice, “es una de las cirugías abdominales que se realizan con más frecuencia. Si no tuviéramos el apéndice en primer lugar, no habría personas que murieran de apendicitis, ni costos de cirugía y hospitalización”, mencionan. (I)