La familia del Hospital Vozandes Quito (HVQ) tendrá un día especial este miércoles, ya que el grupo clown que los visita cada semana se convertirá en un divertido coro navideño que recorrerá las habitaciones de las diferentes áreas de hospitalización para llevar alegría a los pacientes, familiares, médicos y personal.

Los miembros del llamado Proyecto Clown HVQ llevan varios días ensayando para cumplir con entusiasmo (y buenas voces) esta actividad que es parte de la alianza que desde el 2018 mantiene esa casa de salud con el Proyecto Corydon, especializado en clown hospitalario. El propósito es reducir el estrés hospitalario en beneficio de la salud integral de los pacientes. Corydon nació ese año a través de un grupo de seis exestudiantes y profesionales amigos de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) que, bajo la dirección de Alejandro Barragán, tenía como objetivo común transformar el mundo hacia una filosofía de amor, tolerancia y empatía con el otro.

El Proyecto Clown HVQ brindará este miércoles, desde las 09:30, un concierto coral a los pacientes del Hospital Vozandes Quito. Foto: cortesía. Foto: El Universo

Ese grupo se convirtió en el semillero que luego capacitó a varios jóvenes más interesados en mejorar la calidad de vida de las personas vulnerables, a través del clown hospitalario y social. Actualmente son alrededor de 40 voluntarios activos que combinan sus carreras o estudios en Psicología, Gestión Social, Medicina, Enfermería, Leyes, Sistemas, Publicidad y Marketing con herramientas del clown en beneficio de las personas con mayor necesidad.

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Las visitas se realizan cada miércoles, desde las 09:30, durante todo el año, con un grupo de cuatro payasitos guiados por un representante del Hospital Vozandes Quito, quien coordina los permisos para la visita al paciente y vigila que se cumplan todas las normas de bioseguridad durante el recorrido.

Desde la izquierda, Gabuchis, Jayito Corazón de León, una doctora del Hospital Vozandes Quito y Bolón con queso. Foto: cortesía. Foto: El Universo

Los participantes, que tienen su propio nombre “artístico”, han tenido emotivas experiencias en esta actividad. Mosqueadita narra: “Ingresé a la habitación de una niña de 5 años que había sido operada de apendicitis, al preguntarle acerca de sus mascotas, rápidamente se empezó a contarme todas las experiencias con sus perros, jugamos, cantamos por un buen tiempo, ella lucía alegre y relajada. Al despedirme me preguntó si podría ir a jugar con ella en su casa que estaba en el Pinar Alto; le agradecí por su invitación y le comenté que mi trabajo es en el hospital y que tenía que visitar a otros niños como ella que también querían jugar, ella me entendió y nos despedimos con un gran cruce de puños, por la pandemia no es posible darnos abrazos”.

Las visitas se realizan cada miércoles, desde las 09:30, durante todo el año, a pacientes infantiles y adultos. Foto: cortesía. Foto: El Universo

Jayito Corazón de León recuerda: “Entré a visitar a un joven con cáncer al hueso en su pierna, él era jugador en las formativas de un equipo de fútbol profesional. Al ingresar le noté extremadamente triste y el cuarto totalmente lúgubre, me di cuenta de que tenía que actuar con él no solo como clown sino como gestor social y trabajar inteligencia emocional y manejo de su autoestima. En la primera visita, le pregunté varias cosas que podían ayudarle y mientras conversaba, tomaba su mano, a la siguiente visita las luces de su habitación ya estaban prendidas, le vi con mejor semblante, pero aún triste, jugamos, hicimos otras actividades y él se sintió mejor. En la tercera visita su rostro lucía más alegre, riendo y jugando con sus amigos que le fueron a visitar, igual hicimos juegos y dinámicas más grandes. En la cuarta visita, le encontré cuando le estaban dando el alta, se me acercó, me dio un abrazo muy fuerte, me agradeció por todo lo que había vivido, por los consejos y también por el acompañarle y mostrarle que la vida seguía”.

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Pelusita: “Ingresé a la habitación de un paciente con Mosqueadita. Él era una persona de 72 años con diagnóstico de enfermedad pulmonar obstructiva crónica; tenía oxígeno y se veía triste y algo cansado. Poco a poco le fuimos animando con algunas canciones que a él le gustaban, creamos un cuento imaginario de un tema en particular incentivando la creatividad; lo noté bastante participativo, luego le dimos unas cápsulas de esperancilina (frases cargadas de amor y esperanza) para levantar su ánimo; también le regalamos un perrito de globoflexia que según nos dijo iba a ser su compañero en los días que le faltaban para ir a casa y le recordarían leer las frases que le regalamos. Me sentí muy satisfecha al lograr que sonriera”.

Sorbetín: “En una de las visitas al hospital ingresé al cuarto de una señora de aproximadamente 50 años que estaba en un tratamiento de quimioterapia por cáncer de mama. Pensé encontrarme con una persona triste y desanimada, pero cuál fue mi sorpresa al ver a una persona totalmente activa, alegre a pesar de sus circunstancias. Realizamos varios juegos, conversamos mucho acerca de la fortaleza que había encontrado en Dios para pasar este duro proceso. Al finalizar agradeció mi compañía, ya que según me dijo esperaba cada semana que vayamos a visitarla porque su alegría se alimentaba con todo lo que hacíamos. La felicidad y paz que logramos en las personas es la mejor recompensa”. (I)