Las sensaciones que parece que no tienen nada que ver con el hambre, como el dolor, influyen en la actividad neural en los circuitos del cerebro que manejan el hambre, a través de conexiones que pueden ser intervenidas.

Ese es el descubrimiento de Amber Alhadeff, la ganadora del premio Eppendorf & Science en la categoría de Neurobiología. Su investigación provee nuevas visiones de cómo el hambre afecta nuestra percepción y nuestra conducta. La doctora Alhadeff dirige su propio laboratorio, y se enfoca en las dinámicas entre el intestino y el cerebro que están detrás de nuestra motivación para comer (y cuánta comida ingerimos).

Desentrañar estos mecanismos podría ayudar a desarrollar terapias dirigidas a un amplio rango de enfermedades humanas que involucran dolor y control del peso, dice esta profesora adjunta de Neurociencias de la Escuela de Medicina Perelman, de la Universidad de Pensilvania.

Sea que estemos hambrientos o llenos, esto cambia nuestra percepción del mundo, nos pone de mejor o peor ánimo, afecta nuestra habilidad de tomar decisiones e incluso nuestra disposición a tomar riesgos. Piense en la diferencia entre ir al supermercado antes o después de haber comido.

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Aunque se estudian muchos de los mecanismos que están bajo el control neural de la ingesta de comida, hay menos información sobre cómo otras sensaciones de lo que ocurre dentro del cuerpo (dolor, por ejemplo), inciden en nuestros circuitos del hambre.

“La mayoría de nosotros tiene hambre cada día, varias veces, pero casi nunca pensamos en qué está pasando en nuestro cuerpo para generar esta sensación, y luego hacerla desaparecer una vez que hemos comido”, compartió Alhadef.

Usando un ratón como modelo, la profesora reevaluó cómo los circuitos neurales del hambre responden al dolor, y descubrió un circuito que suprime la sensación de dolor en los ratones hambrientos, permitiéndoles buscar comida, lo cual de otra manera hubiese sido muy difícil.

A través de las imágenes neurales en vivo, Alhadeff encontró que a través de una vía directa y poco estudiada, macronutrientes como las grasas y el azúcar en el intestino son capaces de comunicarse rápidamente con el cerebro. Así, cree, se podrá utilizar estos canales celulares y moleculares en el futuro para el desarrollo de terapias para el dolor y la pérdida de peso. “Será importante determinar si la manipulación a largo plazo de estos circuitos tiene efectos en enfermedades como la obesidad o el dolor neuropático crónico”.

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La ganadora del premio Eppendorf & Science recibió $ 25.000 y la publicación de su ensayo en la edición de octubre de la revista Science. Ambas organizaciones han estado otorgando este galardón durante 20 años. Alhadef será homenajeada en una ceremonia virtual este martes 9 de noviembre, en un evento gratuito y abierto al público, transmitido en vivo en www.eppendorf.com/prizeceremony2021.

Los finalistas para el premio son Justin Rustenhoven, por su ensayo sobre la colaboración neuroinmune para proteger el sistema nervioso central, y Andreas Keller, por su ensayo sobre el control que el contexto tiene sobre la actividad de las neuronas sensoriales. (I)