La teoría era simple y convincente: los niños son menos vulnerables al nuevo coronavirus porque son portadores de anticuerpos contra otros coronavirus comunes que causan el resfriado común. La idea también podría explicar por qué algunas personas infectadas con el nuevo virus presentan síntomas leves mientras que otras (supuestamente sin anticuerpos para los coronavirus del resfriado común) se ven mucho más afectadas.

La idea ganó adeptos sobre todo entre quienes afirmaban que esta protección existente llevaría rápidamente a las poblaciones humanas a la inmunidad colectiva, es decir, el punto en el que la propagación de un patógeno se detiene al quedarse sin huéspedes que contagiar. Un estudio de la revista Science, publicado en diciembre, dio un fuerte impulso a esta hipótesis.

No obstante, a pesar de su atractivo, la teoría no es cierta, según un nuevo estudio publicado el martes en la revista Cell. Con base en experimentos realizados cuidadosamente con virus vivos y cientos de muestras de sangre tomadas antes y después de la pandemia, la nueva investigación refuta la idea de que los anticuerpos contra los coronavirus estacionales tengan algún impacto en el nuevo coronavirus, llamado SARS-CoV-2.

“Al iniciar este estudio, pensamos que descubriríamos que los individuos que tenían anticuerpos preexistentes contra el SARS-CoV-2, antes de la pandemia, serían menos susceptibles al contagio y presentarían una enfermedad COVID-19 menos grave”, señaló Scott Hensley, inmunólogo de la Universidad de Pensilvania. “Eso no es lo que hemos hallado”.

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Él y sus colegas concluyeron que la mayoría de las personas ya han estado expuestas a los coronavirus estacionales para cuando cumplen 5 años. En consecuencia, aproximadamente una de cada cinco personas es portadora de anticuerpos que reconocen el nuevo coronavirus.

De acuerdo con el equipo, estos anticuerpos no son neutralizantes, es decir, no pueden desactivar el virus ni mitigar la gravedad de los síntomas tras la infección.

Los investigadores también compararon los anticuerpos con los coronavirus del resfriado común en niños y adultos y no encontraron diferencias en las cantidades. En cambio, el estudio publicado en Science había informado que alrededor del cinco por ciento de los adultos eran portadores de esos anticuerpos, en comparación con el 43 por ciento de los niños.

Ese estudio “informó sobre niveles muy altos de anticuerpos neutralizantes de reactividad cruzada presentes en los niños desde antes de la pandemia, algo que nosotros no hallamos”, comentó Hensley. (“Reactividad cruzada” hace referencia a los anticuerpos capaces de atacar sitios similares en más de un tipo de virus).

“Sinceramente, no tengo una explicación para la discrepancia con el estudio de Science”, añadió.

Estudios en Estados Unidos y Reino Unido

Quizá la diferencia en la ubicación (Pensilvania, en su estudio, frente al Reino Unido en la investigación anterior) pueda explicar parte de la discordancia, dijo.

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Otros expertos afirmaron que el estudio de Hensley les parecía el más convincente de los dos y más coherente, ya que observó circunstancias en las que grupos numerosos de personas se contagian del nuevo coronavirus.

Por ejemplo, una sola persona contagiada del nuevo coronavirus en un campamento de verano de Wisconsin desencadenó un brote que afectó al 76 por ciento de los demás asistentes, señaló John Moore, virólogo del Centro Médico Weill Cornell en Nueva York.

Del mismo modo, en un barco pesquero que zarpó desde Seattle, solo tres marineros que tenían anticuerpos contra el nuevo coronavirus antes del viaje se mantuvieron libres del virus. Esos no son los índices de contagio que se verían si los anticuerpos protectores estuvieran ampliamente distribuidos en la población, dijo Moore.

“La idea de que haber padecido resfriados tiempo atrás te protege de alguna manera de la infección por el SARS-CoV-2 siempre me ha dejado escéptico, pero ha sido una leyenda urbana persistente durante toda la pandemia”, dijo. “Esperemos que este nuevo artículo haga que la gente ya no se emocione con esto y meta esos pensamientos en el congelador”.

Los expertos también elogiaron el enfoque cuidadoso y riguroso del nuevo estudio.

“Es realmente agradable tener un estudio tan bien hecho”, señaló Shane Crotty, virólogo del Instituto de Inmunología de La Jolla, en San Diego.

La teoría de que los anticuerpos existentes pueden proteger a las personas del nuevo virus “definitivamente tiene un gran atractivo porque, a primera vista, explica gran parte de la pandemia”, dijo Crotty. “Pero que la idea sea bonita no la hace cierta”.

Hensley y sus colegas analizaron muestras de 251 personas que habían donado sangre a la Universidad de Pensilvania antes de la pandemia y que luego desarrollaron COVID-19.

Esas personas tenían niveles de anticuerpos capaces de reconocer el nuevo coronavirus que no eran diferentes de los observados en las muestras de sangre extraídas de 251 personas que no se habían infectado, y los niveles no mostraron relación con el resultado clínico en ninguno de los pacientes.

“Es difícil conseguir ese tipo de muestras; me impresionó”, afirmó Marion Pepper, inmunóloga de la Universidad de Washington en Seattle. “Es como si fueran tres estudios diferentes en uno”.

Coronavirus y sus espículas

La parte más importante del coronavirus es la espícula viral en su superficie, que se acopla a las células humanas. La espícula también es la parte más distintiva del virus, por lo que es lógico que los anticuerpos contra los virus estacionales tengan pocas probabilidades de reconocerla e inactivarla, señaló Pepper.

“Hay fragmentos muy específicos de estos virus que son fundamentales para el contagio, y la mayor parte de esta reactividad cruzada no se dirige a esos fragmentos”, dijo.

No obstante, George Kassiotis, inmunólogo del Instituto Francis Crick de Londres que dirigió el estudio publicado en Science, no coincide con las conclusiones de la nueva investigación. “En gran medida confirma nuestros principales hallazgos en lugar de contradecirlos”, dijo, y añadió que el nuevo estudio era demasiado pequeño para descartar cualquier intervención de los anticuerpos existentes.

Incluso si las personas fueran realmente portadoras de anticuerpos contra el coronavirus a partir de los contagios en la infancia, la protección que dan no es lo suficientemente potente para tener relevancia, aseveró Jesse Bloom, biólogo evolutivo del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle.

“Si no hay un efecto susceptible de medición en un estudio con cientos de personas tanto en el grupo contagiado como en el no contagiado, entonces el efecto es sin duda diminuto”, dijo Bloom.

La mayoría de las vacunas desarrolladas para el nuevo coronavirus se centran en la espícula viral. Algunos científicos han argumentado que los anticuerpos contra otros fragmentos del virus también pueden ser fundamentales para la protección, pero el estudio nuevo sugiere que los otros anticuerpos tienen una importancia mínima en la protección de las personas contra el SARS-CoV-2. (I)