Un patrón de alimentación conocido como dieta MIND podría ayudar a ralentizar el deterioro físico asociado a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson, según revela un estudio de largo plazo difundido por la comunidad científica.
La investigación indica que las personas que siguieron más de cerca esta dieta, considerada “saludable para el cerebro”, mostraron una pérdida más lenta de células cerebrales y menores cambios estructurales vinculados con la memoria y la demencia.
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La dieta MIND —acrónimo de Intervención Mediterránea-DASH para el Retraso Neurodegenerativo— prioriza el consumo de verduras de hoja verde, bayas, frutos secos, aceite de oliva y pescado, alimentos asociados con beneficios cognitivos.
Aunque estudios previos ya habían vinculado este plan alimenticio con un menor riesgo de demencia, los investigadores señalan que ahora existen evidencias de que también puede ralentizar el daño cerebral que conduce a estas enfermedades.
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Los resultados fueron publicados en la revista científica Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry, donde se sugiere que promover este tipo de alimentación podría ser una estrategia sencilla para enfrentar el aumento de casos de demencia en poblaciones envejecidas.
El estudio fue liderado por el epidemiólogo Mohammad Talaei, de la Universidad Queen Mary de Londres, quien destacó que los hallazgos representan un avance importante para entender el impacto de la dieta en la salud cerebral.
Para el análisis, se siguió durante aproximadamente 12 años a 1.647 adultos de mediana edad y mayores, pertenecientes a la cohorte de descendientes del Estudio del Corazón de Framingham. Los participantes completaron cuestionarios detallados sobre su dieta y se sometieron a resonancias magnéticas en al menos dos ocasiones.
Los investigadores asignaron una puntuación de adherencia a la dieta MIND, en una escala de 0 a 15. En promedio, los participantes obtuvieron 6,8 puntos. Aquellos con puntuaciones más altas tendían a presentar mejores indicadores de salud general, como menores tasas de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardíacas.
A lo largo del estudio, todos los participantes evidenciaron cierto deterioro cerebral relacionado con la edad. Sin embargo, quienes seguían más de cerca la dieta experimentaron una reducción más lenta de la materia gris y menor expansión de los ventrículos cerebrales, cambios asociados con la atrofia cerebral.
Las diferencias más marcadas se observaron en el hipocampo, una región clave para la memoria y el aprendizaje. Según los investigadores, un aumento de tres puntos en la puntuación de la dieta MIND se asoció con un efecto equivalente a retrasar el envejecimiento cerebral en aproximadamente dos años y medio. (I)