A los 25 años, la vida de la actriz ecuatoriana Emma Guerrero cambió de ritmo y de eje. Con la llegada de su primogénita, Luciana, reordenó sus días y empezó a escribir una historia más íntima, hecha de complicidad. Es la niña con la que habla, se ríe y aprende a ser mamá sin manual.

“Cuando ella llegó a mi vida, honestamente, me hizo una mujer más consciente, más fuerte. Le puse Luciana porque deriva de luz, ha sido una luz en mi vida y de toda la familia, y luego llegó Emmanuel y lo que hizo fue reforzar todo esto: el amor no se divide, sino que se multiplica”.

Emmanuel nació hace ocho meses. Es su príncipe dentro de la casa y el regalo hecho realidad que por años le pidió su hija. “Me han enseñado a ser madre, conozco el significado de la paciencia gracias a Luciana”, dice entre risas.

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Mientras su trabajo le demanda movimiento constante, la maternidad le exige exactamente lo contrario: estar pendiente, sostener, regresar. En medio de esas dos velocidades, haber retomado la comunicación sana con su expareja se convirtió en una pieza esencial para que ambas partes puedan acompañar el crecimiento de Luciana y Emmanuel desde un lugar más estable. Es un padre presente y responsable dentro de la red de apoyo que Emma ha construido junto con su mamá.

“Padre ausente mis hijos no tienen, es un hombre presente y un padre muy amoroso. Ahora que estoy de viaje, los niños están con mi mamá y él está todos los días con ellos. He tenido esa fortuna de que he podido arreglar las cosas y hablar. No hemos sentido ese vacío”, revela.

Y agrega: “Los hijos te hacen entender que los egos deben dejarse a un lado”.

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Consciente de que la maternidad no pausa la vida de las mujeres, también prioriza su tiempo en familia y resguarda la exposición de su intimidad y la de sus hijos: “Los comentarios siempre van a estar. Puedo decir que las redes amplifican el odio, una persona puede crearse cinco cuentas para escribirte de forma negativa. Mi vida es pública, trato de no centrarme en los comentarios desatinados, me quedo con los positivos”.

Guerrero enfatiza que los hijos les dan a las mujeres una fortaleza indescriptible. “Yo no dejo de ser mujer, las personas me pueden tener estigmatizada, yo no uso a mis hijos en redes sociales, yo hago contenido de lifestyle y ellos son parte de mi vida; sí me reservo muchas cosas para protegerlos. Ellos son parte de mi día a día. Comparto como lo hace cualquier madre sin una cuenta de un millón de seguidores”, admite.

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Hay momentos que recuerda con una claridad intacta. Uno de ellos ocurrió la primera vez que tuvo a su hija en brazos para darle de lactar. En ese instante, la frase “Cuando seas madre me entenderás” cobró sentido.

“No me salía leche y cuando levanto la mirada y veo a mi mamá aterrada, Luciana, por la succión en el pecho, tenía la boca con sangre. En ese momento le pedí perdón a mi mamá por cualquier cosa. No tuvo que pasar más para que entendiera los sacrificios de una madre”, apunta.

Sus deseos para sus hijos son sencillos. Quiere que sean felices con su vida, que se sientan completos y estén sanos. “Mi hija tiene muy presente el amor de Dios, con ella tenemos los viernes de té, hacemos bocaditos, tomamos té con música clásica. Jugamos y conversamos siempre (...). Quiero que sean felices y se acompañen siempre”, dice.

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