Las vacaciones escolares, por alguna razón, nos hacen pensar en Mi pobre angelito, esos viajes costosos, largos y planificados que se volvían una pesadilla (para los padres) porque se olvidaban de un pequeño detalle: el niño.
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La comunicación con los hijos no empieza por una charla, sino por una actividad que cree la oportunidad perfecta para hablar y conocerse.


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Las vacaciones escolares, por alguna razón, nos hacen pensar en Mi pobre angelito, esos viajes costosos, largos y planificados que se volvían una pesadilla (para los padres) porque se olvidaban de un pequeño detalle: el niño.