Decir que la enfermedad del COVID-19 afecta en menor medida a niños, niñas y adolescentes es dejar de lado el impacto real que la pandemia ha tenido en las esferas en que los niños normalmente se desarrollan: el hogar, la escuela, los espacios de recreación, los sistemas de salud.

A partir de un diagnóstico publicado en junio de 2021, la oenegé World Vision está impulsando la campaña “Mis derechos no están en cuarentena”. En Ecuador, el 39% de la población son niños, niñas y adolescentes, personas que no son consideradas como población de riesgo en la pandemia por coronavirus.

Un grupo de niñas quichua juega en Puyo, Ecuador. Foto: Shutterstock

Pero la organización sostiene que han sido de los más afectados de otras maneras: han perdido a sus cuidadores, han sufrido impacto psicológico, físico, académico y social. Por ejemplo, se considera que en el 31% de hogares con niños, niñas y adolescentes aumentó la violencia en el hogar.

Según cifras de la Unicef y de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), debido al cierre de las escuelas, el 39% de los hogares que recibía alimentación escolar, ya no la tiene; de ellos, el 53,6% se encuentra en inseguridad alimentaria severa y moderada.

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Durante los confinamientos, se redujo el acceso a los servicios de salud materna, neonatal e infantil en todo el mundo. En Ecuador ha sido evidente el desabastecimiento de vacunas pentavalentes y de polio, fiebre amarilla e influenza.

Navegando un mundo paralelo: el internet

Pero también hay otro tipo de riesgos relacionados con la educación, el ocio y la virtualidad: en América Latina, el 69% de niños vio contenido inapropiado en internet en los últimos meses, con el riesgo de sufrir ciberacoso. En Ecuador, el 37% de hogares cuenta con internet para recibir clases virtuales y participar en actividades asincrónicas.

Día de la niña: La violencia en línea afecta a las niñas y adolescentes

Es cierto que se ha apoyado el aprendizaje a través de la radio y la televisión. Salomé Vacacela, consultora que realizó el diagnóstico de World Vision Ecuador, explica que no hay aún mediciones del impacto de esas estrategias en los resultados de aprendizaje.

En cambio, sí se sabe que el nivel económico cambia la forma en que los niños siguen accediendo a la educación. En hogares con ingresos bajos y medios bajos, entre el 80 y 90% de los estudiantes reciben clases vía celular, lo que dificulta sus posibilidades de aprendizaje. “En el estrato bajo, solo el 0,4% de los niños de entre 5 y 11 años tienen una computadora”, afirma Vacacela; “casi el 90% se conecta a través de un teléfono celular”, generalmente compartido con el adulto cuidador.

Aunque son considerados un grupo de menor riesgo, para los niños y los adolescentes las brechas en educación, salud, nutrición y recreación se han agrandado.

El tiempo de ocio y de recursos para ello también se venía reduciendo desde antes de la emergencia sanitaria. “De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut, 2018), menos de la mitad de niñas y niños menores de 5 años en áreas rurales tiene un libro, cuento o revista para jugar.

Los más vulnerables en la pandemia

La violencia contra los niños es otro ítem que ha crecido. Ensanut indica que en 2018 más del 50% de pequeños sufría algún maltrato físico y el 47% había sufrido alguna forma de maltrato psicológico, asociados ambos con el manejo de la educación en el hogar.

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En cuanto a la violencia sexual, Vacacela toma como referencia el último dato disponible: el registro de nacidos vivos de 2019 muestra que más de 1.800 bebés vinieron de madres de entre 10 y 14 años.

Las juntas cantonales de protección de derechos han visto una reducción en los reportes de violencia contra los niños, lo cual se atribuye al cierre de las escuelas y la baja asistencia a los controles médicos y de salud pública, que son algunos de los puntos de detección temprana.

“Aunque las juntas implementaron estrategias virtuales, estas resultaron más eficientes en el caso de mujeres violentadas”. En los niños no funcionó igual por la falta de acceso a los medios, y por el control del agresor. “Muchos niños y niñas estuvieron encerrados con sus agresores”.

La situación del trabajo en menores de edad aumentó marcadamente entre los 15 y 17 años (2020), y se concentra en el campo y en el comercio, entre la población indígena. “Aquí podemos ver cómo el costo de la crisis se ubica sobre los adolescentes; es una cuestión de supervivencia: estudiar o trabajar”, señala Vacacela.

Recomendaciones para niñas y adolescentes en internet de parte del movimiento Por Ser Niña

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) muestran que más de 400.000 menores estaban en situación de trabajo infantil el año pasado, en su mayoría en poblaciones rurales e indígenas, y en labores agrícolas y ganaderas. Es mayor la participación de las niñas en comparación con los niños.

La pérdida de empleo y la reducción de ingresos afectó especialmente a los niños cuyos indicadores de pobreza estaban, antes de la pandemia, diez puntos por debajo de la media de población. “Cuatro de (cada) diez niños, niñas y adolescentes viven con menos de $ 2,65 al día”.

¿Quiénes están entre los más vulnerables? Los pequeños en situación de movilidad humana, sean nacidos en otro país o en Ecuador, de padres extranjeros. “El 63% de ellos no está estudiando por razones económicas, y el 25% ha estado separado de sus cuidadores durante la pandemia”.

Los menores con alguna discapacidad también están en este grupo. Siete de cada diez niñas y niños con discapacidad no tienen acceso a educación en Latinoamérica; mientras que el 76,6% de familias con niñas y niños con discapacidad señala que la situación educativa es peor que antes de la pandemia.

Finalmente, no hay información sobre los adolescentes privados de la libertad y los casos de contagio. “Así queda en segundo grado este grupo de atención especial”.

Seguir con las medidas de prevención del COVID-19

Por tanto, dice Vacacela, aún es necesario implementar estrategias de prevención del contagio contra el virus y sus nuevas variantes, pensando en que no solo significa que un niño no se contagiará, sino que evitaría que pierda a sus cuidadores o que deje a estos incapacitados de atenderlo.

Aunque son considerados un grupo de menor riesgo, para los niños y los adolescentes las brechas en educación, salud, nutrición y recreación se han agrandado.

Tampoco hay que dejar de lado la disponibilidad de vacunas contra COVID-19 para los niños, atendiendo también temas de supervivencia, como la malnutrición.

En cuanto a la reapertura de escuelas, en el futuro serán más comunes las modalidades mixtas, semipresenciales, y hay que implementar estrategias para proveer a los hogares más pobres de recursos para acceder a la educación virtual. “Y poner el énfasis en el bienestar emocional de toda la comunidad educativa”.

La reactivación de los espacios educativos y de salud sigue siendo necesaria, considera la consultora, para poder detectar casos de violencia y dar soporte y protección a niños, niñas y adolescentes. Y en temas de participación, dar voz a las organizaciones infantiles y juveniles en la elaboración de estrategias que les conciernen. (I)