En medio de la discusión y de los posibles procesos legales que enfrentan las parejas al separarse, hay personas que están en el centro sin poder expresar todo lo que sienten: los niños. Todos coincidimos en que los niños no tienen responsabilidad ni culpa de los asuntos de los adultos, y sin embargo, esta es una de sus reacciones más comunes, indica la psicóloga clínica Kathalina Urquizo, especialista en disciplina positiva.

Ella empieza con una aclaración: no es una regla que todo niño de padres divorciados vive esto como un evento traumático. “Todo va a depender del manejo que hagan los padres de la situación y de las herramientas emocionales que se le hayan permitido desarrollar al niño”, y del acompañamiento que el sistema familiar u otras redes de apoyo.

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Dicho esto, establece que los niños frente a una situación de divorcio no solamente observan, sino que viven el conflicto desde su propio sistema emocional. Algunos síntomas que podrían indicar que están afectados por la situación son:

  • Un incremento de situaciones de ansiedad. “Se mantienen hipervigilantes, con miedo constante a que algo pase, pueden tener problemas de sueño, pesadillas, dificultad para dormir, terrores nocturnos”.
  • Cambios en la conducta, pasar de la irritabilidad a la agresividad o al retraimiento. “En los cambios a la conducta siempre es importante el conocimiento previo que tengamos de nuestros hijos”.
  • Algo bastante característico es la sensación de culpa. “Recordemos que los padres son las primeras figuras de apego, es decir, las primeras figuras de seguridad de la infancia. Para los niños esto significa que son figuras en las que depositan su seguridad. Les es más fácil, cuando hay un conflicto, direccionar el problema hacia ellos mismos que hacia los padres. ‘Esto que está sucediendo es por mí, porque no hago caso, porque soy un mal alumno’”.

Los niños sufren cuando están en una posición de lealtades divididas. “Muchas parejas empiezan a hacer que los niños se ubiquen entre apoyar al uno o al otro, y esto genera muchísima ansiedad”. Se somatiza como dolor de estómago o dolor de cabeza. “Hoy sabemos que cuando tenemos un conflicto emocional que no logra manifestarse desde las palabras o en forma simbólica, empezamos a reconocerlos en el cuerpo”.

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También se nota el cambio en la respuesta escolar. “Una baja en las calificaciones, en la manera de relacionarse con los amigos. El niño entra en un estado de inseguridad en el vínculo; su lugar seguro empieza a ser un lugar de conflicto”.

Acompañar a los niños en el proceso

Un niño cuyos padres se están separando está pasando por un duelo. ¿Qué medidas deben tomar los padres para evitar un mayor impacto? “Aquí hay dos ideas claves. Una es ir anticipando los procesos. ‘Va a pasar esto, papá va a salir de la casa, va a venir los fines de semana’, es decir, todos los acuerdos familiares que logren hacer papá y mamá no deben ser una sorpresa para los niños”. Ellos necesitan espacio para adaptarse al tema. “Este verbo es maravilloso: anticipar”.

Otro aspecto fundamental es que los padres reconozcan que van a dejar de ser esposos, pero nunca van a dejar de ser padres. “El conflicto de pareja no puede convertirse en un conflicto parental”. Hay que separar los roles. “Todas las acciones de crianza, de fortalecimiento y de seguridad deben mantenerse iguales”.

No se debe usar al niño como intermediario de la comunicación o el conflicto entre los padres. “También es importantísimo evitar hablar mal del otro progenitor frente al niño. Recordemos que la mamá y el papá son figuras de apego y de construcción de seguridad. Cuando uno de los dos habla equivocadamente del otro, está lesionando el proceso de seguridad de los niños”.

Mantengan todas las rutinas que sean posibles: horarios, colegio, actividades, aunque no sea con los dos padres juntos. “Importante dentro de la política de saber que van a seguir siendo padres es buscar acuerdos básicos de crianza. Que donde el niño esté, logre desarrollar un vínculo de pertenencia, una relación con ambas partes”.

Todos estos temas se pueden trabajar en la terapia familiar, para llegar a acuerdos incluso antes de que se instauren los procesos legales.

¿Qué va a pasar conmigo? Las preguntas de los niños

El niño se beneficiará de saber que los adultos seguirán siendo sus padres, aunque hayan decidido separarse para resolver sus problemas. “No se puede dar un proceso de separación sin que los niños sepan por qué”, o se corre el riesgo de que se sientan culpables.

  • Dígales que el conflicto es entre los papás. “Es importante que sepan todos los cambios concretos que van a ocurrir, dónde vivirán, con quién estarán ¿Cuántas veces verán a los papás?
  • No necesitan escuchar detalles legales o conflictos. ‘Tu mamá me hizo esto, tu papá me mintió, tu papá me fue infiel’. “No necesitan escuchar juicios de valor: ‘Tu papá es un irresponsable, tu mamá es una egoísta’. Eso genera inseguridad”. Tampoco ningún tipo de información que los obligue a tomar partido”.

Un lenguaje adecuado sería: “Estamos pasando por un problema entre adultos, no tienes nada que ver con esto, vamos a seguir cuidándote y acompañándote y van a haber cambios, pero el amor que tenemos hacia ti nunca, porque seguiremos siendo tus padres”.

Dónde deben quedarse los niños: un sitio seguro

¿Cuál es el lugar ideal para que el niño permanezca mientras se resuelve el conflicto? Más que un sitio, Urquizo habla de un entorno que cumpla con tres condiciones: estabilidad, rutinas claras y seguridad emocional.

“Necesita de adultos acompañantes que no lo expongan al conflicto y que puedan contenerlo en su proceso de duelo; personas que lo conozcan para que puedan darse cuenta de los cambios o la presencia de síntomas”.

También necesita de adultos con neutralidad afectiva, que no le pidan tomar partido. Idealmente debería estar con los padres, con el que pueda ofrecerle regulación emocional. “No necesariamente el que tiene la razón”, señala la psicóloga, “sino el que tiene una mejor regulación de sus emociones”.

El dolor no se puede impedir, es normal. Sería extraño que no ocurriese. Por eso el equipo de soporte familiar es vital. (F)