Las imágenes del funeral de la reina Isabel II se transmitieron por televisión en todo el mundo. Un momento impactante fue la vigilia que realizaron sus nietos, el mayor de los cuales tiene 44 años. Pero también estuvo incluido uno de los descendientes más jóvenes, Jacobo, vizconde Severn, de 14 años.

Los pequeños bisnietos, sin embargo, llegaron también a la ceremonia. La princesa Carlota de Gales, la hija de 7 años de Guillermo y Catalina, fue vista llorando al llegar.

¿Cómo saber si el niño está preparado para asistir a un velorio o sepelio? Tres instituciones dedicadas al bienestar de los niños exponen sus puntos de vista. El Child Mind Institute dice que no hay una respuesta única. Los funerales son parte importante del proceso de duelo, porque son una despedida del ser querido y el camino a la aceptación.

Entonces, aconseja a los padres que decidan de acuerdo a la personalidad del niño. Si este se pone ansioso cuando deben esperar muchas horas, si se distrae fácilmente, tal vez el servicio funerario no sea el lugar adecuado para ellos. Y si en cambio, tienden a tomarse las cosas muy en serio, su niño podría sentirse agobiado por el ambiente o por las expresiones de dolor de los demás.

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Otra consideración ese el tipo de ceremonia, con ataúd abierto o cerrado (los niños pueden impresionarse). El tiempo previsto, tal vez puede ir con sus niños y estar una hora o dos, pero no quedarse a velar con ellos. Como regla general, dice el Instituto, “es mejor que los niños no se expongan a demostraciones de emoción excesivas”. Y si esto llega a ocurrir, usted deberá tener una buena conversación con ellos, explicándoles que es una situación temporal y que todos pronto se sentirán mejor, especialmente si quien está alterado es una de sus personas más cercanas, padres, abuelos o tíos.

Tengan una charla antes de salir. Explíqueles cómo será, ciertos símbolos básicos (la gente estará vestida con colores oscuros, en ciertos momentos se pedirá silencio, las flores no son para jugar, no tienen que acercarse a la caja si no quieren) y el comportamiento que usted espera de ellos. No es una reunión familiar para jugar o correr, pero ofrézcales salir un momento con ellos si quieren caminar o tomar aire.

Los niños no pueden permanecer por largas horas en un ambiente formal; coordine para que alguien pueda salir con ellos o los lleve de regreso a casa. Foto: Shutterstock

No se ofenda si su hijo parece indiferente en el sitio o si parece portarse mal a propósito. Los niños tienen diferentes reacciones ante la muerte y ante el dolor, explica Jamie M. Howard, psicóloga clínica del Centro de Trastornos de Ansiedad del Child Mind Institute.

¿Qué hago si mi niño tiene miedo a los velorios?

Si un niño tiene miedo de la idea de estar en un cementerio o en una sala de velaciones, no lo obligue a ir, dicen los doctores Elyse C. Salek y Kenneth R. Ginsburg, de la Academia Americana de Pediatría. Mejor, hagan su propio homenaje a la persona, compartiendo recuerdos agradables.

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Pero lo más importante, dice Paula K. Rauch, autora de Criando niños con salud emocional, es que los niños no sufran o haga su duelo solos. Es necesario enseñarles que el sufrimiento se maneja mejor cuando estamos juntos, y que deben compartir sus preocupaciones con la familia. Eso les servirá para todas las instancias de la vida, no solo el duelo.

Si su niño está muy sensible o llora, permítaselo y acompáñelo. La pérdida, dicen Salek y Ginsburg, será siempre parte de la vida, y en vez de bloquearla, es mejor enseñar a los niños a sobrellevarla de forma sana, hasta que se recuperen de ella.

El otro consejo es que usted se cuide a sí mismo y haga un duelo sano, para que su niño vea el ejemplo y para que usted esté en capacidad de ayudarlo más pronto. “Velar por sí mismo es uno de los actos más estratégicos de una buena crianza, porque garantiza que usted estará totalmente presente y con la capacidad de brindarle amor y dirección a su niño en el momento que lo necesita”.

Tal vez un momento más apropiado para que los niños puedan despedirse sea luego de la ceremonia, una visita al cementerio en familia. Foto: Shutterstock

Mientras que la psicóloga D’arcy Lyness, de la Fundación Nemours, considera que es bueno dejar que los niños participen en cualquier ritual de duelo, si ellos están de acuerdo y han recibido la información correcta.

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Esta puede ser también una ocasión en que la familia pueda hablar sobre sus creencias acerca de la muerte y, si así lo consideran, el más allá o la trascendencia. También sobre el sentido de los rituales que verán en el funeral o en la casa. Especialmente si, como aún ocurre en algunas comunidades, la velación se realiza en casa.

Además, si la pérdida es muy cercana para usted, puede ser que el dolor le impida hacerse cargo de las necesidades básicas de su hijo durante un tiempo. Entonces pida a una persona de su total confianza que le ayude a cuidar a sus hijos durante los trámites y la ceremonia. Elija a alguien con quien su hijo desee estar y en quien confíe, alguien que no tenga problemas con salir un momento del lugar si el niño lo desea.

¿Deberíamos dejar que los niños vean llorar a los adultos? No hay que tener miedo de esto, dice Lyness. “Si le permite a su hijo ver su dolor, le estará enseñando que llorar es una reacción natural ante el dolor emocional y la pérdida. Y puede hacer que los niños se sientan más cómodos cuando expresen sus propios sentimientos”. Pero también es importante que les transmita que en medio de toda la tristeza, siguen siendo una familia y un entorno seguro.

Si le parece que a su niño realmente le afectó esta pérdida (cuando se trata de un abuelo, un hermano o uno de los padres), esté atento a estas señales. El cambio radical de comportamiento. Un niño que era sociable pasa a estar airado, reservado o ansioso. O hay comentarios en la escuela sobre el desempeño.

En este caso, consulte con el psicólogo escolar, con el pediatra o con alguna organización que ofrezca orientación o atención psicólógica, y que le ayude a trabajar el dolor o frustración de su niño hasta llegar a la aceptación. (F)