De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, casi una de cada cinco personas en ese país vive con una enfermedad mental. Pero los síntomas no son reconocidos como tales y buscar un médico no es la primera cosa en la que la persona afectada piensa.

La doctora Luana Marques, psicóloga clínica del Hospital General de Massachusetts, está convencida de que todos deberíamos tener el conocimiento científico básico para poder manejar y superar desafíos de salud mental, y por eso ha enfocado su carrera en trabajar con profesionales que atienden esta área (trabajadores comunitarios, profesores, sacerdotes), para darles entrenamiento y conocimiento clínico en situaciones en las que hay pocos recursos, y en estos tiempos en que vivimos, dice ella, una crisis del acceso al cuidado.

La doctora Luana Marques dirige el Instituto Pride, desde el cual entrena a profesionales de salud mental para que trabajen con los grupos más vulnerables.

Marques dirige el Instituto de Entrenamiento Pride, un programa enfocado en dotar a las personas de habilidades, más que en darles terapia. Su gran objetivo es aumentar el acceso a la salud mental, y lo hace entrenando a profesionales que están en contacto con jóvenes y otras poblaciones vulnerables, para que puedan transmitirles habilidades cognitivo-conductuales. Pride corresponde a las siglas de Programa de Investigación en Implementación y Difusión de Tratamiento Basado en Evidencia, y el instituto ha creado alianzas con otras organizaciones para crear comunidades en EE. UU. y en otros países.

Una experiencia personal

Además de su trabajo en el hospital, la doctora Marques es profesora asociada de Psiquiatría en la Escuela Médica de Harvard y presidenta de la Asociación Americana de Ansiedad y Depresión (ADAA).

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Como explica en su web, ella creció en circunstancias difíciles en Brasil, y adquirió de su madre y abuela las habilidades para sortear situaciones estresantes. “Cuando me volví recelosa de estar en multitudes, mi abuela me llevó todos los días al mall a enfrentar mis miedos. Eventualmente, el choque de temor se convirtió en una mera chispa de incomodidad. Aprendí a enfrentar los desafíos al acercarme directamente”.

La doctora habla de los tres enfoques de la terapia cognitiva conductual (TCC), la herramienta que se utiliza en el programa Pride. Primero, cómo nos vemos a nosotros mismos, nuestros pensamientos. Cómo nos hace sentir esto (nuestras emociones). Y lo que hacemos a partir de eso (nuestra conducta).

La terapia cognitiva conductual es ciencia conducida por habilidades, afirma Marques. “Empodera a la gente para detener sus ciclos repetitivos. Les enseña a desacelerar el cerebro y ser capaces de ver el mundo de manera diferente, a pensar qué puedo hacer para cambiar mi vida, qué habilidades puedo usar para cambiar mis pensamientos y tener resultados diferentes”.

Resultado del trabajo de la experta es también el libro Casi ansiosos: ¿Es mi preocupación o agitación (o la de mi ser querido) un problema? (2013, disponible en Amazon). La ansiedad afecta a 40 millones de personas en los Estados Unidos. En el entorno laboral, el 56 % de las personas reporta que la ansiedad y el estrés afecta su desempeño y el 72 % de ellos afirma que esto se traslada a su vida personal.

“La ansiedad”, describe Marques, “es lo que sentimos en el cuerpo cuando pensamos que algo no está bien”. El corazón se acelera, empezamos a sudar, imaginamos el peor escenario… y nos ponemos aún más ansiosos. Es un síntoma que esconde un problema mayor.

El efecto de la terapia cognitiva conductual en la ansiedad

La terapia cognitiva conductual enseña a abordar en vez de evitar. “Imagine que tiene miedo de las alturas. Vaya a lugares altos. O si tiene miedo de hablar con extraños, la terapia le enseña cómo acercarse a ellos”. Se trata de atacar al verdadero enemigo, que no es la ansiedad, sino la evitación.

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¿Entonces cómo es posible sentirse ‘casi’ ansioso? La ansiedad es un espectro, explica la psicóloga. Va de estar relajado a necesitar atención de emergencias por no poder respirar. Estar casi ansioso es tener el nivel de angustia lo suficientemente alto para que afecte la vida diaria, pero no tanto como para ser incapacitante. Usted puede enfrentar las situaciones que le preocupan, al costo de sentirse mal.

Con la terapia cognitiva conductual, el cerebro se ejercita para no ver las cosas en blanco y negro, a entender que las percepciones no son hechos, y que las emociones son válidas, pero no siempre nos dan la imagen correcta de la realidad. Da herramientas para romper con los malos hábitos. Más que enseñar a manejar las emociones, enseña cómo experimentarlas.

Las emociones, dice la doctora Marques, son como olas de las que tendemos a huir. La terapia nos enseña a remontarlas, a ir hasta la cima y volver a la orilla.

El programa Pride toma la terapia cognitiva conductual y la hace accesible a todos. A Marques le encantaría trabajar con profesionales de Ecuador. “¿Cómo podemos lograr que cada persona a la que alcanzamos aprenda algo que ayude a su cerebro?”. Al momento los entrenamientos del Instituto Pride se realizan vía Zoom, y luego se supervisa a los participantes a medida que difunden esos conocimientos a jóvenes, adultos, organizaciones. “Lo que más me importa es trabajar con las poblaciones vulnerables”.

Los interesados en participar de las próximas capacitaciones del programa Pride, que empiezan en agosto, pueden escribir a la doctora Marques: drluana@drluana.com o llenar el formulario en el website https://drluana.com/contact. (F)