Los jóvenes que actualmente tienen entre 12 y 25 años de edad, a pesar de ser diferentes entre sí, comparten una característica particular: conforman una generación que desde la infancia ha estado expuesta al uso cotidiano de internet y medios digitales como fuente de entretenimiento, aprendizaje y vías para la comunicación.

“Han crecido viendo videos en las plataformas digitales, dando ‘me gusta’, grabándose de forma cada vez más creativa, enviando mensajes en las aplicaciones del teléfono celular, creando listas de música, jugando videojuegos, entre otras actividades en las que incluso las instituciones educativas intervienen”, explica la psicóloga clínica María Fernanda Man Ging sobre la vida digital de los más jóvenes.

Así, su comunidad no se limita a la interacción presencial con miembros de su escuela o familia, sino que se amplía al intercambio de opiniones que mantienen con sus contactos en línea, donde además encuentran un tipo de validación a través de los comentarios o número de seguidores. “Es posible que algunos jóvenes busquen aprobación externa en los medios digitales cuando no la reciben en su entorno más próximo, o cuando no se validan a sí mismos, o si necesitan un espacio para el desahogo o la contención emocional. Pero también es posible que se trate de una vocación relacionada con la comunicación. Cada motivación o conjunto de motivaciones son únicas para cada persona, y sería prejuicioso generalizar”, precisa la especialista.

“La vida digital es una dimensión que nos atraviesa a todos, de modo que, si aíslas a una persona de los medios digitales, la estás aislando de algunos aspectos de la sociedad".

Sin embargo, tal nivel de exposición en un medio digital también puede presentar ciertos riesgos. Por ejemplo, así como hay quienes validan, también están las personas que emiten comentarios con intenciones de hacer daño o que la persona no está preparada para recibir. “La exposición trae consigo que la imagen o parte de la imagen de quien se muestra esté bajo el dominio público y pueda ser utilizada de diferentes maneras, incluyendo la reinterpretación. Asimismo, la persona puede generar dependencia a la aprobación externa y forzarse a mantener un ritmo de trabajo o exposición poco saludable. Esto puede ser causa de malestar para quienes no reciben apoyo de sus seres queridos o atención psicológica”.

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¿Qué pueden hacer los padres? Informarse muy bien sobre cada plataforma o red social, sus dinámicas, temas legales. “Ser red de apoyo sin transformarse en explotador o en un impedimento para las actividades del hijo”, resalta Man Ging. “La vida digital es una dimensión que nos atraviesa a todos, de modo que, si aíslas a una persona de los medios digitales, la estás aislando de algunos aspectos de la sociedad. Sin embargo, sí es cierto que la introducción muy temprana y prolongada nos afecta a niveles físicos, psicológicos y sociales”.

¿Qué significa ser un ‘influencer’ y qué buscan las marcas en ellos?

Para quienes estén determinados en construir una imagen en redes sociales y llegar a monetizarla, el trabajo abarca mucho más que solo subir fotos o asistir gratis a ciertos eventos.

Carla Gordon, especialista en marketing de influencia y directora de la agencia de relaciones públicas One to One, define a un influencer digital como alguien que goza de una buena reputación entre sus seguidores y que se ha ganado su credibilidad llegando a convertirla en algo rentable ya sea a través de canje de productos, reconocimiento social o a través también de reconocimiento monetario.

Más que una foto linda. El 'influencer' debe gozar de credibilidad frente a sus seguidores.

¿Qué perfil debe cubrir un influencer para que las marcas comiencen a fijarse en él o ella? Tener una reputación, crear contenido relevante y estar al frente de una comunidad real (sin seguidores comprados). “Las marcas esperan que la comunidad de ese influencer funcione y que se tome esto como un trabajo, no como un favor o solo tomarse una foto linda”, subraya. “Mientras tú te mantengas en esa dinámica básica, no habrá resultados ni para ti ni para la marca. Entonces se buscan influencers que sean generadores de contenido, que trabajen y que me sirvan para recomendar mi marca. Se aspira a que el influencer ponga una marca en la palestra pública de una manera positiva”.

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Conocer las tendencias y el funcionamiento del algoritmo es esencial para que el contenido tenga el alcance deseado por la marca.

La estratega en comunicación resalta además que se debe entender que la influencia equivale a tener una gran responsabilidad. “Sin importar la edad que tengas, si quieres ser influencer, hay que saber que no podemos tener una plataforma masiva o una comunidad activa sin saber que todo lo que digamos tiene responsabilidad sobre esas personas”, señala. Y, siguiendo con ese nivel de compromiso, hay que estudiar y leer sobre el funcionamiento del algoritmo y estar al día con las tendencias en redes sociales, para finalmente escoger el nicho y la especialidad sobre la que girará el contenido de tu red social. “Si salimos a hablar de todo, la gente ya no nos cree. Pero un influencer logra diferenciarse del resto por dos motivos: porque sabe qué quiere su comunidad y porque genera contenido producido y trabajado para esa comunidad. Ese es el momento en que el influencer se empieza a despegar de toda su competencia”.

Asimismo advierte sobre el riesgo de convertirse en un “influencer de humo”, es decir, alguien que aparece rápidamente en redes sociales con seguidores falsos y que luego, cuando no cumple las expectativas de las marcas o campañas de marketing, desaparece. Este y otros problemas, dice Gordon, se solucionarán si se trabaja por profesionalizar el marketing de influencia en el país, así como en educar a clientes y a usuarios digitales sobre los beneficios que puede traer esta estrategia si se la trabaja con responsabilidad.