Aunque las definiciones del ciberacoso varían, generalmente se caracteriza como el uso de un dispositivo electrónico para actos agresivos, repetidos e intencionales contra otra persona o grupo de personas.

Burlas, amenazas, uso de fotos sin permiso, envío de archivos corruptos… Tienen en común la crueldad. Pueden tomar diferentes formatos. Peleas en línea con lenguaje violento. Persecución. Envío repetido de mensajes insultantes. Denigración. Esparcir rumores o información personal para dañar la reputación o las relaciones de alguien. Usar la identidad de otro para publicar material que perjudique a esa persona. Revelar la orientación sexual de alguien para dañarlo.

¿En qué difiere del bullying tradicional? En que no requiere señales físicas o sociales. El acosador y el acosado podrían no tener contacto personal nunca, y el daño de todas formas está hecho.

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Investigadores de la Asociación Americana de Psicología (APA) argumentan que los desbalances de poder que existen en la presencialidad se reducen en el ciberespacio. Y no es algo exclusivo de los adolescentes (aunque es una edad vulnerable), sino que también ocurre entre niños y adultos.

El porqué del acoso: buscando aceptación por cualquier vía

Lo que hay en esa interacción violenta entre las personas también compete al psicoanálisis, dice el terapeuta Carlos Silva Koppel. La violencia y la hostilidad hacia cualquier persona en redes sociales responden a los siguientes elementos:

Un terapeuta puede ayudar a la persona a gestionar sus actitudes de agresión. Foto: Shutterstock
  • La violencia no sería innata en el ser humano, pero sí es constitutiva de la psiquis por la carga o recorrido histórico y la vida cotidiana. “Estos producen desavenencias y también un sujeto melancólico y, a la vez, agresivo”.
  • El sujeto hostil y melancólico encuentra un blanco fácil: un famoso o candidato sorprendido en falta según la tendencia de moda (moral principalmente), “para descargar y dejar un posicionamiento que será avalado por las masas a través de retuits, shares o likes”.
  • Las redes sociales facilitan la interacción directa, indistintamente de género, raza, grupo etario o clase social; no hay barreras en la comunicación entre los seres humanos, tal como se da en la vida fuera de redes.
  • En un proceso de psicoanálisis tampoco hay esas barreras, precisamente para que la hostilidad pueda salir con facilidad, encontrando como blanco al terapeuta, que está preparado para gestionar los temas fundamentales que a esa persona le acontecen.

¿Qué gana alguien que agrede a otro en redes sociales? Silva dice que, en apariencia, le da un motivo “lo suficientemente válido y aceptado en la sociedad digital, un estatus ilusorio de reconocimiento, de paz y completud, que es bastante volátil”, por lo cual regresará a seguir escrachando, criticando o quemando a esa misma persona o alguien más, “sin que importen la verdad, la razón o los escrúpulos”.

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Lo que sucede es que la vida fuera de redes no tiene ese nivel de reconocimiento. Denigrar a un famoso con un millón de seguidores por cómo se ve “me acerca más a la fama que decirle algo empático o agradable. Ya que el agravio mueve más que el elogio”.

Lo que pasa en las redes sociales, considera el psicoanalista, nos afecta tanto en la realidad porque nuestra mente, constituida por el lenguaje, “es virtual, no es material”. Así, un mal momento en las redes puede hacernos sentir mal físicamente, causar revueltas sociales… “o poner presidentes”, dice Silva, recordando la película Hater (Netflix), en la que un joven cree alcanzar el éxito al dedicarse al desprestigio en las redes sociales, hasta que ve el resultado de sus acciones.

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La red social puede darnos la ilusión de que estamos solos, escribiéndole a un lugar, cuando en realidad es a otra persona, en quien se descargará todo lo que tenemos. ¿Falta trabajo en nuestra propia subjetividad o deseo de causar el mal? Cualquiera de las dos cosas es posible.

Del otro lado sigue estando un receptor que recibe un mensaje mal escrito. “El malentendido es mayor y hasta trágico en cuanto a las relaciones entre los seres humanos, por lo que esto le puede causar a otro”.

El verdadero sentido de la tolerancia

El ciberacoso tiene algunas áreas, dice la psicóloga Mónica Llanos. Los comentarios, invitaciones, bromas o ‘elogios’ con connotaciones sexuales; el robo de identidad con propósitos de perjuicio o de estafa; la violencia por diferencias políticas, culturales, deportivas...

En estos espacios suele invocarse la tolerancia, pero Llanos considera que “se ha malentendido el término ‘tolerancia’ por aceptación total. Si doy una opinión diferente, soy intolerante. La tolerancia, en realidad, tiene que ver con el respeto a la otra persona, aunque no esté de acuerdo con lo que dice o hace, y es, además, una cuestión de doble vía”.

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Esta posibilidad de ser juzgado intolerante hace que las personas se autocensuren o se abstengan de opinar, porque miden por anticipado cuánto ataque van a recibir. “En un debate adulto, que no es una pelea, hay un nivel de madurez en el que cada uno expone su postura, pero eso no se ve en las redes sociales”. Lo que existe es la acusación y el mal uso de información personal para ofender al contrario.

Llanos, quien también es docente, ha visto a una estudiante expuesta por su expareja, quien obtuvo fotos privadas de ella y las publicó en las redes sociales. “Le hizo mucho daño, en un tiempo en que esto no estaba tipificado como delito”. Otra alumna sufrió el robo de sus fotos, que fueron a parar a un sitio del tipo “solo para fans”. También es frecuente la duplicación de cuentas de Instagram, por ejemplo, con el fin de dañar la imagen de alguien.

Se recomienda poner límites en el uso de los dispositivos electrónicos y reducir el estímulo de las notificaciones de sonido, que pueden causar inquietud y estrés, y elegir el modo vibración. Foto: Shutterstock

“Estar detrás de una pantalla, sin tener al otro cara a cara, le da al agresor cierto sentido de seguridad, de que no habrá retaliación. Los comentarios a favor de estas publicaciones le dan una sensación de poder. Su supuesto anonimato le hace creer que las consecuencias son muy lejanas. “Ese ímpetu”, observa Llanos, “decae en cuanto la comunicación vuelve a ser uno a uno, presencial”.

Trabajando en una autoestima sana

En los últimos dos años, durante la pandemia, la comunicación pasó a estar mayoritariamente mediada por la tecnología, dejando a muchos sin las opciones del trabajo y la educación presencial, comparte la psicóloga María Luisa Tapia. “Lo que ya existía se abrió; la gente pasa horas conectada y comparte todo tipo de información” en un medio en el que cada día se crean nuevos prototipos de belleza y bienestar.

En este escenario tiene mucha importancia la salud de la autoestima. La terapeuta ofrece algunas recomendaciones para conservarla y alimentarla.

¿Cómo se reconoce una autoestima sana? “Cuando somos conscientes y felices con lo que somos y tenemos”, dice la psicóloga. “Y si algo no nos agrada, nos ponemos metas y trabajamos en cambiarlo”. Una persona con buena autoestima cree que puede lograr lo que se propone.

¿Desea entrar en contacto con su autoestima? Tapia considera que mirarse al espejo, a solas, es uno de los momentos más íntimos del ser humano, pues favorece la introspección y la motivación para lo que estemos viviendo. “Mirarnos a los ojos es un ejercicio muy bueno, es el like diario que nos damos a nosotros mismos”.

En cambio, una de las cosas que más lastiman este aspecto es la negación, “no vas a poder”. Y así volvemos al primer punto. Una autoestima frágil, afectada por la negación, busca aceptación, y un lugar donde parece estar disponible es en las redes sociales, en la forma de likes a sus fotos y contenidos. “Cuando no obtienen esa aprobación, lo sienten como un golpe bajo”.

Esto es notorio cuando un joven no tiene palabras de afirmación en casa. “Todo ser humano requiere alimentación del ego; los padres tenemos la misión de educarnos para enviar mensajes de aceptación a nuestros hijos. Podemos estar ocupados, pero si nuestro hijo hace algo bien, palabras tan sencillas como ‘te felicito, lo hiciste bien’ son importantes”.

Uno de los grandes conflictos entre padres e hijos adolescentes, comparte Tapia, es que estos se resienten por la crítica y por la falta de afirmación. “Como adultos, no aprendimos a darla, y pensamos que no es importante. Debemos reeducarnos”. (F)