Los niños en edad preescolar no tienen aún autocontrol sobre el enojo, y pueden reaccionar gritando, golpeando o mordiendo. Antes que castigar, hay algunas cosas que puede hacer para modelar la conducta de su hijo.

Primero, el niño no puede portarse bien si no conoce las reglas de la casa. Es decir, si usted no se las enseña. Esta es una de las responsabilidades de los padres. Antes de que surjan las malas conductas, deben señalar cuáles son las correctas.

Es habitual que los niños pequeños estén interesados en tocar y explorar, indica la Academia Americana de Pediatría (AAP). Si hay cosas valiosas que usted no quiere que toquen, quítelas de la vista. Que el niño tenga su espacio en la casa donde pueda jugar, y que sepa los lugares donde no puede hacerlo. Cuando el niño no obedezca una regla importante, llámele la atención enseguida y repítale las reglas, cómo debió actuar.

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No use amenazas. Siempre es mejor reforzar lo que usted quiere del niño, en vez de decirle solamente lo que no quiere que haga o lo que les hará si le desobedecen. Por ejemplo: “La próxima vez que te enojes, tienes que usar tus palabras”.

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Puede usar la distracción. No lo soborne, simplemente llévelo a otro sitio, cambie el tema o cambie la situación (no le ofrezca dulces).

No le pida que se controle, porque él aún no puede. Pídale que no patee, que no golpee y que no muerda, instrucciones claras y sencillas. “Dime con palabras cómo te sientes”.

Enséñele a que no lastime a nadie. Ni siquiera permita que se lo haga a usted. Observe con atención cuando su hijo esté discutiendo con otros niños. Si el conflicto es leve, mantenga su distancia y permita que lo resuelvan solos. Intervenga apenas haya una pelea física, dígales que se detengan, y si no lo hacen, sepárelos y manténgalos así hasta que se tranquilicen. Si la pelea es demasiado violenta, cancele el juego. No importa quién empezó. Golpear no tiene excusas.

Dé alternativas. Enseñe a su hijo a decir “no” en un tono de voz firme, a dar la espalda o a buscar llegar a un acuerdo en vez de pelear físicamente. Así aprenderá a resolver las discrepancias con palabras, de manera más eficaz y civilizada, en vez de usar la violencia física.

Felicite cuando la conducta del niño responde a lo que usted le ha estado inculcando. Explíquele que para usted eso significa que él o ella están haciéndose grandes, amables y gentiles con los demás.

Un tiempo fuera está bien. Si el niño realmente no puede controlar su ira, puede hacerlo tomar una pausa, a solas. Esto, dice la AAP, puede hacerse a partir de que el niño cumple el primer año y se mantiene en pie solo.

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Incentive a los niños a que expresen sus emociones con palabras, no con agresiones. Foto: Shutterstock

Controle su propio carácter, especialmente cuando esté cerca de su hijo. Si usted expresa su enojo con tranquilidad y discreción, es probable que su hijo siga su ejemplo. Aunque él grite, usted mantenga la calma y hable, no golpee.

Use la disciplina y manténgase firme, sin llorar o gritar por haber tenido que castigarlo. Si su hijo ve que usted tiene sentimientos encontrados, sentirá que él está bien y que usted es el “malo”. La disciplina es parte necesaria de la crianza y no hay por qué sentirse culpable. Ayuda a que los niños entiendan que se equivocaron, que son responsables de sus actos y que todo tiene consecuencias.

No confunda disciplina con castigo. No son lo mismo. La disciplina es una manera de enseñar y de mejorar su relación con el niño. Los padres que aplican disciplina saben elogiar a su hijo y dar instrucciones con tono firme. Apuntan a crear una buena conducta.

El castigo es la consecuencia desagradable de hacer algo indebido, y es tan solo una pequeña parte de la disciplina. Hasta los tres años de edad, aproximadamente, los niños no entienden el concepto de castigo. Es mejor poner límites claros, tranquilos y firmes.

El tiempo fuera, para niños y adultos

Adviértale al niño primero, “si no dejas de llorar, tendrás que hacer una pausa obligada”. Dígale cuál fue el mal comportamiento (por ejemplo, “no debes golpear’).

Ponga al niño en un lugar tranquilo (silencioso), como la esquina de una habitación, no en su habitación o salón de juegos. Use un cronómetro para medir el tiempo, 1 minuto por cada año de edad. Dos años, dos minutos. Tres años, tres minutos.

Si el niño abandona el lugar donde lo puso para la pausa obligada, haga que regrese al mismo lugar. Ignore el berrinche, a menos que se haga daño a sí mismo. Comience de nuevo el cronómetro. Hay que cumplir con el tiempo.

Después de la edad preescolar, los niños tienen un poco más de control. Puede decirles que se tomen una pausa y regresen cuando estén listos para hablar, en vez de contar los minutos. Esto le dará al niño una herramienta para manejar su propio comportamiento, incluso cuando sea un adolescente. (F)