Cuando somos niños y adolescentes, la amistad surge de forma espontánea. Basta compartir un juego, una golosina o afición. Pero cuando la adultez nos alcanza, las oportunidades para socializar parecen reducirse. Por eso, mientras más mayores nos hacemos, más difícil sentimos que nos resulta hacer amigos nuevos.
Para el psicólogo Gino Escobar, construir redes sociales de apoyo firmes está relacionado con el nivel de desarrollo emocional de cada uno. “Muchos fuimos criados con miedo; entonces, se desarrollaron niveles de desconfianza en consolidar vínculos”, opina.
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A los niños se les hace muy fácil construir vínculos, porque tienen su amor todavía intacto y no han hecho mal uso de su gestión emocional. “Con el transcurso del tiempo vamos aprendiendo a poner distancias, por traumas no superados. Eso hace que nos cueste mucho, porque la otra persona representa alguno de nuestros problemas no resueltos”.
Una condición sana de la humanidad es crear vínculos. Así uno puede proyectar y expresar emociones placenteras, como el amor o la felicidad. “De ahí que la amistad sea uno de los vínculos más puros y más fuertes que existen”, ilustra el especialista.
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De hecho, a veces ni con nuestros familiares llegamos a generar niveles de confianza como con nuestros amigos, cuando estos vínculos se sienten más seguros y sanos. Por eso, muchas personas llaman a sus amigos su “familia por elección”.
Claves de la amistad
La amistad se cosecha con actitudes adecuadas y conscientes, como la empatía: permitir sentirme y sentir lo que siente el otro, reconociéndolo y aceptándolo. “Eso implica que el otro no viene a satisfacer mis necesidades ni mis caprichos y que los amigos no están para solapar, alcahuetear o consentir majaderías, sino más bien para poder compartir esta vida”, aclara Escobar.
“Los vínculos de amistad se consolidan cuando decidimos aceptar las espinas y presentarlas de entrada a las personas e invitar al otro a reconocernos, sin esconder y mostrar esa parte que es ser nosotros mismos. Regularmente eso afianza vínculos en sociedades en las que probablemente el miedo había ganado espacio”.
Otra actitud válida es la honestidad. La amistad pasa por ser claros y directos, muy honestos en decirles a nuestros amigos lo que sentimos, lo que pensamos, sin el ánimo de dañarlos y con mucho amor.
“Muchas veces hacemos y decimos cosas que no tienen la intención de ofender, pero sí expresan una emoción. Y si nuestros amigos, parientes, conocidos o personas que giran a nuestro alrededor no están bien ubicados emocionalmente, pueden tomárselo a título personal”, señala el experto. Debe sentirse seguro de preguntarle al otro si lo que está diciendo es con la intención de herir o dañar.
Para los especialistas de la Clínica Mayo, se puede hacer nuevos amigos, y fomentar las amistades que ya tiene, asistiendo a eventos de su comunidad, en voluntariados, haciendo y aceptando invitaciones, a través de nuevos intereses, uniéndose a una comunidad religiosa o con el simple acto de salir a pasear. “Sea amable, preste buen oído, hable sobre usted, demuestre que se puede confiar en usted y haga un esfuerzo (en pasar tiempo juntos y mantener el contacto)”, puntualizan.
Epidemia de la soledad
Una vez que el mundo se estabilizó tras la pandemia del COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) halló otro “problema de salud pública”: la soledad. Le llama “epidemia” para demostrar que la salud social necesita igual atención que el bienestar físico y mental.
La mejor dosis de salud emocional es la amistad, basada en el amor propio: yo soy el amor de mi vida y lo comparto con las personas que yo quiero.
Gino Escobar, psicólogo clínico
“Una de cada seis personas a escala mundial afirma sentirse sola. Entre los adolescentes y los adultos jóvenes la tasa es aún mayor”, resaltó en el 2025 el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, alertando sobre los efectos devastadores de la desconexión social: riesgo de cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, depresión, ansiedad, demencia y muerte prematura. También afecta al rendimiento escolar y laboral.
Entre las estrategias que propone la OMS está la activación de políticas nacionales que integren la conexión social en los programas de salud, educación y trabajo. Y, especialmente, crear un movimiento mundial para reducir la estigmatización.
Aquellos que por miedo no construyen vínculos, para no sufrir la muerte del ser querido o porque de pronto en el pasado los amigos y familias lo traicionaron, conjugan la soledad física con la soledad personal existencial, comenta Escobar.
“Si nosotros no reconocemos que somos el amor de nuestra vida, probablemente aún estando rodeados de personas vamos a sentirnos solos… Hay que resignificar la forma de mirar la existencia propia, recordándonos que no necesitamos de otros para ser felices, pero sí es agradable compartir al amor de nuestra vida (nosotros) con amigos, con conocidos, con más gente. No nos desgasta”. (F)