Las noches antes de los exámenes suelen estar colmadas de apuntes, marcadores y, en muchos casos, de una mezcla de nerviosismo, cansancio y frustración. Muchos padres experimentan la presión de que sus hijos “alcancen su máximo potencial”, mientras los niños enfrentan el temor de fallar o no cumplir con las expectativas. Pero ¿y si aprender de manera más efectiva no dependiera de estudiar durante más tiempo?